finalista al mejor ingeniero novel

La vida de una ingeniera en el Reino Unido del 'Brexit': "Prefiero no hablar en español"

Beatriz Olarte es ingeniera industrial, tiene 27 años y es de La Rioja. Ha quedado entre los finalistas a mejor ingeniero novel de Reino Unido, donde llegó en 2014

Foto: Beatriz Olarte en la ceremonia de entrega de los premios BEEA en Londres
Beatriz Olarte en la ceremonia de entrega de los premios BEEA en Londres

Beatriz Olarte descuelga el teléfono y pide un momento antes de empezar a hablar. Prefiere alejarse un poco de su puesto de trabajo antes de empezar a hablar en español porque es la única inmigrante del equipo y prefiere evitar cualquier situación que remarque esa diferencia entre ella y sus compañeros. No será la última vez que su condición de extranjera salga a relucir en la conversación porque es algo que condiciona su día a día desde que llegó en 2014.

No es un problema en el reconocimiento a su trabajo. Esta riojana de 27 años fue una de los tres finalistas al premio al mejor ingeniero novel dentro de los British Engineering Excellence Awards, que reconocen la innovación en el ámbito de la ingeniería de productos, materiales, diseños, profesionales, empresas y consultoras en Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte. Los premios los convocan las revistas NewElectronics y Eureka, y no tienen una dotación económica pero tampoco la necesitan: solo quedar entre los nominados finales sirve para que todas las empresas de ingeniería de Reino Unido conozcan tu nombre.

Su trabajo se centra en la automatización de procesos industriales para hacer la producción más eficiente y sin errores. "Las empresas nos plantean las mejoras que necesitan, por ejemplo, reducir el número de errores humanos en su cadena de fabricación, y nosotros buscamos cómo convertir los procesos manuales en automáticos para solucionar esos errores, acelerar la producción, etc". En Reino Unido nunca le ha faltado trabajo, pero desde los premios, se la rifan.

"Mi primera empresa aquí quebró"

Olarte estudió ingeniería industrial en la Universidad de Zaragoza, y después un máster en ingeniería biomédica. Hizo prácticas en una empresa española de electrodomésticos, donde trabajaba investigando en mejoras antibacterianas para los aparatos, pero ese periodo le dejó una impresión descorazonadora de sus perspectivas laborales en España. "Los becarios allí eran casi como 'post-its', de usar y tirar".

El jurado estaba un poco dividido por esto: algunos querían promover la integración y otros mostraban más preferencia por los nominados ingleses

Así que decidió emigrar y probó a buscar trabajo en varios países europeos. Reino Unido fue su destino. Allí vive desde que salió de España en el verano de 2014, y aunque siempre ha tenido trabajo, tampoco fue todo tan fácil. "Mi primer trabajo aquí fue en una empresa que quebró poco después e hizo un ERE", explica. Sin embargo, pronto encontró empleo en otra compañía del mismo sector.

Fue en este segundo puesto cuando decidió presentarse a los premios. "Vi la convocatoria y pregunté en mi empresa si alguien quería presentarse, porque también hay categorías por equipos. Nadie pareció interesado, así que preparé una presentación con mi experiencia y proyectos, y la envié". El jurado la eligió entre los tres finalistas junto a Christopher Bellamy, ingeniero de Jaguar Land Rover, y Luke Hubbard, de Orb Electrical Steel. Ella es por tanto la única mujer, y la única no británica. "Creo que el jurado estaba un poco dividido por esto. Por un lado, algunos querían promover la integración de los inmigrantes, mientras que otros mostraban más preferencia por los nominados ingleses".

Los problemas de ser inmigrante

Su origen también pareció molestar a muchos de sus excompañeros. "Me decían que no cumplía el primer requerimiento para presentarme, porque es un premio a la excelencia de la ingeniería británica". La sensación de no sentirse bien acogida, junto a la negativa de sus jefes de otorgarle mayores responsabilidades laborales, que ella se consideraba más que preparada para asumir, llevaron a Olarte a aceptar una oferta de empleo llegada de otra empresa.

Londres es una ciudad cosmopolita, pero yo vivo en Chester-le-Street, en Durham, y aquí el ambiente es muy distinto

Los efectos del 'Brexit' están muy presentes en su vida. "Londres es una ciudad cosmopolita, pero yo vivo en Chester-le-Street, en Durham, y aquí el ambiente es muy distinto", cuenta. Ya era así en 2014 y la situación no ha mejorado. "Tanto yo como mi pareja somos inmigrantes, y por ejemplo, evitamos hablar en otro idioma por la calle porque te miran de otra forma".

Por eso, Olarte tiene claro que en algún momento se marchará de Reino Unido. Aunque las perspectivas laborales allí son muy buenas, echa de menos el sentimiento de pertenencia. "Aquí muchas veces sientes que no eres bienvenido".

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