su presencia en el agua afecta a la fauna acuática

Un invento español para detectar testosterona donde no debería estar

Miguel Hernáez ha recibido un contrato de la Unión Europea para seguir su investigación en Inglaterra. El objetivo: encontrar testosterona donde no debería haberla
Foto: Miguel Hernáez, de la Universidad Pública de Navarra, investiga en sensores para detectar testosterona
Miguel Hernáez, de la Universidad Pública de Navarra, investiga en sensores para detectar testosterona

Miguel Hernáez es ingeniero de Telecomunicaciones, investigador de la Universidad Pública de Navarra y trabaja para encontrar testosterona allí donde no debería haberla. La hormona masculina (que las mujeres también producen aunque en menor medida) es esencial para que nuestros cuerpos funcionen correctamente, pero también es un problema en determinados ambientes.

Uno de ellos es el deporte de élite. La testosterona es responsable de que los hombres sean más corpulentos porque estimula el desarrollo muscular. Por eso, algunos deportistas han intentado hacer trampas aumentando sus niveles de testosterona de forma artificial para conseguir más fuerza o resistencia. El Comité Olímpico Internacional incluye la testosterona en la lista de sustancias prohibidas, y es una de las que se buscan en los controles antidopaje.

Testosterona como contaminante

Pero también puede ser un problema medioambiental cuando se encuentra en el agua de lagos y ríos, un lugar en principio insospechado para encontrar testosterona. Diversas investigaciones en los últimos años han encontrado que a través de los sistemas de desagüe llegan a los lagos y ríos contaminantes procedentes de medicamentos y cosméticos. 

Alguien que utilice una crema con testosterona puede terminar llevando la misma cantidad de la hormona al agua que las secreciones naturales de 300 hombres

Algunos de esos contaminantes provienen de la orina de los pacientes: nuestro cuerpo solo procesa una parte de los medicamentos que tomamos, y el resto es expulsado de diversas formas. Otros se administran en forma de cremas o lociones y es al ducharnos cuando pasan al sistema de desagües. Según la Escuela de Medicina de Harvard, una persona que utilice una crema con testosterona puede terminar llevando la misma cantidad de la hormona al agua que las secreciones naturales de 300 hombres. 

El efecto sobre seres humanos de la contaminación de agua con hormonas aún no está claro porque no es un problema por el momento muy común. Sin embargo, sí hay investigaciones que señalan que la vida acuática sí sufre esos efectos: las poblaciones de peces ven alteradas las proporciones de machos y hembras y aumenta el número de individuos que presentan los órganos de ambos sexos. 

"Reduce la calidad del agua"

“Si se encuentra en el medio ambiente puede suponer una amenaza para la salud, ya que reduce la calidad del agua”, explica Hernáez. Por ese motivo, la Unión Europea, dentro del programa Horizonte 2020 le ha concedido un contrato Marie Curie de casi 200.000 euros para que desarrolle sensores de fibra óptica que detecten testosterona.

Se trata de un programa que promueve la movilidad de los investigadores entre las universidades europeas. Hernáez ha elegido la Universidad de East Anglia, en Reino Unido. Allí colaborará con Andrew G Mayes, de la Escuela de Química, el otro pilar de este proyecto que es un ejemplo de investigación interdisciplinar. “En principio, lo que hacemos los dos no tiene nada que ver, pero si lo juntas, obtienes aplicaciones que son muy útiles”. 

En principio, lo que hacemos los dos no tiene nada que ver, pero si lo juntas, obtienes aplicaciones que son muy útiles

Los sensores que Hernáez desarrollará en East Anglia estarán basados en el índice de refracción de algo llamado polímeros de impresión molecular. Los polímeros son grandes uniones de moléculas que, en este caso testosterona, incorporan algunas que siguiendo un proceso químico se volatilizan, dejando la huella de su forma en el polímero. 

La idea es que al encontrarse con testosterona, las moléculas rellenen esa huella que previamente dejaron. Eso cambiará el índice de refracción del polímero, con lo que el sensor de fibra óptica daría la señal y los investigadores sabrán que la hormona está presente en el agua que estén analizando. Pero el objetivo final, cuenta Hernáez es desarrollar un prototipo estándar con viabilidad comercial en el que el polímero pueda cambiarse para identificar muchos tipos de molécula diferentes que, como la testosterona, "no deberían estar ahí". 

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