Del lápiz de grafito al 'software'

Photoshop victoriano: así se retocaban las fotografías en el siglo XIX

Los fotógrafos de la época victoriana también podrían haber borrado los lunares de la imagen de la modelo Gigi Hadid: solo necesitaban un lápiz de grafito
Foto: Cortesía de la Biblioteca Pública de Nueva York
Cortesía de la Biblioteca Pública de Nueva York

A la modelo Gigi Hadid le han borrado los lunares en la portada de la última publicación de 'Vogue' en China. La marca de chocolatinas Snickers ha lanzado una campaña que invita a detectar los abusos de edición fotográfica de un anuncio para llamar la atención sobre esta práctica en publicidad.

No son los únicos casos: cada día surgen nuevos dedos acusadores que señalan retoques exagerados y antinaturales aplicados con Photoshop. Sin embargo, más allá de su uso indiscriminado, ¿a quién no le gusta salir bien en la foto, aunque sea con un poco de ayuda tecnológica?

El afán por mejorar la apariencia de los retratados, y de las imágenes en general, precede a la creación del programa –Photoshop vio la luz en 1990−, los filtros de Instagram y el nacimiento del término postureo. Los fotógrafos del siglo XIX ya modificaban sus obras, aunque con métodos más complejos; sin pantallas ni ratones de ordenador. El Photoshop de la época victoriana era bastante rudimentario.

Además de pintar el cielo, también añadían luz u oscurecían ciertas áreas de la imagen alterando las láminas de vidrio

“Las primeras imágenes que se conocen de 1840 se retocaban para compensar la incapacidad de capturar todos los colores”, explica a Teknautas Mark Osterman, un experto en historia de la fotografía que trabaja en el Museo George Eastman (Rochester, Estados Unidos), considerado el museo de fotografía más antiguo del mundo.

Cortesía de Tony Richards
Cortesía de Tony Richards

Por ejemplo, dada la alta sensibilidad de los negativos al azul y el blanco, las nubes no se distinguían en el cielo. ¿La solución? Eliminar esa parte de la foto y dibujarla desde cero. “Se tapaban completamente utilizando una pintura acuosa hecha con goma arábica y óxido de hierro en polvo para conseguir un cielo completamente blanco”, señala Osterman.

Algunas veces, utilizaban un negativo obtenido durante las horas de menos luz –evitando así los efectos de la sobresensibilidad− para plasmar las nubes en una segunda impresión de la imagen. 

Estos retoques se realizaban directamente sobre los negativos, que poco tienen que ver con los actuales. Se obtenían casi siempre utilizando la técnica del colodión húmedo. El colodión no es más que una solución química que incluye nitrocelulosa y alcohol, con la que se cubría una placa de vidrio. Mientras esta aún estaba húmeda, se añadía una solución de nitrato de plata y se colocaba en la cámara de fotos.

Una vez tomada la fotografía, las placas se llevaban a una habitación oscura y se trataba químicamente para extraer la imagen en negativo. Y ahí es donde los fotógrafos victorianos se esmeraban para retocar las instantáneas.

Herramientas: papel y lápiz

Además de pintar el cielo, también añadían luz u oscurecían ciertas áreas de la imagen alterando las láminas de vidrio. “Se aplicaba un abrasivo ligero a la parte barnizada y se raspaba después la superficie con un lápiz de grafito para darle densidad”, indica Osterman. Un método utilizado, por ejemplo, para acentuar la zona de la mandíbula o los pómulos.

“También se pegaba papel de seda en la parte trasera y se empleaba polvo de grafito al papel para retener la luz”, describe el historiador, con lo que aumentaban la luminosidad de esa parte de la fotografía.

(Wikipedia)
(Wikipedia)

Incluso tenían un método para conseguir el efecto Gigi Hadid: “Cubrían las pecas o los lunares con grafito en los negativos [donde aparecían en blanco], para hacerlos desaparecer de las caras en la fotografía impresa”, explica el historiador. Aunque en las placas, los rostros se quedaban con ese extraño aspecto, repletos de rayas y marcas.

Cubrían las pecas o los lunares con grafito en los negativos para hacerlos desaparecer de las caras en la fotografía impresa

Las instantáneas se imprimían en copias de papel a la albúmina, una técnica para la que se utilizaba, como su nombre indica, albúmina, una proteína abundante en la clara del huevo. Osterman nos dice la receta: “Se separa la clara de la yema, se añade cloruro amónico a las claras hasta conseguir espuma”. Después, se deja reposar hasta obtener un líquido, y se usa para recubrir el papel fotográfico.

“El papel se sensibiliza primero con una solución de plata y nitrato, que se deja secar en la oscuridad”, prosigue el experto. A continuación, la lámina cubierta con el barniz se coloca en un marco especial en contacto con el negativo y se expone a la luz del Sol.

Fotógrafos como el británico Tony Richards siguen aplicando estas intrincadas técnicas en algunas de sus colecciones y Osterman imparte talleres en el museo para enseñar el proceso a los interesados. El resultado tiene su encanto, pero Photoshop le ha ganado definitivamente la carrera de la edición fotográfica.  

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