¿Qué método es el más efectivo?

¿Fuego? ¿Martillazos? Cómo destruir un disco duro sin dejar información recuperable

Un buen golpe o una llamarada causan estragos en los platos de un disco duro, pero no siempre los destruye. Un experto en seguridad informática nos da la receta para eliminar los datos para siempre
Foto: (Foto: Beltran Nudelbach. Flickr, bajo licencia Creative Commons)
(Foto: Beltran Nudelbach. Flickr, bajo licencia Creative Commons)

En uno de los capítulos de la serie Mr. Robot, un paranoico Elliot Alderson, el 'hacker' que la protagoniza, decide eliminar la comprometedora información que guarda sus discos duros. A Alderson no se le ocurre formatearlos, sino que se decanta por un método más drástico: taladrarlos (también mete un par de tarjetas de memoria en el microondas).

La idea no es para nada disparatada, porque, para garantizar que los datos de un disco duro desaparecen de la faz de la Tierra, hace falta algo más que una reordenación y limpieza informática. Quizá, incluso, el 'hacker' se quedara corto. ¿Hubiera sido mejor echárselos a los peces? ¿Quemarlos? ¿Arrojarlos por la ventana de un quinto piso? ¿Colocar un potente imán cercanbsp;

Aunque no todas las agresiones resultan igual de efectivas, cada estrategia tiene unas consecuencias que Lorenzo Martínez, experto en seguridad informática y director técnico de Securízame, ha explicado a Teknautas.

Los martillazos tienen un efecto variable. No es lo mismo si el dispositivo estaba funcionando cuando le damos el porrazo que si permanecía desconectado

“Lo normal es que no le sienten bien los chapuzones”, nos dice Martínez cuando le preguntamos qué pasa si sumergimos en agua un disco duro. Los dispositivos tradicionales (los que no son SSD, discos en estado sólido) están compuestos por elementos mecánicos: al menos un motor que hace rotar los platos o discos, y los cabezales que leen y escriben sobre su superficie magnéticamente. 

Pese a estar recubiertos por carcasas fabricadas con aleaciones de plomo, que mantienen hermético el mecanismo, “la electrónica y los conectores quedan al aire por la parte de abajo”, asegura el experto, así que no presagia un buen futuro para los bañistas.

Entonces, ¿el líquido estropea el dispositivo para siempre? Recubrirlo de arroz no va a servir de nada, pero lo cierto es que, algunas veces, la información (o parte de ella) aún podría recuperarse, siempre que los platos no hayan sufrido demasiados daños.

Captura de pantalla de la serie 'Mr. Robot'. (Imagen: USA Network)
Captura de pantalla de la serie 'Mr. Robot'. (Imagen: USA Network)

“Hay empresas que cuentan con cámaras blancas [habitaciones con temperatura, humedad e higiene especiales] y discos duros ‘donantes’ que permiten intercambiar parte de los mecanismos que no se han roto, para obtener los datos y volver a guardarlos”, indica Martínez.

En el caso del fuego, también depende de lo que se haya quemado: si solo han ardido la carcasa y la electrónica o también lo han hecho los platos. “Si el tiempo de exposición es el suficiente para destrozar los discos, ya puedes tener un buen backup”, advierte el director técnico de Securízame.

A base de golpes

También los martillazos y golpes tienen un efecto variable. No es lo mismo si el dispositivo estaba funcionando cuando le asestamos el porrazo que si permanecía desconectado y el lector, por tanto, en posición de seguridad.

“Un disco mecánico gira a miles de revoluciones por minuto, así que el daño puede ser ínfimo o muy grande”, explica Martínez. Los impactos hacen que los cabezales se acerquen demasiado a los platos, los rayen y “fin de lo que haya guardado ahí”. Algo similar ocurre si decidimos arrojarlo por la ventana de un quinto piso: “Depende de dónde caiga, cómo caiga…”, indica el experto.

En realidad, una vez desprovistos de su caparazón, los discos son sensibles a cualquier agresión externa. “Roces mínimos o pelusas atraídas por electricidad estática influyen en la integridad de la información almacenada”, asegura Martínez.

(Foto: Techmsg. Flickr, bajo licencia Creative Commons)
(Foto: Techmsg. Flickr, bajo licencia Creative Commons)

Así, sin su carcasa, frotar un imán contra la superficie de los platos también causaría estragos. Uno muy potente los dañaría incluso con la cubierta: “Es una manera homologada de hacerlo, aunque confío más en la destrucción física”, aclara el experto.

“Gracias a la evolución de la tecnología, los discos duros de los ordenadores son más resistentes y algunos tienen hasta airbags para amortiguar caídas”, prosigue. Las máquinas de entornos industriales, por ejemplo, están preparadas para soportar grandes presiones.

En los SSD, la información se almacena en una memoria compuesta por semiconductores (carecen de platos). Son más rápidos y resistentes, pero una vez han sufrido un daño contundente que haya destruido alguna celda, los datos quedan inaccesibles.

El mejor método es lijar la superficie y taladrar el disco completo. Y si después se quema, mejor que mejor

Para Martínez, los formateos exhaustivos, en los que se llevan a cabo varias pasadas, son suficientes “porque se sobreescribe la información”. Sin embargo, la destrucción física proporciona la garantía definitiva.

Alderson no se equivocaba, pero le faltó un paso para causar un destrozo irreversible. La receta del desastre, según el experto de Securízame, es la elegida por los servicios de inteligencia británica para borrar de los ordenadores de The Guardian la información de la NSA filtrada por Edward Snowden, descrita por uno de sus corresponsales en The Snowden Files: The Inside Story of the World's Most Wanted Man. “El mejor mecanismo para hacer irrecuperable la información de un disco duro es lijar la superficie y taladrar el disco completo”, explica Martínez. Y si después se quema, mejor que mejor. 

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