Miguel A. Díez Ferreira
SiliconValleyFacts

Miguel A. Díez Ferreira es fundador y CEO de Red Karaoke y de MusicAds, y miembro del Consejo Académico y coordinador del área de Social Media en el Master en Internet Business (MIB), así como profesor en Deusto Business School entre otras escuelas y universidades. También ha sido directivo de empresas de internet como Terra, Ya.com, Yahoo! España y Vocento desde el año 96. Ahora se ha trasladado a San Francisco y desde allí escribe sus #SiliconValleyFacts.

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El negocio de los eventos en Silicon Valley

Miguel A. Díez Ferreira 21/10/2011 Escribe tu comentario

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Ya he dicho en varias ocasiones que alrededor de las empresas de tecnología se mueve una gigantesca industria auxiliar de servicios. Y dentro de esta industria destaca, por su gran movimiento, enorme disparidad y capacidad para generar negocio, el sector de los eventos. Lo de los eventos en Silicon Valley es increíble. Los hay grandes y pequeños, generalistas y especializados, para abogados y para desarrolladores, técnicos y de negocio, orientados a medios o para inversores, para gran empresa y para la más pequeña, gratuitos y de pago, públicos y privados...

Este tipo de actos sociales son realmente útiles, tan necesarios como el 3G en el móvil o el café en vena, especialmente para los emprendedores que venimos de fuera de San Francisco y no tenemos contactos en el sector, o queremos ampliarlos. Son un entorno ideal para presentarte, conocer gente, buscar posibles partners con los que hacer acuerdos, o inversores, o periodistas o bloggers a los que contarle nuestro proyecto. Y son muy útiles, porque la gente en el Valle es bastante abierta y siempre está dispuesta a darte dos minutos (el famoso elevator pitch) para saber a qué te dedicas.

Y por eso, porque cubren una necesidad real, se han convertido en un negocio tan boyante. Desde el JumpStartDays, para emprendedores de tecnología sin financiación ni beneficios, al DEMO, donde las startups con un producto terminado pagan más de 2000 dólares para poder contar al mundo lo que hacen, con la esperanza de que en el público algún inversor se anime a poner dinero en su proyecto, y de darse a conocer al sector.

También hay eventos, muchos, organizados por los blogs especializados en tecnología. Suelen ser muy populares... y tremendamente caros, porque en teoría te garantizan mucha visibilidad en esos mismos medios si participas como ponente, y porque va muchísima gente interesante y puedes tener la suerte de conocer en ellos a algún partner potencial o incluso algún inversor. Entre estos destacan los eventos de TechCrunch como el Disrupt que ya han internacionalizado (el próximo es en China) o como los Summits de Masable, por citar dos de los más conocidos que, precisamente, es de estos eventos de donde obtienen sus mayores beneficios, a la vez que realimentan la fama de sus medios online y de sus periodistas y acrecentan su influencia en el sector.

Casi todas las semanas se organizan también eventos por parte de cámaras de comercio o embajadas o ministerios de exteriores de distintos países, que lo hacen para mostrar al Valle de qué pasta están hechas las startups canadienses-españolas-mexicanas-francesas-italianas-oelpaisquetoquesedía, dando espacio a los emprendedores para contar su proyecto con un tiempo nunca superior a los dos minutos. Su interés suele ser muy variable (por decirlo suavemente) y en este caso los precios suelen ser populares o incluso de acceso libre, y suelen asistir solo los ponentes invitados y gente directamente relacionada con el país de turno o con las startups que presentan. A mí me ha tocado estar en varios de rebote... y es muy llamativo el buen nivel de las empresas que presentan, y en cambio el bajísimo nivel de las presentaciones en sí: buenas empresas europeas que no saben venderse. Algo a mejorar, sin duda, también en el caso de las empresas españolas.

Pero lo que más me chocó casi desde el minuto uno, es que los eventos, aquí, son de pago. Da igual si es un evento organizado por un muerto de hambre para contar cualquier tontería sobre la que supuestamente es un experto, o si es un mega evento con charlas del máximo nivel: aquí se cobra en todos (bueno, en casi todos). Cobran incluso por publicitar sus nuevos productos, como hace Facebook con su F8, a 400 dólares por barba y encima dejando a miles de personas fuera por falta de espacio.

Es un negocio tan enorme que basta hacer una búsqueda en Eventbrite, el gran gigante online de los eventos en Silicon Valley (aunque yo prefiero nuestro Ticketea), para descubrir que solo en San Francisco hay previstos este mes unos 2.000 eventos públicos (los privados no están listados en los resultados). De hecho, una de las cosas más complicadas de Silicon Valley es elegir a qué eventos asistir, porque con tanto volumen no siempre son de la calidad que uno esperaría de este lugar, y además al ser tan especializados y tan caros es mejor elegir con mucho cuidado.

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