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@M.J.S.Mayo | J. Corujeira - 21/04/2010
Buenas tapas, mejores platos, grandes caldos y un sinfín de gin-tonics. La fórmula de La Cruzada para renacer como templo del buen vivir en el Madrid de los Austrias pasa por ideas sencillas que en estos tiempos de artificios y simulacros se agradecen bastante. La taberna más antigua de Madrid (abrió por primera vez en 1827) lleva ya unos meses de rodaje tras una reapertura que la rescató del olvido. Poner de nuevo en marcha este histórico nombre costó meses de obras, hasta 14, pero el trabajo ha valido la pena: ha vuelto a la vida con energía y salud envidiables.
La Cruzada fue una de las tabernas favoritas de Alfonso XIII y de muchos literatos e intelectuales que a comienzos del siglo XX se reunían en sus mesas para debatir en tertulia. Aunque los tiempos de Baroja y Galdós han pasado, por allí no es extraño encontrarse a algún que otro prócer de la patria dando cuenta de uno de los contundentes platos de cuchara de la carta del restaurante.
Porque hay que explicar, antes de continuar, que la nueva Cruzada es un local que contiene en su interior otros muchos locales. En el número 8 de la calle de la Amnistía hay una taberna, pero también un restaurante, y además podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que es una de las enotecas tecnológicamente mejor equipadas de Madrid.
La Cruzada está dividida en varios espacios. Nada más entrar desde la calle nos encontramos con una impecable barra de madera de nogal sobre la que se dispone la esquina del gin tonic y un buen surtido de tapas para despertar la gazuza: estamos en la taberna, que abre con horario ininterrumpido desde las 11:00 a las 02:00. Tostas (solomillo, presa, rabo de toro...), croquetas o laterío de calidad (berberechos, navajas...) componen la oferta culinaria de esta zona del restaurante, decorada con sobriedad y ambientada por la luz de unas lámparas marineras que convierten al local en un pequeño puerto en tierra.
Mientras nos introducimos en el fondo del local hay dos o tres mesas altas para poder compartir los platos de la barra con algo de intimidad. Una vez llegados a la parte más recoleta hay varias mesas que ofrecen servicio de restaurante (13.30-15.45 y 20.30-23.45). La carta está llena de referencias discretas de la tierra y el mar, con la ternera y el bacalao como productos estrella.
No hay buena taberna que no deba prestar una especial atención al vino. En La Cruzada es su punto fuerte gracias a dos valores añadidos. El primero es que cuentan con una modernísima dispensadora de nitrógeno que permite beber por copas 16 caldos cuidadosamente elegidos. Gracias a ese sistema de conservación cualquiera de sus botellas puede mantenerse abierta durante un mes sin alterar sus cualidades, sin que la acción del oxígeno las eche a perder. Algo que no llega a suceder, gracias a una siempre variada selección.
Pueden tomarse un gran vino de Madrid, El Regajal; un francés tan correcto como el Paralléle 45 de la zona del Ródano; un blanco de Portugal como el Redoma; o un sudafricano como el Anwilka… Hay mucho para elegir y la oferta va cambiando muy a menudo gracias a que cuentan con más de 500 referencias. Iván Vara, procedente del Goitzeko del hotel Wellington, es el sumiller de la Cruzada.
El otro gran atractivo para todo amante del buen vino son Los cien magníficos, una muy cuidada lista de caldos cuyas botellas pueden contemplar detrás de la barra del bar. Si prueban alguno de ellos es muy posible que queden enganchados. En tan depurado conjunto pueden encontrar: vinos con monastrell de la clase del Clio y Nido, un Malleolus 2006, un Vega Sicilia ‘Único’, el preciado tempranillo María de Viñedos Alonso del Yerro, un delicioso Flor de Pingus 2007, o dos con tinta de Toro de la categoría del Termanthia 2006 o Pintia 2005… Todo un lujo.
No sólo la carta de vinos está repleta de referencias. En La Cruzada el gin tonic es tratado con especial mimo. Hasta 32 tipos diferentes de ginebra se pueden combinar con las cuatro tónicas que se sirven en la casa, dando como resultado un total de 128 posibilidades diferentes. Además una vez al mes se celebra el día del gin tonic, una jornada perfecta para introducirse en el mundo de este aromático combinado y aprender de la mano de auténticos maestros.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
2 COMENTARIOS
2 .- Me parece que no soy el unico lector de "El Confidencial" que cree que, con mayor frecuencia de la deseable, hay determinados artículos que parecen publicidades encubiertas. Bajo el nº #1 se ofrece una opinión que rebosa sentido común y con un contenido, los precios "populares" del establecimiento, que debieran haber sopesado los autores del ¿artículo? antes de redactar algo que se parece mucho a un cebo para desprevenidos.
1 .- Sería interesante hablar de los precios del local: vinos, por copas, a 4 EUR el más barato. La carta del resturante también muy económica: segundos platos, todos por encima de 30 EUR y postres a 9 EUR. Estuve una vez e hice una equis en la casilla de visitado. Eso si, ver hacer malabares a los camareros para servirte en una barra atestada de botellas de ginebra, cavas y champagnes es muy curioso. Yo no lo recomendaría, la verdad.