afrontar el cambio climático o los conflictos político

Una nueva computación: inteligencia humana y artificial para salvar al mundo

La capacidad de calculo de las máquinas y nuestra habilidad para la abstracción creativa pueden ser las claves para entender y solucionar problemas complejos y cambiantes que nos preocupan hoy en día
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La combinación de inteligencia humana y artificial puede ser justo lo que necesitamos para resolver los problemas más complicados que tiene la humanidad, como el cambio climático o los conflictos geopolíticos que llevan décadas enquistados, según los investigadores del Instituto de Computación Humana y la Universidad de Cornell. 

En un artículo publicado en Science, los autores presentan una nueva visión de la computación humana (o crowdcomputing) que va más allá de los límites tradicionalmente concebidos, y afronta problemas difícil que hasta hace poco estaban fuera de su alcance.

Los humano superan a las máquinas en muchas cosas, desde el simple reconocimiento de patrones hasta la abstracción creativa. Con la ayuda de los ordenadores, estas habilidades cognitivas se pueden combinar de forma efectiva en redes colaborativas multidimensionales que pueden conseguir lo que los mecanismos tradicionales de resolución de problemas no podían. 

Más allá de las 'microtareas'

Muchos de los sistemas de computación colectiva que existen en la actualidad están basados en el envío de microtareas a muchos individuos distintos para luego combinar los resultados remitidos. Por ejemplo, unos 165.000 voluntarios han analizado miles de imágenes para ayudar a construir el mapa de las neuronas retinales humanas más completo hasta la fecha. 

Hace falta una aproximación diferente para resolver esos problemas, que implican muchos sistemas que cambian continuamente e interactúan entre sí

Pero el enfoque de las microtareas por sí solo no puede afrontar muchos de los grandes desafíos que se nos plantean hoy, aseguran los investigadores. Hace falta una aproximación radicalmente diferente para resolver esos problemas, que implican muchos sistemas que cambian continuamente e interactúan entre sí, y cuyas acciones tienen consecuencias imprevisibles (por ejemplo, la corrupción aparecida como resultado de la ayuda financiera distribuida tras un desastre natural).

Las nuevas tecnologías de computación humana pueden ayudar. Técnicas recientes proporcionan acceso en tiempo real a datos aportados de forma colectiva, donde las contribuciones individuales pueden ser procesadas por un ordenador y enviadas al siguiente colaborador para que las mejore o las analice de forma diferente. Esto permite construir entornos de colaboración más flexibles, que pueden afrontar mejor las cuestiones más complicadas.

Conservación y alzhéimer

La idea ya está tomando forma en varios proyectos, incluido YardMap.org, lanzado por la propia Universidad de Cornell en 2012 para recopilar todos los esfuerzos de conservación, territorio a territorio.

 

"Al compartir y observar las distintas prácticas en una red social basada en un mapa, la gente puede relacionar sus esfuerzos individuales con el potencial de los paisajes a nivel global", explica Janis Dickinson, profesor y director de Ciencia Ciudadana del Laboratorio de Ornitología de Cornell.

TardMap permite a los participantes interactuar y construir sobre el trabajo de los demás, algo que el simple crowdsourcing no puede conseguir. El proyecto sirve como modelo para ver cómo estos sistemas con forma de red social creador de abajo a arriba pueden producir cambioes escalables en la forma en que gestionamos los entornos residenciales.

El Instituto de Computación Humana ha comenzado recientemente a utilizar la potencia de computación colectiva para avanzar en la investigación sobre el alzhéimer. El proyecto WeCuraAlz combina dos sistemas distintos de microtareas para crear un método de análisis interactivo que construye modelos de flujo de sangre en el cerebro de un ratón. Uno de los sistemas, que se utilizó para detectar rastros de polvo de un cometa en un millón de imágenes, está siendo adaptado para identificar vasos sanguíneos estancados, que después serán localizados con precisión en el cerebro.

"Al permitir a miembros del público general que jueguen a lo que parece un simple juego online, esperamos reducir el tiempo que tardaremos en descubrir un tratamiento de décadas a solo unos cuantos años", dice el doctor Pietro Michelucci, director del HCI y autor principal del artículo. "Esto da la oportunidad a cualquiera, incluidos los cuidadores y los pacientes en los primeros estados de la enfermedad, a participar activamente en la solución".

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