caída desde el 4 de enero sin explicaciones

La silenciosa muerte de Fotolog se lleva a la tumba nuestros recuerdos adolescentes

Una de las primeras redes sociales más antiguas ha desaparecido de internet sin previo aviso. Sea definitivo o no, demuestra la volatilidad de los datos y fotografías que intentamos conservar en la nube
Foto: DEP Fotolog
DEP Fotolog

Fotolog ha muerto. La red social lleva caída desde el lunes sin visos de volver y sin que a nadie parezca importarle. Este abuelo digital nacido en 2002 ha pasado a mejor vida junto a sus más de 200 millones de fotos (según los desactualizados datos de 2007). Con su desaparición, inesperada pero esperable, 33 millones de usuarios han perdido los recuerdos que compartieron en el diario online durante más de una década.

Antes de Facebook, los sentimientos adolescentes volaban en Fotolog. Antes de Instagram, el deseo de compartir nuestras vidas mientras cotilleábamos las del resto reinaba en Fotolog. Antes de Snapchat, los más jóvenes compartían selfies en Fotolog sin conocer esta palabra. El periodista y autor de Internet Safari, Noel Ceballos, definía esta red social en septiembre como "la canción agridulce de los que inventaron el futuro y ahora no reciben ningún crédito por ello". La web auguró, en cierto modo, cómo nuestro Yo real compartiría algún día espacio con un homólogo digital.

Nos hemos acostumbrado a guardar nuestras vidas en la nube sin (querer) pensar en la posibilidad de perderlo todo algún día

A la espera de alguna explicación por parte de sus dueños, HiMedia, parece que millones de usuarios han perdido sus momentos. "Es raro y triste, mucha gente tendría ahí sus fotos y recuerdos en lugar de en un disco duro", comenta Ceballos a Teknautas. Fotolog, como Tuenti (2006) años más tarde, atraía a un público adolescente, por eso el periodista considera que allí todo es "más íntimo y personal" al formar parte del proceso de madurez. Los jóvenes actuales han perdido un medio de expresión, y los que eran jóvenes hace diez años han perdido parte de su vida.

La muerte de una red social es la muerte de nuestros recuerdos. Los contenidos que flotan en la nube se mantienen allí mientras esta siga flotando, pero luego desaparecen si el fin llega sin previo aviso. MSN Groups (1995-2009) y GeoCities (1994-2009) sí dieron a sus usuarios la posibilidad de guardar sus contenidos antes de apretar el botón rojo.

File photo of a photo illustration with 3D plastic representation of the Facebook logo in front of displayed logos of social networks in Zenica
File photo of a photo illustration with 3D plastic representation of the Facebook logo in front of displayed logos of social networks in Zenica

La inmensa cantidad de datos perdidos con el cerrojazo forma parte de la historia de internet, además de la de millones de individuos. Blogs, artículos periodísticos, fotografías, documentos, canciones... Nos hemos acostumbrado a guardar nuestras vidas en la nube sin (querer) pensar en la posibilidad de perderlo todo algún día. Las vacaciones que compartimos en Instagram, los videojuegos que guardamos en Steam, las canciones que compramos en iTunes y hasta nuestra colección de cartas de Hearthstone están a merced de que la situación financiera de sus respectivas empresas permita continuar manteniendo los servidores durante toda la eternidad.

La protored social auguró, en cierto modo, cómo nuestro Yo real compartiría algún día espacio con un homólogo digital

Ceballos considera esta postura algo paraonica y apocalíptica: "Mis amigos siempre me recuerdan que no poseo realmente los cómics que guardo en Comixology, y que el día menos pensado los perderé". El periodista considera la situación de Fotolog una "excepción absoluta" y tampoco descarta que todavía vuelva para dar una última oportunidad a los usuarios de recuperar sus fotografías.

Fotolog falleció el 4 de enero, pero nadie pareció enterarse hasta tres días más tarde. Irónicamente, tras años sin pensar siquiera en esta web, muchos usuarios lamentaban su pérdida a través de las redes sociales por las que abandonaron el blog fotográfico. Se había convertido en ese álbum de fotos comprometedoras que guardamos en un cajón olvidado sin intención de mirarlo nunca más, pero aun así fastidia perder esa parte de nuestra juventud.

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