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Relajación, silencio, un paisaje único y buen vino. Can Bonastre es uno de esos lugares que demuestra que la cultura del vino en nuestro país tiene muchas formas de ser entendida. Con una sabia armonía entre artesanía e innovación, este Wine Resort posee doce habitaciones de lujo, cada una de ellas con el nombre de un pico de la bellísima sierra de Montserrat, un spa, una bodega y un abanico de actividades a desarrollar en un paraje incomparable. Una de las mejores, la que ofrece la posibilidad de participar en la vendimia.
Los documentos más antiguos encontrados que hacen referencia a Can Bonastre datan de 1548. Es el testamento de Joana Bonastre, mujer de Pere Bonastre. Aún así, hay pruebas que dicen que desde el siglo XI tuvo inquilinos: parece que existió allí una capilla dedicada a Santa Magdalena. También acogió durante un tiempo un convento asociado a Sant Cugat, del que el hotel actual, que lleva funcionando desde el 2007, mantiene algunos elementos arquitectónicos.
La finca fue adquirida por Martín Vallés en los años 80, ya que aunque su familia tenía viñedos, éstos no fueron a parar a él, que era el segundo hijo, sino al primogénito, al que antiguamente correspondía según la ley. Vallés, un químico apasionado del vino se enamoró del lugar entre otras cosas por sus preciosas vistas a Montserrat. Este gran detalle se ha convertido en una de las señas de identidad del lugar, siendo el protagonista en la gran balconada de la sala de desayuno y la imagen con la que extasiarse mientras se disfruta del spa.

13 variedades de uva
Situada cerca de Masquefa, entre las comarca del Alt Penedés y el Anoia, el terreno ocupa en total 100 hectáreas, de las que la mitad se dedica al cultivo de las 13 variedades de uva con las que elaboran sus vinos. Entre ellas, la más curiosa es la pinot noir, todo un capricho de Martín Vallés hijo, un enamorado de los vinos franceses que se atrevió a cultivar esta delicada uva en un lugar poco habitual.
No obstante, le acompañaban las especiales características de la zona del Penedés, un entorno privilegiado mimado por la meteorología. Gracias a ella es un lugar en el que no se riega. Sus vides son cuidadas mediante el cultivo de conservación, que acompaña las cepas con la presencia de cereales, y recibe el tratamiento de confusión sexual, que evita que entren en juego productos químicos demasiado agresivos a la hora de combatir plagas como la polilla de racimo. Una muy estudiada poda y recolección, junto con un detallista tratamiento de los caldos, en el que entra la fundamental aportación del enólogo César Torrijos, da lugar a vinos tan selectos como su Nara Crianza o el Pinot Noir, dos caldos que el visitante no debe dejar de probar.
Un cocinero de la tierra, Víctor Gómez, ofrece en el Tribia -que hace referencia a una uva blanca que se cultivaba en Cataluña en la Edad Media- un menú que sabe enriquecerse de los productos de temporada de la zona y en el que tienen especial protagonismo los vinos de estas bodegas.
Vallés hijo ha hecho crecer el proyecto de su padre con este Wine Resort que pretende ofrecer a todo aquel que lo visita un lugar de relax donde disfrutar de sus caldos, tanto en su degustación como en los tratamientos que ofrece su spa. Una manera diferente y especial de vivir el vino que seguro que sigue imponiéndose en más sitios de España que, como la zona del Penedés, necesitan recuperar la confianza en su potencial.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
1 COMENTARIOS
1 .- California importó cantidades ingentes de falso vino francés “pinot noir”. En total 18 millones de botellas que contenían syrah y merlot, variedades que cuestan la mitad de dinero que el pinot noir. Las ganancias fraudulentas han ascendido a 7 millones de euros. ¿Cuántos snobs y sumilleres picarían? Ni se sabe….