el incendio de portugal como lección

Por qué España es igual de vulnerable a incendios devastadores como el de Portugal

La virulencia de los incendios forestales en la Península Ibérica va en aumento. El abandono del campo, el cambio climático y la ausencia de políticas de gestión forestal lo propician

Foto: Árboles calcinados en el incendio de Pedrógão Grande (Portugal). (EFE)
Árboles calcinados en el incendio de Pedrógão Grande (Portugal). (EFE)

El incendio forestal de Pedrógão Grande que arrasa ya más de 30.000 hectáreas del centro de Portugal y que ha causado la muerte a más de 60 personas es un aviso para su país vecino. Cada vez más, en la Península Ibérica suceden fuegos muy virulentos que en determinadas circunstancias pueden provocar tragedias humanas. A la pregunta de si el incendio de Portugal y sus consecuencias trágicas podrían ocurrir en España, los expertos no lo dudan: no sólo se producirán en el futuro, sino que ya han sucedido.

“Ya hemos sufrido este tipo de incendios forestales en Castrocontrigo (León) en 2012, en Tarragona en 2009 donde murieron cuatro bomberos o en la Riba de Saelices (Guadalajara) en 2005 donde perdieron la vida 11 brigadistas”, apunta Raúl Quílez, técnico forestal del Consorcio de Bomberos de Valencia. Una combinación de factores puede causar una columna de fuego que se propague a gran velocidad ladera arriba. Es lo que se llama incendio convectivo.

Este doctor en Incendios Forestales señala que puede pasar en cualquier parte de nuestro país donde haya masa forestal “cuando se da un ola de calor sahariana, combinada con poca humedad y temperaturas extremas en las zonas de la superficie, y si a ello se suma gran cantidad de combustible vegetal acumulado en el sotobosque y una alta velocidad del viento”.

En 2001-2016 se calcinaron 1,7 millones de ha, una extensión equivalente a las provincias de Barcelona, Guipúzcoa y Madrid

Las estadísticas avalan la afirmación del investigador. Sólo entre 2001 y 2016, en España se produjeron casi 250.000 incendios forestales que calcinaron 1,7 millones de hectáreas de monte, una extensión equivalente a la superficie conjunta de las provincias de Barcelona, Guipúzcoa y Madrid, según informa la investigación especializada España en llamas de la Fundación Civio. El 55 por ciento de los fuegos en lo que llevamos de siglo XXI fueron intencionados.

Paraje calcinado por un gran incendio en Alcublas (Valencia). (M.G.R)
Paraje calcinado por un gran incendio en Alcublas (Valencia). (M.G.R)

Más fuegos en un medio rural abandonado

El incendio de Portugal se causó inicialmente por la caída de un rayo en un árbol que ardió al cabo de las horas, según las primeras hipótesis. En estos casos, la carga eléctrica penetra por las raíces y calcina su interior hasta que pasado un tiempo arde. Este fenómeno denominado “rayo latente” puede llegar a durar 48 horas. Luego el incendio se propagó en un área de eucaliptos y pinos con unas condiciones meteorológicas extrema dándose lo que en la jerga del sector se llama 'la regla de la triple 30': más 30 grados de temperatura, más de 30 km hora de velocidad del viento y menos de 30% de humedad. La Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza Quercus del país vecino ha criticado duramente la repoblación de la zona con eucaliptos, un árbol de alta inflamabilidad.

Entre 2001 y 2014, casi 10.000 fuegos se originaron en España por tormentas secas de verano. Especialmente infausto fue el año 2003 para Extremadura. Solo en los dos primeros días de agosto, 15 incendios provocados por rayos carbonizaron 16.500 hectáreas.

Proceso del fenómeno 'rayo latente' de Batallón T-15 @Batallont15
Proceso del fenómeno 'rayo latente' de Batallón T-15 @Batallont15

El aumento de la masa forestal en España en detrimento de la superficie agrícola y habitada por el hombre es un fenómeno que aumenta el riesgo de grandes incendios. Desde 1971 y hasta 2011, la superficie forestal de Galicia aumentó un 27%, según datos de los inventarios forestales nacionales. Raúl Quílez señala que Extremadura tiene ahora 400.000 hectáreas más que hace 70 años. Esa nueva masa forestal sin una buena gestión se convierte en zonas propicias para el fuego.

Existen muchos paisajes de alta inflamabilidad en España que son casi idénticos a las del incendio de Pedrógão Grande: masa arbórea de eucaliptos y pinos de alta combustibilidad, un territorio mal ordenado, un monte abandonado por la inactividad económica en el medio rural, una población dispersa y una climatología parecida con olas de calor saharianas cada vez más persistentes. La combinación de eucalipto y pino, o sólo de pinos, tienen un índice de inflamabilidad muy elevado en unas condiciones determinadas. Ese hábitat de riesgo se da en la mayoría de áreas del nororeste peninsular y en toda la cuenca meditérranea. En Galicia, hasta el 17,5% de la superficie arbolada es eucalipto; en Murcia, el 81% es pino carrasco.

Pero la clave es el abandono del medio rural y la falta de de una política de gestión de ordenación del territorio que evite el riesgo de grandes incendios ingobernables. “Lo que ha pasado en Portugal puede ocurrir en muchos lugares de España, son incendios incontrolables para el ser humano con una meteorología dada, pero tampoco los australianos o los estadounidenses son capaces de extinguirlos”, recalca Álvaro García, fiscal de Medio Ambiente de Galicia.

Este estudioso del tema cree que “somos campeones en la extinción”, pero hay que hacer políticas de prevención y gestión del medio rural más allá de eso porque cuando “se desborda un incendio ya no se puede hacer humanamente nada”. Señala Galicia como ejemplo de dispersión de la población, el abandono de las tareas propias del campo y espacios habitados que ya no usan económicamente el monte, lo que propicia el escenario perfecto para que se aumenten los riesgos de incendio. Un dato significativo es que 74 de los 100 municipios donde más fuegos se produjeron entre 2001 y 2014 son gallegos.

Lo que ha pasado en Portugal puede ocurrir en muchos lugares de España, son incendios incontrolables para el ser humano

“En Galicia tenemos el mismo potencial de riesgo que en Portugal, el mismo combustible vegetal y la misma orografía, sólo se tienen que dar condiciones meteorológicas perfectas como ha sucedido allí para que ocurran tragedias similares”, cuenta Vanessa Molina, vicepresidenta de la Asociación de Bomberos Forestales. Añade que ese tipo de incendios “sólo se pueden apagar cuando el terreno pasa a ser llano o cambia el paisaje forestal”.

Cómo evitar incendios dramáticos en España

Las soluciones para evitar tragedias como la de Portugal pasan por políticas a largo plazo de transformación del medio rural y de medio plazo en lo relativo a la prevención y la extinción de fuegos.

No hay ningún proyecto real a día de hoy, la política forestal está basada únicamente en la extinción

Raúl Quílez cuenta que el monte se va a seguir calcinando como siempre ha ocurrido en España, pero hay que actuar de forma diferente porque los incendios serán más virulentos con el paso de los años. “Quemar va a quemarse el paisaje, porque el fuego es inherente al clima mediterráneo, pero dado el cambio climático y el abandono del campo, lo que tenemos que hacer es preparar el paisaje para que sólo se queme lo que queremos que se queme”. Agrega: “En este país seguimos hablando de más aviones, más bomberos… Pero esa es un estrategia de los años noventa porque el escenario ha cambiado a peor, así que los políticos nos tienen que dejar a los que sabemos”. El exjefe de Bomberos de la Generalitat Valenciana se le ocurre un símil: “Si vas a un hospital, encuentras puertas de salida de emergencia, extintores, un protocolo de evacuación de personas... Pues en el monte es lo mismo”.

En lo que se refiere a una gestión del monte a largo plazo, destaca la figura del senador del Partido Popular Juan Carlos Álvarez, quien fuera alcalde de la localidad segoviana de Coca y que llevó un modelo sostenible de aprovechamiento del bosque a su pueblo mediante la explotación de la resina y la biomasa. Es el promotor del Consejo Forestal Nacional, un órgano recién creado que debe ser aprobado por las Cortes y cuyo principal objetivo es promover una gestión forestal integral que incluya la explotación económica de los bosques. “Necesitamos más inversiones y potenciar más la economía del monte para repoblarlo y evitar así que los incendios sean tan destructivos; no podemos dejar que los bosques crezcan salvajes sin control, no podemos crear un foto fija del medio rural solo para el disfrute del fin de semana porque a lo mejor cuando quieras ir ya se ha quemado”, defiende el senador.

Pero el fiscal de Medio Ambiente gallego, Álvaro García, es pesimista porque piensa que “no hay ningún proyecto real a día de hoy, la política forestal está basada únicamente en la extinción”.

* El autor es periodista de El Confidencial y responsable de la investigación sobre incendios forestales España en llamas de Civio.

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