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@Jacobo Corujeira - 18/03/2010
Antes y después. ¿Nota la diferencia? (babybites.info).
Cuenta Nonna en su blog que compró el pack infantil de McDonald’s “no para comerlo, sino para observarlo y poder bloguear. Si, compré un Happy Meal y lo coloqué en una estantería de mi oficina, detrás de mí y de mi ordenador”.
Todo comenzó el 3 de marzo del año pasado. “Mi recién adquirido Happy Meal huele delicioso y tiene muchos colores. Con él recibo un perro virtual de Petshop en un transportín amarillo de plástico, además de mi hamburguesa de tamaño infantil, unas patatas y un refresco”, relataba entonces. En el bocadillo, “del tamaño de un disco de hockey”, no hay ni rastro de lechuga, queso o cualquier otro complemento: una triste y solitaria rodaja de pepinillo se reboza en las pocas gotas de ketchup que hay dentro de la hamburguesa.
Tan happy como el primer día
Los primeros días aún olía, algo que por entonces preocupaba mucho al marido de Bruso. “¿Qué ocurrirá cuando se ponga rancio, se pudra y se descomponga?”, le preguntó. “De eso precisamente va el experimeno, se supone que no se va a descomponer, sólo la comida natural lo haría”. Y tenía razón. Temerosa de que el pepinillo y el ketchup pudieran ‘contaminar’ el experimento, compró tres días después una hamburguesa sencilla. De este modo tenía también “una hamburguesa de control sin condimentos”.
Los días pasaron. En la quinta jornada la única diferencia apreciable era que “el pepinillo y el ketchup están siendo absorbidos por el panecillo”. El resto, exactamente igual. “Si fuera comida real debería haber algún tipo de descomposición”, afirma casi porfiando la autora del blog.
Los días van pasando, pero el Happy Meal sigue “tan happy” como el primer día. Tras una semana no hay descomposición; quince días y tampoco, y así seguimos sumando y comprobando la estática presencia de este almuerzo feliz. El pasado 14 de diciembre Bruso reconocía que “desearía poder decir que mi Happy Meal ha cambiado de algún modo pero tiene prácticamente el mismo aspecto nueve meses después de comprarlo. El pan está reseco. Eso es todo”, explica.
Nada de moho
Ha pasado un año y resulta imposible no contagiarse de ironía de la bloguera: “El tiempo pasa volando, ¿verdad? Me caen lágrimas de los ojos cuando pienso que hoy, tres de marzo, es el primer cumpleaños de mi Happy Meal. ¡Es que crecen tan rápido!”. El problema es precisamente ese, que en un año no ha habido ni un solo cambio.
“Nunca ha olido mal. La comida no se ha descompuesto. No se puso mohosa”, confirma Bruso en el post dedicado al cumpleaños. Ningún ser vivo se ha acercado al menú en este tiempo, ni las moscas ni los microbios. “Hormigas, ratones y moscas son más inteligentes que las personas”, concluye. “Nunca tocaron el Happy Meal. Y los niños tampoco deberían hacerlo”.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
21 COMENTARIOS
21 .- Al perrito de dentro de la bolsa se le nota más cara de aburrimiento.
Veas, un año ahí dentro sin jugar con nadie...
:_[[
Como se enteren los de la protectora de animales verá esta maruja qué pronto deja de entretenerse con experimentos de este tipo. Sádica más que sádica.
20 .- #14 Sí, es la historia de siempre, todos somos idiotas menos los espabilados estos modelo "Supersize Me". A qué clase de anormal se le ocurre dejar una hamburguesa en su despacho siquira un día??? pues a la misma clase de anormal al que se le ocurre que tirarse un més desayunando, comiendo y cenando hamburguesas [de McDonalds o de las que prepara tu madre] y destrozarse la salud demuestra algo más que el que ese tío es un cretino. O eso es lo que debería demostrar, lo curioso es que para según qué cosas siempre hay audiencia dispuesta a tragarse religiosamente que la culpa es de McDonalds, o del capitalismo, y no de los imbéciles que no comen o no invierten su dinero como deberían. Michael Moore o la Secta lo saben bien, ese es su target.
19 .- #10 Mira que tiene mala hostia la lactosa... Ademas de que lo hace de mala fe, que es malvada y todo eso.
En fin, que país. Menos mal que a diferencia de este señor, yo desciendo de tribus indoeuropeas que llegaron a Europa pastoreando y como por aquellos lares [estepas rusas], mucha comida no había, no despreciaban la leche de sus animales. Menos mal que desciendo de ellos y por eso mi cuerpo mantiene la habilidad que ellos consiguieron para seguir pudiendo digerir la lactosa.
Y el que no se lo crea, pues nada... que tome soja si es capaz de soportarla.
18 .- No tiene mayor mérito. Ahí tenemos a Mª Teresa Fernández de la Vega y a Elena Salgado: "incorrutas", que diría el filólogo Pepiño.
17 .- Happy meal identifica la comida con recompensa, cualquiera te dirá que no es un hábito que se deba enseñar a los niños. Menos con la epidemia de obesidad infantil que padecemos.
Aparte de esto, si la noticia es cierta, no dice mucho del famoso "sin aditivos ni conservantes" del que la marca hace gala.