@José Mendiola - 12/02/2010
Si pertenece a la generación de los 'bolis' Bic tatuados o las reducciones, sepa que el arte de copiar ha evolucionado mucho gracias a las nuevas tecnologías. El asunto ha perdido parte del romanticismo con la evolución de la tecnología. Eficiencia manda. Ya no basta con anotar textos ininteligibles en un tamaño diminuto y esconderlos en la manga de la camisa: ahora dispondrá de toda una miríada de opciones que ha puesto sobre alerta al profesorado y a las autoridades universitarias. Precisamente, los centros universitarios en el Reino Unido han comenzado a tomar cartas en el asunto y pagarán a los que copian con la misma moneda: se están comenzando a
dotar de alta tecnología para detectar móviles y otros dispositivos electrónicos que son utilizados en los exámenes.
El asunto no es baladí: en las islas británicas se copia un 6% más que el año pasado, y no queda claro si este aumento es debido a un incremento de jóvenes que quieren engrosar la lista de los 'ni-nis' (ni estudio, ni trabajo) o bien a una proliferación de la tecnología que hace más fácil esta tarea. Lo que se busca fundamentalmente son móviles, que al contar en la actualidad con acceso a Internet, los hacen idóneos para la faena, aunque también se persigue cualquier otro dispositivo susceptible de almacenar información, como puede ser un mp3. Con todo, un estudiante con un poco de habilidad en el manejo de Google, no lo tendrá nada complicado para encontrar en la red dispositivos específicos para copiar en los exámenes. Entre estos productos encontramos bolígrafos digitales, diminutos equipos de audio que apenas son visibles en el oído y por supuesto, cualquier dispositivo que sea capaz de sacar una foto.
En un principio, las autoridades del Reino Unido se han obcecado por poner las cosas complicadas a los pícaros 2.0, bien sea mediante inhibidores de la señal del móvil, colocación de cámaras de videovigilancia, o incluso detectores dentro de las aulas. En Dinamarca, sin embargo, plantean una estrategia completamente diferente: permitir que el examinado acceda libremente a Internet, que nos suena a algo así como "si no puedes con tu enemigo, únete a él". No sabemos cuál será el resultado de la estrategia permisiva de los daneses, pero parece más bien un intento de apagar el fuego con más fuego. Pero para los más nostálgicos, no crean que está todo perdido, ya que el método que sigue cosechando más éxito no tiene ni cables ni botones: sigue triunfando
tatuarse el brazo con las respuestas como principal manera de copiar en los exámenes. Aunque aquí hay soluciones para todo y para todos: los que no quieran molestarse ni en acudir a clase, pueden llegar a descargarse los apuntes de la red y es que algunos empollones
han visto el negocio de compartir sus apuntes. Todo vale con tal de no estudiar.