la cartografía como herramienta política

El mundo pixelado de Google Earth: los intereses e injusticias ocultos en sus mapas

Las zonas más desfavorecidas del planeta pueden aparecer en los mapas virtuales con franjas borrosas y nombres que difieren de su pronunciación en el idioma local

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Durante el siglo XIX, especialmente en torno a la celebración de la Conferencia de Berlín, las potencias europeas pugnaban por delinear y colorear a su antojo sus territorios en los mapas de la época. Era así como plasmaban sobre las cartas la huella del colonialismo sin tener muy claro lo que había realmente en el pedazo de tierra que delimitaban las fronteras artificiales, más allá de los animales que los exploradores habían avistado en alguno de sus viajes.

Aquellos mapas, dibujados por un puñado de cartógrafos occidentales, reforzaban el sentimiento de poder de los europeos. Aunque por entonces pudieran entenderse como obras objetivas e imparciales, se ven desde la distancia secular como claras representaciones subjetivas, influidas por la ideología e incluso con cierto toque fantástico (por las extrañas criaturas que solían mostrar).

“Desde hace siglos, la cartografía es una herramienta muy útil para fines políticos o comerciales”, explica a Teknautas Iván Sánchez, experto en geoinformática y responsable del proyecto Open Street Map en nuestro país. Sánchez ha colaborado también con el Humanitarian OpenStreetMap Team (HOT), una iniciativa dedicada a elaborar mapas geoespaciales para ayudar a ONG y Gobiernos a responder a crisis y desastres humanitarios en las zonas menos favorecidas del globo.

Aunque los mapas virtuales que hoy podemos consultar en internet distan mucho de aquellas rudimentarias cartas que reflejaban territorios ignotos, los nuevos planos siguen exhibiendo diferencias económicas y políticas entre países y los intereses de empresas y grandes potencias. Uno de los ejemplos más claros es Google Earth: aunque el protagonista de la película ‘Lion’ –basada en la historia real del empresario de origen indio Saroo Brierley– consiguió encontrar la remota aldea india donde había nacido a través de la plataforma, tuvo que emplearse a fondo durante años y, aun así, dio con ella gracias a la suerte.

No toda la superficie del país asiático aparece con claridad en Google Earth y los nombres de muchas aldeas están registrados con su forma inglesa, diferente de su forma fonética en hindi y otras lenguas locales. La plataforma del gigante de Mountain View aún tiene limitaciones, muchas de ellas relacionadas con la escasa penetración de internet en los países en desarrollo, la dificultad para realizar campañas para recoger datos de imagen de zonas remotas y la reticencia de sus Gobiernos a contribuir con la expansión del poder del ojo que todo lo ve.

Imagen de un área cercana a Balarampur, una población de Bengal Occidental, al oeste de la India (Fuente: Google Maps/Google Earth)
Imagen de un área cercana a Balarampur, una población de Bengal Occidental, al oeste de la India (Fuente: Google Maps/Google Earth)

En 1947, después de que la India dejase de pertenecer a Reino Unido, el país se dividió en distintas regiones y se produjeron grandes migraciones tanto dentro del territorio como a zonas adyacentes como el actual Pakistán. Muchas de ellas tuvieron como resultados miles de muertes y tierras abandonadas. Las diferentes comunidades se dividieron según las fronteras que los británicos habían establecido, surgiendo gran número de pequeñas aldeas que no tienen nombre inglés.

Intencionadamente o no, los modernos mapas virtuales como Google Earth perpetúan este legado colonialista y las desigualdades entre los pueblos situados en España o Estados Unidos y las pequeñas poblaciones de áreas remotas en India o África.

Pero las diferencias no solo existen en internet: los países occidentales tienen, en general, una cartografía más completa que aquellas zonas del planeta en vías de desarrollo. ¿El motivo? Que “no hay negocio”, indica Sánchez. Pone como ejemplo el arduo trabajo que realizaron en HOT tras el devastador terremoto que asoló Haití en 2010. “Aunque la cartografía es igual de útil para salvar vidas cuando un tornado alcanza la costa de Miami, Cuba o Haití, la cartografía es mejor en Estados Unidos sencillamente porque hay más intereses comerciales allí y se dedican más recursos”, explica el desarrollador geoespacial.

Al igual que infraestructuras como carreteras y vías de ferrocarril se construyen en base a “intereses políticos y comerciales”, con los mapas ocurre algo similar porque “la cartografía en el fondo no deja de ser una infraestructura más”, dice Sánchez.

Tiempo y dinero para procesar imágenes

Las imágenes utilizadas por Google –y otros como Apple o Nokia– para elaborar sus servicios de mapas son ortofotos, “fotografías con la perspectiva corregida digitalmente para que aparenten estar hechas desde arriba, independientemente del detalle de la foto”, detalla Sánchez. Las originales, aún sin modificar, proceden de satélites de teledetección, nanosatélites, avionetas, globos aerostáticos o drones.

“Alquilar tiempo de satélite o volar avionetas cuesta dinero”, advierte el desarrollador, dos variables que en los países con menos recursos se invierten primordialmente en otros objetivos. Lo mismo que filtrar las que no sirven (como las que tienen nubes), procesar las útiles, combinarlas, corregir los defectos y toda una serie de procedimientos que también “cuestan tiempo y dinero” a los Gobiernos, que luego venden una copia de las ortofotos a las empresas responsables de los mapas virtuales que podemos encontrar en internet.

Vista de la región de Jammu y Cachemira en Google Maps al acceder a la plataforma desde España (Fuente: Google Maps)
Vista de la región de Jammu y Cachemira en Google Maps al acceder a la plataforma desde España (Fuente: Google Maps)

Vista de la región de Jammu y Cachemira en Google Maps al acceder a la plataforma desde la India (Fuente: Google Maps)
Vista de la región de Jammu y Cachemira en Google Maps al acceder a la plataforma desde la India (Fuente: Google Maps)

Por otro lado, en los mapas virtuales “puedes tener diferentes versiones de la verdad digital”, explicaba Steven Feldman, director de geo.me (un servicio aliado de Google Maps) y miembro de la Open Source Geospatial Foundation, durante la última conferencia de la organización. Es por eso que las fronteras que aparecen en los mapas de Google no siguen el mismo recorrido a ojos de un usuario que accede a las plataformas desde un país u otro. Esto ocurre, por ejemplo, con los límites de las regiones indias de Jammu y Cachemira (reclamada por Pakistán) y el norte de Arunachal Pradesh, donde se encuentra la disputada frontera con China.

Pero además de las disputas fronterizas, la falta de imágenes en Google Earth o la calidad de las mismas también es consecuencia de la reticencia del Gobierno indio a que el gigante de Mountain View muestre ciertas zonas del país. Las autoridades pidieron a la multinacional que pixelase ciertas instalaciones sensibles por miedo a que sirvieran para planear ataques terroristas.

Google acaba de lanzar una renovada versión de su servicio de mapas en tres dimensiones, que incluye incluso un simulador virtual de vuelo. Sin embargo, mientras que ningún europeo tendrá problemas para probarla, en la India Google Earth todavía no está disponible a través de la aplicación de Google Maps.

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