una exposición recoge los mayores hitos

2.000 años de ingeniería: las ideas españolas que sorprendieron al mundo

El acueducto de Segovia, el Faro de Buda, el artificio de Juanelo, la primera línea de metro bajo la madrileña Puerta del Sol...

Foto: El funicular español sobre el Niágara aguanta 100 años después de su construcción.
El funicular español sobre el Niágara aguanta 100 años después de su construcción.

Desde el acueducto de Segovia a las primeras líneas de metro bajo la Puerta del Sol de Madrid, España alberga un buen número de prodigios de la ingeniería. Unos ya desaparecidos, como el Faro de Buda, otros en pie tras casi 1.000 años, como el puente de Alcántara. Una exposición inaugurada hoy en el centro cultural Conde Duque de Madrid rinde homenaje a dos milenios de construcciones a través de maquetas, algunas de más de 300 años de antigüedad.

'Maquetas y modelos históricos. Ingeniería y construcción', que propone un recorrido por los 2.000 años de ingeniería de nuestra Península, se podrá visitar hasta el 17 de septiembre. La colección reúne más de 40 piezas únicas: modelos a escala construidos desde el siglo XVIII al XX. La maqueta del Faro de Buda, del delta del Ebro, presentada en la Exposición Universal de París de 1867, es una de las estrellas de la exposición.

Maqueta del Faro de Buda.
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Maqueta del Faro de Buda.

La isla de Buda (Tarragona), formada a partir de los materiales arrastrados por la corriente, se encuentra en el extremo oriental del delta del Ebro. Aunque hoy solo queda una familia responsable de gestionar esta parte del parque nacional, a mediados del siglo pasado llegó a tener más de 200 personas, dedicadas al cultivo de arroz. El Faro de Buda ya estaba allí por aquel entonces. Construido en 1864, resistió a viento y marea hasta que un temporal lo derribó en 1961.

Fue Lucio del Valle, uno de los ingenieros españoles más importantes del siglo XIX, quien diseñó el faro. Sus 50 metros de altura —el más alto del mundo entonces— y su construcción en hierro lo convirtieron en un referente para los constructores de la época. También en uno de los trabajos más emblemáticos del arquitecto, que ha pasado a la historia por otras obras como las del Canal de Isabel II.

El Faro de Buda sirve además como ejemplo del peligro que atraviesa el delta del Ebro. Mientras que en el siglo XIX mucha gente hacía excursiones para merendar al pie de la estructura, hoy visitar su antiguo emplazamiento nos obligaría a nadar casi cuatro kilómetros mar adentro.

El artificio de Juanelo.
El artificio de Juanelo.

El artificio de Juanelo

El río Tajo pasa por Toledo, pero no exactamente a la misma altura. Salvar un desnivel de más de 100 metros era toda una odisea para los ingenieros del siglo XVI. El llamado artificio de Juanelo fue una máquina hidráulica, famosa en el mundo entonces, que sustituyó al acueducto romano y a las norias musulmanas que habían suministrado agua a la ciudad en otras épocas.

El artificio fue creado por el ingeniero e inventor de origen italiano Juanelo Turriano y era capaz de suministrar más de 14.000 litros de agua diaria a Toledo. Por desgracia, Turriano se enfrentó allá por 1530 a un problema que recuerda al de los autónomos actuales: las pegas a la hora de cobrar.

El teleférico de Leonardo Torres Quevedo sigue cruzando el río Niágara tras 100 años en funcionamiento

El primer invento fue encargado por el ayuntamiento, pero el agua llegaba al Alcázar, propiedad del ejército, que se negó a repartir el líquido. En consecuencia, nadie quiso pagar a Turriano: la ciudad, porque no recibía el agua, y el ejército, porque no había encargado nada. El resultado fue que el ingeniero murió arruinado, a pesar de haber construido dos artificios.

Maqueta de la estación original del metro de Puerta del Sol.
Maqueta de la estación original del metro de Puerta del Sol.

No todos los prodigios de la ingeniería que homenajea la exposición han pasado a mejor vida. Algunos, incluso, salieron de nuestras fronteras. “No deje de montar en el Whirlpool Spanish Aerocar. La auténtica belleza del remolino y los rápidos del río Niágara ahora se abren para los amantes de la naturaleza gracias al Spanish Aerocar, que cruza una distancia de 539,5 metros, se aproxima a 46 metros del agua y ofrece unas vistas magníficas del entorno”.

Ese Spanish Aerocar no es otro que el famoso teleférico que el español Torres Quevedo construyó para cruzar el río Niágara. El cable de este ingenio, que cumplió un siglo en funcionamiento hace un año, ha llevado sin problemas a más de 10 millones de turistas desde entonces. El tiempo ha validado el diseño del infravalorado ingeniero cántabro. Las buenas ideas siempre sobreviven a sus creadores.

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