derrotada por un sobre de kétchup'

He llevado una semana la misma camisa antimanchas y antiolor, y es un inventazo

La ropa hidrofóbica como la que fabrica la española Sepiia promete aguantar cafés, salsas y olores... ¿Será verdad?

Foto: Derramando el café. (Ernesto Torrico)
Derramando el café. (Ernesto Torrico)

Nunca pensé que diría esto con orgullo, pero he llevado la misma camisa durante siete días seguidos, fin de semana incluido. No, no he cambiado mi aspiración de ser un vago moderno por la de ser un guarro moderno. Se trata de una camisa con un tratamiento especial que, según prometen sus fabricantes, resiste las manchas, las arrugas y los olores. El sueño para alguien que no sabe planchar, viaja mucho y se derrama encima bastante cerveza. Comprobemos si es verdad.

La ropa hidrofóbica lleva entre nosotros algún tiempo, pero gracias al surgimiento de nuevos materiales, vuelve a estar de moda. La marca escogida para la prueba es Sepiia, una 'startup' española. Decido dividir mi experimento en dos: un 'maratón' con una semana de uso normal —que abortaré en cuanto alguien arrugue la nariz en el ascensor— y unos '100 metros lisos' en los que me ducharé con todo lo que pille por la cocina.

La camisa llega en una caja pequeña, como vacilando por el hecho de que no se arrugue. En una especie de broma, parece que solo les quedaba el estampado más 'original' disponible, aunque tras acostumbrarme lo he ascendido a la categoría de 'ponible'. Mis compañeros, no sé si con sinceridad o con pena, han accedido a darme la razón. Empieza mi aventura.

No he logrado que huela a tabaco, pero la marca advierte de que sí es posible que coja olores fuertes como el humo del cigarrillo

El primer día la llevo con cuidado, por costumbre pero también por miedo. Solo soy capaz de definir el tacto de la tela como 'raro' y la mayoría de gente me pregunta al tocarla si da calor. El material transpira sorprendentemente bien: dudo que sea compatible con el verano madrileño, pero no creo que me ase a pesar de las altas temperaturas de estos días.

Al día siguiente, al despertarme y ver que ni huele ni se ha arrugado —y eso que la dejé en el sofá hecha un gurruño—, me vengo muy arriba. Una semana de uso normal servirá para probar la resistencia a las arrugas y los olores, pero para mancharme voy a tener que hacer trampas.Tras el desayuno, voy al fregadero y me salpico con un poco del café sobrante. El líquido resbala como las palabras de un padre en los oídos de su retoño adolescente. Me siento como Peter Parker al descubrir sus poderes. Soy inmortal, nada ni nadie puede vencerme.

He llevado una semana la misma camisa antimanchas y antiolor, y es un inventazo

Llega el fin de semana y, para horror de mi pareja, me pongo la camisa día y noche. ¿Ir al Mercadona? Camisa. ¿Un paseo por el centro? Camisa. ¿Cena la noche del sábado? Camisa. ¿Salir de fiesta? Camisa. Por suerte, los garitos infestados de humo ya son cosa del pasado, pero como considero que la resistencia al humo del tabaco es un punto importante, solicito a amigos y conocidos que me 'fumen encima'. No huele a cigarrillo, pero confieso que no he podido probar esto tanto como me hubiera gustado porque no fumo. Además, desde Sepiia me aseguran que con el tiempo sí acumula olores fuertes como el del tabaco. Tiene sentido si tenemos en cuenta que el tratamiento antiolores es en realidad antibacteriano, pues son los microorganismos los responsables del 'olor a tigre'.

Tras siete días seguidos con la camisa, sigue tan planchada como el primer día y no huele a nada, a pesar del calor y las cervezas derramadas

Durante la noche del sábado también tengo mi primer accidente real con una cerveza. Nada. Me despierto el domingo y repto hasta la camisa para ver si está en mejor estado que su dueño. No huele a nada, tampoco veo ninguna mancha. Ha sobrevivido. Por la noche se cumplen cuatro días del experimento y pienso que, aunque todavía no haya probado a fondo el antimanchas, solo por el hecho de resistir tan bien el sudor y las arrugas ya vale la pena.

El lunes vuelvo al trabajo con la misma camisa, ya un poco paranoico. Aunque siga perfecta —y yo bien duchado, aquí lo dejo escrito—, me siento un poco sucio. Llamo a la empresa con una pregunta que me ha rondado todo el fin de semana por la cabeza: "Oye, pero esto cada cuánto se lava". Al otro lado del teléfono se ríen. La respuesta: "Cuando sea necesario, como los vaqueros". Me aseguran que la han probado durante más de 15 días sin problemas. Yo no pienso llegar tan lejos, me lo tendré que creer.

Otra cosa que comienza a preocuparme es que mis compañeros de trabajo piensen que soy un guarro —"¿No lleva Sergio esa camisa desde hace cinco días?", me parece oír por los pasillos—, así que aprovecho cualquier conversación para dejar claro que todo es un experimento y que llevo los calzoncillos bien limpios. Durante la hora de la comida me preguntan cada día cómo va la prueba y algunos, con gran amabilidad, me tiran Coca-Cola, cerveza y café por encima.

Llegó la hora de la verdad. "El tratamiento antimanchas que lleva esta camisa está pensado para repeler las manchas más comunes: cafés, zumos, salsas y vinos", pone en la tarjeta que acompañaba a la camisa. También incluye, como los Gremlins, tres excepciones: líquidos muy calientes, con mucho azúcar, alcohol o aceite y a distancias de más de 15 cm. Yo lo voy a probar todo.

Café con mucho azúcar, Coca-Cola, vino blanco, kétchup del Burger King, salsa de soja y, de postre, un vasito de aceite de oliva virgen extra. Es el menú que preparamos para manchar de una vez por todas la camisa. Por motivos de seguridad, me niego a probar lo de los "líquidos muy calientes", pero entiendo que si te derramas un café hirviendo, las manchas son el menor de tus problemas.

El café, la Coca-Cola y el vino no dan problemas, pero tampoco lo esperaba porque ya había probado estas bebidas en los días anteriores. El kétchup me sorprende, pero para mal: enseguida deja un redondel rojo, quizá no tan llamativo como en una camisa normal, pero bien visible. Intento quitarlo con papel, con agua y luego frotando en el baño pero nada, se queda de recuerdo. La soja al principio parece correr la misma suerte, pero al final no deja huella tras pasarle un poco de agua. El aceite, que pensé que iba a liarla parda, solo deja una mancha amarillenta en el dobladillo y un olor a ensalada en la camisa.

Por fin lo he conseguido. La camisa está manchada y huele a aceite y kétchup. Cuando llego a casa, la tiro victorioso en el cesto de la ropa sucia. Mañana toca camiseta nueva.

Conclusiones: algo cara, pero funciona

La camisa de Sepiia cumple lo que promete, pero no es barata: su precio cuando vuelva a estar disponible en agosto —de momento, se puede reservar— será de 80 euros. Los amantes de la moda quizá prefieran pagar lo mismo o menos por una camisa de marca, y otros comprar cuatro por ese precio. Sin embargo, es difícil no ver la utilidad de tener una prenda como esta en el armario. Resulta perfecta para viajes, sobre todo de negocios o largos, y es, como la ha bautizado mi compañero Jaume Esteve, "la camisa definitiva para salir de fiesta". También para aquellas personas que tengan problemas de sudoración o sean expertas en salpicarse durante la comida.

Aunque 80 euros es un precio elevado, si viajamos mucho, sudamos en exceso o somos patosos comiendo, no está mal tener una en el armario

Esta tecnología tiene un pero: tras varios lavados, el tratamiento pierde eficacia, pero se puede 'recuperar' planchándola cada tres o cuatro lavados o metiendo la prenda en la secadora. Aun así, nada es para siempre: según la empresa, la 'magia' tiene una duración "superior a 25 ciclos de lavado". Gracias a su resistencia, debería durarnos un par de años, siempre y cuando no la usemos los siete días de la semana como yo.

Manchar una camisa como esta no es imposible, pero en el uso diario resiste a la perfección olores y arrugas. Es con algunas manchas cuando parece tener más problemas, ya que aunque los líquidos como el café y el vino 'rebotan', las salsas más aceitosas como el kétchup sí pueden dejar marca. Por mi parte, solo por no tener que plancharla ya me resulta útil.

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