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Las galerías Juan Gris y Rayuela de Madrid han organizado una muestra que recoge un conjunto de obras con las que Eduardo Sanz (Sántander, 1928) recuerda a Hokusai, el pintor japonés de La gran ola o las Treinta y seis vistas del monte Fuji. En su gran mayoría son cuadros de un metro por un metro protagonizados por tres elementos esenciales: el cielo, el mar y el icónico monte Fuji.
Homenaje a Hokusai es una muestra para dejarse invadir por los insondables misterios del mar en sus más variados estados, capaz de reflejar multitud de sentimientos y sensaciones. Parte de él tuvo un gran recibimiento cuando se expuso en Santander el verano pasado. Ahora se han sumado a la muestra nuevos trabajos que completan esta cita artística en Madrid.
“Mi cultura en artes asiáticas era limitada, como muchos conocía algunas imágenes de Hokusai, tantas veces reproducidas, pero la obsesión por su obra vino hace siete años, tras visitar el Guimet, el Museo de Artes Asiáticas de París. Allí compré una tarjeta con la imagen de La gran ola y enseguida me dio por pensar en las similitudes que tenía, salvando las distancias, con algunas obras mías”.
"Una serigrafía moderna y personal"
A partir de ahí empecé a dedicarme a hacer obras en torno a esa serigrafía que me parecía tan moderna, tan personal. El trabajo se fue alargando y fui tomando otras obras de la serie de vistas del monte Fuji”. En total confiesa haber invertido tres años muy intensos en los que ha dedicado diez horas diarias para conseguir cientos de bocetos, dibujos y cuadros dedicados a la obra del japonés. Para Sanz, Hokusai es como “un padre, un abuelo”.
Tras unos inicios realistas, Eduardo Sanz se volcó en informalismo, rompiendo después para transitar los caminos de la abstracción geométrica y, finalmente, el pop-art. El mar se convirtió en una de sus temáticas esenciales gracias a trabajos como Cartas de mar, cartas de amor, una serie en la que exhibía cartas románticas a través de la utilización del código de señales marítimas. Los faros fueron también otra de sus obsesiones. El mar “siempre ha estado presente. Vivía en la costa y también he navegado, por lo que al estar lejos durante un tiempo la nostalgia ayudó mucho”, confiesa Sanz.
La muestra de este trabajo tan especial se podrá contemplar en las dos galería madrileñas hasta finales de mayo.
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