Agustín Marco.- 05/02/2011
La Caixa es al todavía existente mundo de las cajas lo que Santander al de la banca. Es decir, la entidad que siempre va por delante de su más inmediato competidor –Caja Madrid y BBVA, respectivamente-, la que ve venir los problemas y sus soluciones con la antelación suficiente para ir siempre por delante en el marcador de estos derbis financieros en los que se dilucida quién es el primero y, a la vez, el mejor.
El anuncio de su bancarización es una demostración más de cómo anticiparse a, quizás, la situación más grave de la economía española en muchas décadas. Un paso que supone la transformación de una entidad nacida hace 107 años para, curiosamente, garantizar las pensiones de la clase alta del momento.
Una decisión liderada por Isidro Fainé y Juan María Nin, presidente y director general, pero diseñada y ejecutada por personas ajenas al establishment catalán, por unos banqueros no criados en la cuna de La Caixa. Porque los verdaderos autores de la obra maestra contable son ejecutivos procedentes de Morgan Stanley. Digo procedentes porque algunos ya no están en el hábil banco de inversión americano, que ha participado como asesor externo del invento. El principal ha sido Gonzalo Gortázar (45 años), consejero director general de Criteria, un excelente profesional que se incorporó al MundoCaixa en la primavera de 2009, con el gran objetivo de preparar al transatlántico catalán para el nuevo escenario europeo del Siglo XXI.
Lo hizo después de ser el máximo responsable del sector de instituciones financieras de Morgan Stanley para el Viejo Continente. Por tanto, un gran conocedor de lo que pensaban en la City londinense sobre los bancos y cajas españoles. Para desarrollar el experimento se apoyó en una pequeña boutique de asesoramiento en fusiones y adquisiciones, desconocidas para el público en general, de nombre AZ Capital, Una firma con siete años de vida dirigida por Jorge Lucaya, ex consejero delegado de Morgan Stanley, compañero de Cortázar durante muchos años, y que se llevó a cinco ejecutivos del banco americano para montar un elitista investment bank que trabaja con la mayoría de las grandes fortunas catalanas.
Ambos, Gortázar y Lucaya, se pusieron mano a mano a pensar cómo encajar las piezas de una herencia con grandes activos –la caja de toda la vida más unas inversiones industriales y financieras acertadas- y unos pasivos en forma de un saco de ladrillos de dudoso valor. Porque lo que necesitaba La Caixa, cuya sede central es conocida como las Torres Negras, no era el cajero de toda la vida, ese que se encargaba de captar dinero con poco interés para luego prestarlo a un tipo más alto.
Lo que le urgía, como al resto del sector, era y es personas con imaginación, expertos en contabilidad financiera, capaces de esquivar la cada más exigente regulación bancaria con una limpieza exquisita, para no dejar huella de los desmanes cometidos por el equipo de riesgos, que dieron préstamos corporativos a iluminados de la época, como los dirigentes de Colonial y Metrovacesa.
Y en ese escenario, Gortázar, un hombre llamado a ocupar un puesto más que relevante en el décimo banco de Europa, se mueve como Messi en la zona de tres cuartos o como Tommy Lee Jones y Will Smith en Men in Black esa película de ciencia ficción nominada a los Oscar. Porque lo que ha hecho la caja es una obra de orfebrería, cercana a la ciencia matemática y con algo de ficción, ya que restan por saber varias cosas. Por ejemplo, quién regulará ese banco malo donde se han escondido las patatas calientes del ladrillo, así como el holding que agrupa a las inversiones en Gas Natural, Abertis y compañía, y cómo afectaría en caso de sustos futuros a La Caixa y a su nuevo banco esas divisiones del holding.
Cuando tuvieron el puzzle casi completado, Gortázar y Lucaya llamaron a sus ex jefes de Morgan Stanley, Joaquín Arenas y Luis Isasi -otros dos artistas discretos de este negocio- para rubricar con su enseña amerciana el nacimiento del tercer banco de España. Un sellado necesario, como el de Deloitte y Uría y Menéndez, para que la ecuación tuviera el reconocimiento internacional necesario. Un deal de éxito, muy bien vendido a los medios de dentro y de fuera de España, edulcorado con el toque político -Fainé- imprescindible en estas ocasiones.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
3 COMENTARIOS
3 .- #1 Por lo que comentas parece que en La Caixa utilizan el mismo Head Hunter que en BBVA, o al menos consiguen los mismos resultados fichando: unos bluffs de mucho cuidado.
2 .- Fin.
"Cortazar y Lucaya" han patrocinado esta noticia.
1 .- Vaya artículo que nos has regalado Agustín. Sí que has hecho bien los deberes y has preguntado quién es quién en la Caixa.
Que me digas que Gortázar es el artífice de la remodelación de la Caixa, cuando a su querida Criteria le quitan cuantas participaciones de valor tiene [TEF, Repsol, y las todavía en pérdidas inviersiones en el exterior: Europa de Este, HK, México], me demuestra que o no sabes de lo que hablas, o escribes al dictado, o ambas cosas.
El tal Gortázar, como todos los fichajes que se han traído de fuera, ha sido un bluff de cuidado. Un vendedor de humo, como todos los Morgan Stanley y asimilados.
La Caixa tiene profesionales de la casa de primera categoría. Esos son los que han hecho de esa entidad la casi única excepción en el desolador sector de las cajas españolas, no los guitarreros de los bancos de inversión.
Mi enhorabuena al Confidencial por este ejemplo de buen hacer en el periodismo de investigación del mundo mundial.