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@Paloma Barrientos - 03/02/2010
María Rosa Salvador en una imagen de archivo (Efe)
Durante veintiocho años -1986-2006- un jurado de periodistas especializadas y alguna famosa que daba lustre tipo Preysler se reunían para analizar la trayectoria anual de cada uno de los grandes, para más tarde y previa votación democrática elegirlos como merecedores del tan preciada alfiler.
A su reunión social asistieron casi todos los que eran y son alguien en el mundo de la moda. Desde Valentino a Gaultier pasando por Narciso Rodríguez, Manolo Blahnik, Pertegaz, Armani, Jill Sander, Oscar de la Renta o Galliano (que no tuvo la delicadeza de recogerlo) entre los internacionales. Jesús del Pozo, Verino y Sybilla, por ejemplo representaban a los de casa.
Los comienzos de María Rosa Salvador no fueron fáciles. Resultaba muy complicado convencer a las figuras del olimpo para que vinieran a Madrid y aceptaran un galardón inventado por una señora cuyo currículo era ser dueña de Dafnis, una tienda de moda.
El tiempo que coloca cada cosa en su sitio: la tenacidad y sobre todo la generosidad de la titular convirtió la aguja en un clásico. No era necesario insistir con los directores de comunicación, ni con los asesores, María Rosa y su jurado era suficiente pasaporte de garantía. El éxito de la convocatoria estaba asegurado. Pero llego un momento en que a Maria Rosa también le pesaban los años y quiso donar su premio. Y como siempre su gesto fue altruista.
Cedió los derechos de la aguja al Ministerio de Cultura, cuya titular en aquel momento era Carmen Calvo. No hubo tiempo para desarrollar la idea y cuando le sucedió César Antonio Molina se desentendió. Maria Rosa Salvador murió el lunes a los 84 años sin saber que su galardón no tendría continuidad. Sería bueno que ahora alguien recogiera el testigo.
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