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‘Burdeos’. Cuando uno oye esta palabra, ‘burdeos’, la asocia con la ciudad francesa, pero también con un tipo de color que recuerda a zapatos artesanales de punta, como ésos que se calzan para bailar claqué, y con esos vinos exquisitos de tono intenso y textura aterciopelada que no abundan en las cartas de los restaurantes españoles. El nombre ‘aquitania’ lo emparejamos a una antigua región francesa y a Leonor de Aquitania, reina de Francia, primero, y de Inglaterra después. Así aparece reflejado en los libros de historia. Pero para los viajeros sin prisa, para los epicuros amantes del detalle, Aquitania, además de ser una región que se extiende por el sudoeste del país vecino, con capital en Burdeos y que abarca el País Vasco francés y parte de Gascuña, es, sobre todo, una zona ecléctica a la que acuden surfistas, amantes del jazz, sibaritas de paladar fino y todo aquel con una pizca de savoir faire.
Las distancias son cortas. Aquitania está a tiro de piedra de España. Después de ser asaeteado a uno y otro lado de la frontera por numerosos y lesivos peajes, el viajero se tropieza con Hendaya, y de ahí a las turísticas San Juan de Luz, Biarritz y Bayona, de enraizado carácter vasco. Destaca Biarritz. Lo hace por su corte aristocrático, por el aire decimonónico de sus calles y edificios (véase el Hôtel du Palais y
No es
Siguiendo la costa hacia el norte se encuentran Las Landas, un espectáculo natural con una única playa de más de cien kilómetros. Se recomienda recorrerla haciendo escala en localidades tales que Capbreton, Hossegor, Moliets o Mimizan. No hay una carretera paralela a la costa que permita el viaje, sino que habrá que hacerlo por el interior, un sacrificio que no es tal pues se atraviesan grandes lagos e impresionantes bosques de robles y pinos, un paisaje en el que la bicicleta es la reina, con senderos diseñados exclusivamente para ella que no parecen interrumpirse nunca, y donde el coche es visto como un intruso molesto. Una buena opción para el turismo en familia.
Mejor en casas de huéspedes
Lo mejor es dejarse llevar y pernoctar allí donde cae la moneda. En esos casos casi siempre se acierta. Incluso cuando se trata de diminutos pueblos que parecen no existir, con su iglesia cuidada al extremo, su ayuntamiento, su boulangerie, su peluquería –a la sazón lugar de reunión de los vecinos- y poco más. Todo tiene su encanto. No suele haber problema de alojamiento, pues es abundante y sus precios asequibles, aunque el número de estrellas rara vez sirve para determinar la calidad del hotel. Recomendamos las chambres d’hôtes o casas de huéspedes regentados por familias particulares que ofrecen alojamiento y desayuno, gente peculiar con historia propia, como la señora hippie que se resiste a olvidarse de Woodstock o el ex combatiente de
Pese a los estereotipos que suelen ensombrecer estos viajes, el suroeste de Francia no es una zona cara. Al menos, no más que otras españolas de perfil semejante. Ni en lo que respecta al alojamiento ni en el aspecto gastronómico. La calidad del restaurante medio francés es pareja a la del español. Eso sí, el que es bueno… es que es muy bueno. Todo marcado por esa idiosincrasia refinada y cuasi trascedente que tiñe al país, y que se percibe en su cine, en su literatura y hasta en la forma de servir los cafés. Inexcusable irse de Aquitania sin probar el foie gras envuelto en su grasa o mi-cuit, los caracoles, mejillones en sus diferentes salsas, la lamprea, el entrecotte y, por supuesto, crepes y galettes. Para los golosos, el canelé y el macaron de St. Emilion.
Dirección Burdeos aparecen dos localidades que debemos marcar en nuestro diario de viajes. Por un lado, Biscarrosse, perteneciente a la región de los grandes lagos, turística pero suavemente turística, con su inmensa playa de arena blanca y fina que no parece europea sino caribeña y grupos de música que aprovechan la puesta de sol para improvisar solos de trompeta. Y por otro, la bahía de Arcachon, compuesta a su vez por pequeños pueblos pesqueros con sus tchanquées (cabañas construidas sobre pilotes) y sus barcas sorteando las estacas clavadas en el agua que delimitan las parcelas. Arcachon es conocida por el cultivo tradicional de la ostra (obligatorio pedir una docena y regarlas con vino blanco) y su gran duna de Pyla, de
Una segunda edad de oro
A menos de una hora en coche se encuentra Burdeos, una ciudad sorprendente a la par que fascinante. Sorprendente porque ha experimentando una transformación radical. La imagen de ahora es muy distinta a la preconcebida con la que aterriza el viajero. Desde la llegada a la alcaldía de Alain Juppé, pero sobre todo desde que se iniciaron las obras monumentales en el año 2002, Burdeos se ha lavado la cara, ha emblanquecido sus antes tiznadas fachadas, ha instalado un tranvía (penalizando a los coches, a los que pone parkings en el subsuelo, muchos de ellos gratuitos), ha acondicionado los otrora grises e industriales hangares a la orilla del Garona en animosos espacio de ocio y comercio, y ha logrado mezclar sin altibajos lo clásico (como el Gran Teatro) con lo moderno (como el hotel Seeko’o, con forma de iceberg y donde se sirven cócteles elaborados por los mejores chefs bordeleses). Se puede decir, y se dice, que Burdeos vive actualmente su segunda edad de oro.
Por ello, hay que reservarse unas cuantas horas para deambular por sus calles, por su triángulo monumental, por
Para el viajero de papilas y pituitaria refinadas y amante de los vinos se recomienda un garbeo por St. Emilion, un pueblo medieval rodeado de chateaus que produce un nutrido elenco de caldos de prestigio internacional, sobre todo merlot. También se recomienda llenar el estómago antes de realizar la visita si uno no quiere acabar seriamente perjudicado entre tanta cata y tanto viñedo.
Como epílogo, como ese cuento que se susurra previo al sueño, no debe faltar una última escala por
Para más información:
Comité Regional de Turismo de Aquitania
Página Oficial de Turismo Francés
OPINIONES DE LOS LECTORES,
3 COMENTARIOS
3 .- Y un poco más arriba La Charante : Saintes, Royan, Telmont, Rochefort, La Rochelle, las islas de Olèron y Ré....
Ciertamente la vertiente atlántica francesa es un encanto.
2 .- Acabo de llegar de las Landas y algo maravilloso, una sola playa de muchísimos kilómetros, arena fina, olas perfectas para hacer surf.
Bosques infinitos, tranquilidad absoluta, calidez de las personas.
Unas vacaciones maravillosas. Espero volver el año que viene.
1 .- La Dordogne, excelente destino para unas placenteras e inmejorables vacaciones.
Suscribo todo lo expuesto en el artículo.