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OPINIÓN

De ‘las cosas de Jesús’ al ‘¿por qué no te callas?’

Carlos Fonseca.-  15/11/2010

Es fácil pasar de héroe a villano. Basta que no logres el objetivo que te habían o te habían marcado para que quienes te creían irreemplazable te consideren perfectamente prescindible. Es lo que le sucede a Jesús Eguiguren, presidente de los socialistas vascos, que de principal impulsor del proceso de paz de 2006 ha pasado a ser un estorbo.

Representante del minoritario sector guipuzcoano del partido, el pacto con Patxi López en 2001 para desbancar a Nicolás Redondo de la secretaría general le aupó hasta la honorífica presidencia del PSE y situó a López al frente del partido. L´enfant terrible, el outsider de la política vasca dejó de ser una anécdota para convertirse en una referencia. Ganó poder e influencia.

Ya entonces la paz era su objetivo político prioritario, un empeño que ha situado siempre por encima de lo políticamente correcto y del pragmatismo de las urnas. Sus propuestas han sido durante años “reflexiones personales”, retórica para el debate, que su insistencia y los acontecimientos han convertido en apuestas con voluntad de ser puestas en práctica. Ya no son solo "las cosas de Jesús", como decían muchos de sus compañeros, unos desde el respeto y otros desde el desprecio.

Cuando RodríguezZapatero venció en las elecciones de 2004, el líder del PSE llevaba cuatro años entrevistándose con Arnaldo Otegi en busca de un arreglo que pusiera fin a la violencia. El presidente autorizó los contactos cuando le informaron de los avances logrados, y Eguiguren puso en marcha el proceso de paz, que estuvo a punto de poner el punto y final a ETA de no ser porque la banda desautorizó el acuerdo que ambos y Josu Jon Imaz, entonces presidente del PNV, habían alcanzado en el santuario de Loiola en octubre de 2006.

El Gobierno, y aquí hay que citar por fuerza a Rubalcaba, no quiere que Jesús Eguiguren intervenga en esta fase terminal de ETA en la que hemos recuperado la esperanza de la paz definitiva

La utilización partidista de aquellos contactos por parte del PP, pese a que habían sido autorizados por el Congreso, puso al Gobierno en un aprieto y el díscolo Eguiguren tuvo que acatar la nueva posición oficial: firmeza sin concesiones. Desde entonces ha sido un militante disciplinado que ha aguantado con estoicismo los desplantes de la dirección de su partido en Madrid y del propio Ejecutivo. Uno y otro le consideran amortizado para la etapa que vivimos, y les irrita tanto lo que dice que le han ordenado que se calle con indisimulado enojo.

Eguiguren es un político diferente y una persona compleja. Esa es la impresión que tengo de mi trato con él. Es diferente porque no ambiciona más poder del que tiene, ni aspira a desembarcar en la política nacional para hacer carrera, y eso le da libertad para decir lo que piensa sin importarle si resulta o no conveniente.

Es complejo, y bajo esta definición caben adjetivos como distante, frío, confiadoo enigmático, porque ha convertido el fin de la violencia en una obsesión personal, más allá del objetivo que todos deseamos, y el empeño sin límite distorsiona la realidad y puede convertirnos en iluminados de lo que tanto deseamos y solo nosotros creemos ser capaces de lograr.

Llevo meses escuchando todo tipo de descalificaciones sobre su persona, todas bajo un denominador común: Jesús no está bien de salud y por eso dice lo que dice. La entrevista que concedió días atrás a La Sexta, en la que predijo el fin de ETA estas mismas Navidades, fue la gota que colmó el vaso de quienes le han situado en su punto de mira. Su comparecencia el pasado viernes como testigo de la defensa de Arnaldo Otegi, durante años su interlocutor en la izquierda abertzale, era esperada con una expectación que no resultó correspondida y una preocupación que no estaba justificada.

El presidente del tribunal no admitió ninguna de las preguntas de la abogada de Otegi sobre los contactos que ambos mantuvieron durante años. Si le hubiese permitido contestar, no tengo dudas de que habría dicho la verdad; de que el PP habría enarbolado la bandera de la negociación y la traición a las víctimas del terrorismo para dar la puntilla al Gobierno; y de que muchos en el PSOE habrían convenido en la necesidad de quitarle definitivamente de en medio. No pudo explicarse, y su silencio ha dado paso a una discreta reivindicación de su persona desde el partido que parece más impostada que sincera.

El Gobierno, y aquí hay que citar por fuerza a Alfredo Pérez Rubalcaba, no quiere que Jesús Eguiguren intervenga en esta fase terminal de ETA en la que hemos recuperado la esperanza de la paz definitiva. Desaprovechar sus conocimientos y la experiencia que ha acumulado durante años me parece un error y una injusticia. Tal vez sea porque quienes llevan ahora el timón del proceso saben que el fin de la banda terrorista no supondrá la resolución del denominado conflicto político vasco, y que para resolver éste Jesús Eguiguren tiene propuestas que no son las politicamente correctas.

Hasta el próximo lunes.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 8 COMENTARIOS

8 .- Este Fonseca......'resolución del conflicto político vasco....', el maridaje entre política y periodismo produce nauseas y la lectura del panfletillo de este plumilla servil deja una sensación parecida a la que se siente cuando se pisa cierto residuo orgánico que dejan los animales en las calles....

Así nos va, así nos irá.

Saludos cordiales a todos los foreros.

Peli

15/11/2010, 17:32 h.

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7 .- Eguiguren será un político diferente y tendrá una personalidad compleja. Pero eso es una maniobra de distracción.
Eguiguren ha incumplido la Ley?, por que no se le juzga por ello?, de qué lado está este Sr.?.

Alguien apuntará, es que es socialista vasco. Acabaramos, ya se entiende todo: es socialista y es vasco....la Ley no va con él.

kj26

15/11/2010, 17:30 h.

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6 .- #4 El problema amigo Palanka, es el paìs entero està lleno de "tontos ùtiles" que nos estàn, de una o otra forma, fastidiando la vida."A esos los llamo yo[con perdòn] progres.de-los-cojones,porque no son capaces de aceptar que, cuando mandan las circunstancias,al toro hay que cojerlo por los cuernos y no a hacer de abogados del diablo."
"Aùn aquì en el comentario #3, tenemos la prueba del rechazo a mandar un cuerpo de seguridad [llàmese legiòn o periquito el de los palotes] a acabar con los malnacidos que han asesinado a màs de 1000 personas inocentes sea una buena idea."Supongo que la cifra estarà fijada con mas ceros"
"Pues nada, sigamos con màs Eringures,Arzallus,Otegui y demàs "hombres de paz"unos años màs para completar el nùmero adecuado de muertos y extorsionados"

cubillo1940

15/11/2010, 13:27 h.

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5 .- Sin duda, el camino más corto hacia la paz es la rendición: si claudicamos ante el fascismo vasco, mal llamado izquierda abertzale, podemos tener la paz mañana mismo. La ETA quiere la paz sinceramente, pero la suya es la paz del cementerio.

El conflicto vasco no es un problema de falta de diálogo. Los matones tienen al alcance de la mano todas las posiblidades de diálogo en las urnas, el parlamento, los medios de comunicación, el debate intelectual, etc y no los emplean en absoluto, porque lo que quieren es imponerse y sin la fuerza no son nada.

El estado ha hecho todas las concesiones posibles para contentar a la bestia insaciable, todo en vano. El régimen de autogobierno vasco es, más que generoso, abiertamente privilegiado. En ningún país federal se consentirían cosas como el privilegio del concierto o la persecución de la lengua y los símbolos comunes, por poner dos ejemplos.

La vía Eguiguren es algo así como el fin justifica los medios. Pero el caso es que le han fallado ambos: el medio de la negociación política es la negación de la democracia y el fin es la paz solo en el sentido de rendición. Y aun entrando en este juego el proceso de paz no consiguió nada.

oveco

15/11/2010, 13:21 h.

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4 .- #3

"Hay una cuestión que me da pena" y es la cantidad de "tontos útiles" del nacionalismo vasco que hay en España, segun la definición del término contenida en mi comentario #1, y en la que éste, como Eguiguren y Fonseca, encaja a la perfección.

Puestos a clasificar a los tontos utiles del nacionalismo, podemos encontrar dos tipos: el tonto util que no vive en el País Vasco y desconoce la faz fanática, totalitaria, que llega al crimen y al asesinato, de los nacionalistas, que por tanto es más disculpable.

Y el socialista que vive en el País Vasco y pese a ello son tontos utiles del nacionalismo, por ejemplo Eguiguren, Zabaleta, Elorza ..., y lo son porque sufren el síndrome de Estocolmo al máximo, se han rendido a sus verdugos.

Afortunadamente no todos los socialistas vascos son así, de lo contrario Patxi López y el PSE-PSOE no habrían firmado un pacto de gobierno con el PP para echar al PNV del poder. Ese pacto es una rebelión de las víctimas frente a sus verdugos. Ese pacto está hecho contra los tontos útiles del nacionalismo y a pesar de ellos.

PALANKA

15/11/2010, 12:27 h.

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