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La salud de Elvis era más que delicada (Efe)
Redacción | EP - 21/01/2010
2010 es un año lleno de celebraciones para conmemorar el 75º aniversario de su nacimiento y Nichopoulos, conocido también como Dr. Nick o con más maldad como El Hombre que Mató a Elvis, publica un jugoso libro sobre los últimos días del emperador de la pelvis.
Nichopoulos, que trató a muchos representantes del mundo del espectáculo, fue condenado en su día por sobremedicar a varios artistas, entre los que se encontraban Jerry Lee Lewis o el propio Presley. En su libro, el médico trata de desmontar todas las teorías que giran en torno a la muerte del músico cuando sólo contaba con 42 años. Las hipótesis que le toman a él como cabeza de turco son, por supuesto, las primeras en caer de acuerdo con su relato.
Artritis, gota y glaucoma
La vida de Elvis pendía de un hilo y no es de extrañar, de acuerdo con Nichopoulos, que finalmente ocurriera el fatal desenlace. El Dr.Nick afirma en el libro que sufría tal cantidad de enfermedades que cualquiera de ellas podría haberle matado en cualquier momento, incluído aquel 16 de agosto de 1977. Una lista de patologías que destruyen la imagen de los años mozos del Rey del Rock, con su voz de blues, sus movimientos pélvicos y su melena morena.
Nada de eso parece sostenerse ante el hecho probado -al menos según su médico personal- de que no aguantaba una sola actuación sin tener que hacer una escapadita al baño. Y si su aparato digestivo se hallaba en mal estado, también su vista era pésima: afectada por un glaucoma, Elvis era prácticamente ciego.
Sus músculos estaban destrozados y apenas podía moverse sin calmantes; tenía artritis, ataques de gota, el hígado repleto de grasa y dilatación cardíaca; además de sufrir frecuentemente de constipados y migrañas. Su médico alega que necesitaba medicación para todos estos achaques y que si él no se la hubiera conseguido lo habría hecho otro.
Como ejemplo de las costumbres médicas de su cliente, el Dr.Nick cita una ocasión en 1968 en la que le diagnosticó laringitis. Le dejó una botella entera de medicamento y al día siguiente se la había acabado. “Necesito ponerme bien rápido; tengo trabajo”, parecen ser unas palabras que repitió demasiado frecuentemente Elvis.
De hecho, la primera vez que le atendió, el Rey del Rock no tuvo reparos a la hora de reconocer que tomaba sedantes para poder dormir, anfetaminas para despertarse y chupitos de codeína para el dolor. En una de sus últimas apariciones -la de Viva Las Vegas- ante una afección de garganta, se preparó un cóctel que incluía unas hierbas, esteroides y cocaína líquida.
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