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Viernes, 14 de agosto de 2009

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(Lo) Cuento en el AVE

Verano Agosto Vacaciones AVE

@Agustín Rivera. - 13/08/2009

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La playa fresquita. Tinto y arena. El sol de medianoche en una mañana de agosto. Todo un plan de vacaciones las de aquel verano de 2009. El último de la década. En Atocha la familia Monsalve se subió al AVE con forma de pato. Urbano, que sabía que en septiembre el jefe le iba a echar del trabajo, no reunió el valor suficiente para decírselo a su mujer antes de hacer las maletas. Se aguantaría todo el mes. Agosto es sagrado.

La azafata repartió los auriculares y la revista Paisajes. Urbano ojeó y hojeó un reportaje de San Francisco, el viaje tantas veces programado y siempre aplazado. Carlota chequeó un par de mails en su Blackberry y enseguida conectó el canal 3, el de la música clásica. Los hijos –la parejita– avanzaban, a trompicones, en la brumosa adolescencia.  

Urbano revisó en el iPhone si el hotel contaba buena conexión Wifi: se había dejado en Madrid la conexión por Internet USB y ya pensaba que lo primero que iba a hacer era dirigirse al centro comercial del puerto deportivo a comprarse un dispositivo para estar conectado a la Red, empezar a buscar ofertas de empleo y actualizar su perfil en la red profesional.

De repente, como si al llegar a la estación de Ciudad Real supiera que agosto se convertiría en un infierno personal si disimulaba todo el mes, Urbano se sorprendió así mismo avanzando a su mujer el despido:

-          Me van a echar.

Ignacio, el hijo, siguió con los ojos cerrados, pero escuchó muy atentamente la conversación haciéndose el dormido. Su hermana melliza, Cristina, se había ido al baño para hablar con una amiga.

-          ¿Cómo que te echan?

-          Que sí, que me echan.

-          ¿Estás seguro?

-          Como que ayer me lo dijo el jefe.

Fue el último día antes de irse de vacaciones cuando Urbano recibió la fatídica frase: “Cuando puedas pásate por el despacho. Tengo que hablar contigo”.

-          No te preocupes. Tú vete tranquilo de vacaciones y a la vuelta te damos el finiquito que te mereces.

Carlota vio a Urbano encogido, sin autoestima.

-          Vamos a suspender las vacaciones, anunció él.

-          De eso nada. Disfrutaremos el mes de agosto y luego ya veremos. Mira, lo mejor será cambiar de hotel. Nada del resort de mil estrellas. Tengo una amiga que trabaja en un hotelito muy mono. Seguro que podemos aprovecharnos de una buena oferta.

Urbano canceló la reserva. Cuando Carlota fue a buscar a Ignacio y a Cristina para avisarles del cambio de vacaciones, los hijos habían desaparecido. En plan Thelma y mi hermano, Cristina convenció a Ignacio para bajarse en la siguiente parada del AVE. Hicieron autostop hasta la playa de Tarifa.

Urbano y Carlota jamás llegaron al hotelito. Cuando los hermanos llamaron a sus padres para informar de su aventurita sólo escucharon una y otra vez el gélido buzón de voz.

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Opiniones de los lectores (4)

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4. usuario registrado verdes»13/08/2009, 20:51 h.

Un relato de mucha actualidad, muy al día, sencillo y directo. No hacen faltas palabras para describir cómo se siente un padre en esa situación sobrarían, y es parte del encanto del relato, ponerte en la situación de cada personaje, tan reales y cercanos que todos nos ponemos en el papel, somos capaces de sentir la humillación y tristeza del padre su sensación de fracaso. Y el entendimiento de su mujer, su manera pragmática de ver la vida, la capacidad para intentar hacer la situación más suave. Y también sobran palabras para describir el egoísmo infantil y juvenil, ese que se mezcla con el gusto por la aventura y empuja a dos críos a buscar so “locura del verano”.
A mí me gustan así los relatos, los que me cuentan lo simple, pero me dejan descubrir lo obvio. Y la verdad, que no imagino yo a un padre de familia que no se dedica a las letras, buscando florituras estilísticas para comunicar a su compañera, mujer, esposa.., que le han despedido.
Pero bueno para los gustos los colores, y a mí me gusta el color tinto del relato

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3. usuario registrado Pepino en Blanco»13/08/2009, 16:28 h.

No consigo averiguar cómo la niña, que está en otra parte del tren consigue convencer a su hermano, que se está haciendo el dormido para escuchar la conversación de los padres, de bajarse del tren. En ningún momento el narrador nos dice que el niño se levantara del asiento en busca de su hermana para contarle que su padre se había quedado sin trabajo y de repente...¡se ha bajado del tren tras escuchar a su hermana!

El narrador omnisciente tampoco nos transmite la rabia, la humillación que siente el padre de familia, cuyas únicas preocupacies parecen ser las vacaciones y comunicar la noticia de su despido a su santa, algo en lo que tampoco el lector advierte angustia alguna.

El dilema del pobre hombre de cantar la gallina se resuelve simplonamente, con un lenguaje pobre y falto de expresividad, plagado de tópicos y lugares comunes como "infierno personal" o que se "sorpendió así mismo" [el autor escribe, "así mismo" en lugar de "a sí mismo", es decir, a él mismo].

"De repente, como si al llegar a la estación de Ciudad Real supiera que agosto se convertiría en un infierno personal si disimulaba todo el mes, Urbano se sorprendió así mismo avanzando a su mujer el despido"

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2. usuario registrado Caballa»13/08/2009, 12:20 h.

Pues a mí si me ha gustado.

Sigue por esa linea, de Tinta de Verano, mientras yo en mi playita me tomo un Tinto de Verano fresquito.

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1. usuario registrado Malinche»13/08/2009, 10:59 h.


La playa fresquita, la parejita, el hotelito [dos veces], la aventurita…

¿a qué viene tanto diminutivo ñoño?

El cuento es flojito, flojito, tirando a muy malito. No me extraña que los hijos desaparecieran de la historia y después los padres también.



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Acerca de...

@Agustín Rivera

Nació a tres kilómetros del Mediterráneo, frente al estadio de La Rosaleda. Cosecha malagueña del 72. Empezó a croniquear en el periódico del triangulito (Diario 16). Trabajó doce años en la esfera verde (El Mundo). Enviado especial a 15 países de cuatro continentes (aún le faltan Oceanía y la Antártida). Le dio por publicar un libro de cine (El Viaje de los Ingleses: rodando con Antonio Banderas) y crear un blog con su nombre.Desde enero escribe en El Confidencial.
Vivió en dos archipiélagos (el balear y el japonés). Investiga sobre boxeo. Le encanta el reporterismo y la tinta, también de verano.

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