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BIOGRAFÍA
Christian López y Gonzalo Carreras (A. Rivera)
Lanzan por radio un mensaje urgente. “¡Combate, combate!”, grita Christian desde el Christian one/Blackcape, un Luhrs americano de 15 toneladas y 12 metros de eslora del año 2005. “¡Combate, combate!”, se anima también Gonzalo Carreras. Los peces han picado el anzuelo. Christian y Gonzalo pelean con la caña y el carrete. Rápido, muy rápido. No hay mucho tiempo. “Es gordo”, vaticina Christian. ¿Será un pez espada, como el que acaba de capturar Raimundo Écija, a los mandos del Mezquita? Los peces luchan. El combate apenas acaba de empezar.
A las siete de la mañana recojo en la puerta del hotel California, frente al hotel Las Vegas (aviso: no estoy en Estados Unidos) a Gonzalo (37 años), Tono Mandly (14 años) y Manuel Ortiz (58). En poco menos de media hora, sin agobios para el nipón-auto, compramos provisiones de bebidas, pan y periódicos en una gasolinera de Torremolinos, ya casi lindando con Benalmádena. En diez minutos estamos en Puerto Marina, tras sortear borrachos de sábado por la noche y rollos furtivos de discoteca. Domingo, 1 de agosto.
Esperamos al dueño de la embarcación, Christian López, un abogado madrileño de 41 años afincado en la Costa del Sol. Ya llega. Colocan las cañas (cada una cuesta unos 800 euros). Salimos. El barco, cuyo depósito posee 1.700 litros de gasoil, sale disparado a las 8.20 horas. Tomo fotos del puerto, de los compañeros de travesía. Me he embarcado hasta las 16.30 horas en el Primer Campeonato de Pesca Deportiva Sostenible del atún 2010. Organiza el Real Club Mediterráneo (RCM) de Málaga, bajo los auspicios de su capitán pesca y motonáutica, Miguel Méndez. Vamos a cazar atún rojo. ¿No estaba prohibido desde 2007?
El Mediterráneo se muere. Agoniza. Extremaunción para el Mare Nostrum. En Benalmádena, el mar luce relajado, tranquilón. El barco toma fuerza. Ahora a 10 nudos, 15, 19, ¡21 nudos! A los veinte minutos nos encontramos con un banco de niebla. Al principio parecía un día ideal. Llaman a Puerto Marina para que den el parte meteorológico. Hay que estar muy pendiente del radar. Se esfuma la niebla. Sólo 30 metros. Escasos, pero lo suficiente para un cierto acojone. Una gaviota merodea. Un grupo de delfines nos acompaña. Los peces ya acechan. Huele a pescado.
“¡Combate, combate!”. López y Carreras han cazado dos piezas de atún rojo. El más codiciado por los japoneses. Un atún muy poco cortés muerde la mano del dueño del barco. El otro camarada capturado se revuelve con genio. Los pescadores colocan paños en los ojos. Miden su tamaño con una vara de madera, les colocan una señal con el nombre del yate y la fecha. Luego Carreras los fotografía con una cámara de usar y tirar. “¿Ya, ya lo tienes?”, pregunta Cristian. Los atunes rojos (una pieza de 200 kilos se paga a 100.000 euros en el mercado Tsujiki de Tokio) vuelven al mar. La pesca del atún sin muerte. Dentro de años, cuando los japos cacen ese mismo atún que regresa a la vida figurará el sello del equipo Christian one e informarán (se supone) al Instituto Oceanográfico.
Mandly pescó el año pasado una melva de tres kilos, a cinco millas del puerto de Málaga. Ortiz, ingeniero industrial almeriense, reconoce que no es un pescador cualificado, pero sí un experto navegante de velero. Cuando vivía en Vilanova i la Geltrú (Barcelona) viajaba muchas veces a Mallorca. Tardaba 20 horas hasta la costa de Andratx. Él no está acostumbrado al ruido del motor. Prefiere el velero y cómo el viento influye en la navegación.
El submarino nuclear americano
Gonzalo Carreras, licenciado en Ciencias del Mar, posee un pequeño barco atracado en el RCM. Pesca a menudo (su novia, Isabel Denis, compite en otro barco) y se levanta muy temprano para satisfacer su afición favorita, sobre todo, en verano cuando la temperatura es propicia. “Cuanto más caliente mejor”, asegura Gonzalo, que hace tres semanas pescó en Senegal. “Estás todo el rato pescando: no paras ni un momento”. También matiza: “El mar no es matemático”.
Este Mediterráneo malagueño es un continuo trajín de barcos mercantes. “Cuidado, nos podemos emocionar con el pescado y no vemos los barcos”, avisa el patrón. “El otro día”, relata, “cuando me di cuenta tenía a media milla un submarino nuclear americano”. Y eso que no estamos en el Estrecho de Gibraltar, un oasis de pescado (Christian pescó en verano de 2009, y luego devolvió al mar, un atún rojo de 76 kilos) y de más mercantes y submarinos. Por el estrecho pasa todo el pescado del planeta. Los peces no paran de dar vueltas al globo.
El límite de la zona de pesca se sitúa en las 50 millas. Llegamos a estar a 30 millas del puerto de Benalmádena, a la altura de Sotogrande (San Roque, Cádiz). La tripulación no quiere informar de las coordenadas exactas. Se lo pasan en grande, pero esto es una competición. Ni un juego, ni un regalo. A las 9.40 horas hemos llegado al lugar donde se supone que podrían estar las mejores piezas.
Se pesca a ocho nudos. “Tú arriba de vigía, por si acaso”. Otras embarcaciones se lo toman más relajado. “¿Alguien me puede contar el chiste de los garbanzos?”, pregunta una. A Carreras no le gusta nada la radio (canal 72 VHF–156,625 Mhz). Prefiere estar concentrado. López la ve útil. María Laza, su mujer, coordina desde su casa las incidencias y combates de todos los barcos. Una patrona de un barco no está de acuerdo con la medición de los pescados del sábado. Reclama. Prometen solucionarlo cuando lleguen a puerto. Reconocen el error a los pocos minutos.
Atunes y llampugas, melvas, listados…
Otro combate. Este menos duro. Ya hay llampugas, melvas y listados (se llaman así porque llevan rayas). Por la radio suena Santiago Juanes. El barco navega a 20 nudos. Hay 1,3 kilómetros de profundidad. Comen una tabla de quesos que no pruebo. El meneo del barco es considerable. Las bandejas se tambalean. El patrón baja a la cocina y prepara un bocadillo de atún (rojo no es). A los 15 minutos el estómago da vueltas. Salgo corriendo a la cubierta. Me mareo a pesar de la biodramina. Más tarde descubro que existe otra sustancia más efectiva. Incluso aseguran que infalible: cinfamar. La próxima vez se convertirá en aliada.
Llegamos al Mediterráneo, el club náutico más antiguo de España (desde 1873), diez minutos antes de lo previsto. Gonzalo Carreras saca los peces capturados en una cesta negra. Lo pesan. Fotografío las piezas. Raimundo se da cuenta que su pez espada era más pequeño de lo que pensaba. También los atunes rojos. Los menores de 70 centímetros no puntúan. En la clasificación el equipo de López, Carreras, Ortiz y Mandly queda quinto.
En la cena, a las 22 horas, me sientan al lado de Salvador Vidal, juez de la competición, quien denuncia cómo los pescadores japoneses esquilmaron todo el atún rojo inimaginable en la zona de Torrevieja (Alicante), el municipio donde reside. Vidal ha pescado meros de 78 kilos y albacoras (bonitos del norte) de 14 kilos y 90 centímetros. Cuatro veces campeón de España, 150 trofeos inundan las estanterías de su casa.
En la pérgola del club no acaba la tertulia de pescadores deportivos. Hasta 2011, queridos lobos de mar. Hemingway hubiera disfrutado. También su viejo.
Más en www.agustinrivera.com y twitter.com/agustinrivera
OPINIONES DE LOS LECTORES,
3 COMENTARIOS
3 .- No esto muy seguro, pero si son 50 millas nauticas off de la costa a nivel de S. Roque tienen que tener cuidado no entren en aguas territoriales marroquies.
2 .- Otra "cosilla", a ocho nudos probablemente lleven las muestras por encima del agua, así dificilmente podrá pescar nada. La velocidad debe ser constante y rondar entre 2,5 y 4 nudos dependiendo de la marea, [a favor o en contra].Y tambien me extraña que se vengan a Sotogrande cuando desde aqui nos vamos al estrecho, solo a unas pocas millas al Oeste, que si que es el sitio ideal para el atún.
1 .- Lo de la foto no es un atún rojo, ni blanco, ni un bonito, ni una melva, ni por supuesto un pez espada. La descripción de la "batalla" es muy pobre, un atún rojo de 200 Kg. como dice que pescaron, [al curry con muestra de bonita supongo], tiene una "faena" de tres o cuatro horas minimo, dependiendo de donde tenga enganchada la muestra el bicho, pero eso es lo normal, y aqui da la impresión que enganchas y arriba, cuando es un trabajo de al menos tres personas a tope, una autentica batalla, que te sube la adrenalina hasta los topes y que no siempre termina con la captura, se ronpen las lineas, se desengancha el bicho, etc. Así que menos lobos, este tio no estuvo en una captura de atún, ni sabe lo que es...si no hubiera sacado la foto de un bicho de más de dos metros de alto y uno y medio de contorno...pardillo...