la trastienda de Raspberry Pi 2

Raspberry Pi Zero: así se fabrica el mini ordenador 'low-cost' de solo cinco dólares

Los creadores de la nueva Raspberry Pi Zero han conseguido que sea aún más barata que sus predecesoras. Estos reyes del ahorro tecnológico nos han contado su secreto
Foto: (Raspberry Foundation)
(Raspberry Foundation)

El modelo B del diminuto ordenador Raspberry Pi 2, que salió a la venta el pasado mes de febrero, cuesta alrededor de 32 euros; los de la primera versión son un poco más baratos: puedes conseguir el A+ por unos 20 euros. Pero ahora los de la fundación con fines educativos se han superado: su último desarrollo, la placa bautizada como Zero, vale poco más de cuatro euros y medio (cinco dólares).

Sus creadores anunciaron el lanzamiento a finales de noviembre y, como promoción de estreno, incluso la regalan con la revista que editan porque “la única cosa mejor que un ordenador de cinco dólares es uno gratuito”. 

El objetivo de reducir al máximo el coste es llegar a un público más amplio. Así lo explica a Teknautas Eben Upton, uno de los impulsores de la Fundación Raspberry: “Queremos que el precio no sea una barrera para que los jóvenes se inicien en la informática”. Lo han logrado, sin duda, pero ¿cómo se las han arreglado para eliminar 20 euros de la factura?

Lo primero fue plantearse cuáles eran las características mínimas para que su producto pudiera considerarse un “verdadero ordenador”. A partir de ellas, pensaron en un esquema inicial de su apariencia física y comenzaron a diseñar los prototipos (hay dos generaciones). 

“Le dimos un giro final para reorganizar algunos conectores y añadir una salida analógica de televisión. Después, empezamos con la producción”, describe Upton, informático y director técnico de la empresa de comunicaciones Broadcom

“El mayor desafío ha sido conseguir componentes de alta calidad a un coste razonable”, continúa. Para aplicar su filosofía low cost han recurrido, por un lado, a la economía de escala. En su opinión, es sencillo: “Si compras un volumen mayor, consigues mejores precios”.

Por otro lado, han jugado con los detalles del diseño. “Hemos eliminado todo lo que no era esencial”, prosigue Upton. Han prescindido de algunas piezas relacionadas con el control de energía por USB, salida de audio analógico y las conexiones para monitor y cámara.  

 Cortesía de Raspberry Foundation
Cortesía de Raspberry Foundation

El fin era disminuir el precio, incluso a costa de perder otros atributos. Mientras que la Raspberry Pi 2 B tiene un diseño orientado a optimizar su rendimiento, la Zero es más lenta. Tiene el mismo procesador (Broadcom BCM2835) y la misma memoria RAM (512 MB) que sus antecesoras, las Raspberry Pi 1.

En base a las especificaciones técnicas y a una lista inicial de materiales, Sony ha fabricado los dispositivos en Gales (Reino Unido). La empresa tecnológica ha comprado los semiconductores, conectores, las placas o PCB (de printed circuit board) y demás elementos a distintos proveedores. También ha propuestos algunos cambios, aceptados por la fundación siempre que la alternativa estuviera justificada.

Aunque el empleado de Broadcom admite que ha sido un reto, asegura que ellos lo tienen más fácil que alguien que parta desde cero. “Podemos hacer dispositivos más baratos porque tenemos grandes ingenieros y buenas relaciones con proveedores y distribuidores”, afirma.

Uno de los profesionales involucrados en el proyecto es Mike Stimson, que forma parte del equipo solo desde principios de año. Stimson nos explica que tardaron tres meses en pasar de los primeros esquemas a la producción. También trabajaba en Broadcom, donde hacía los chips BCM283x que llevan las Raspberry Pi. 

Gareth Halfacree (Flickr | Licencia Creative Commons 2.0)
Gareth Halfacree (Flickr | Licencia Creative Commons 2.0)

“Nunca había participado en un diseño de tan bajo presupuesto”, admite Stimson. Lo más difícil, en su opinión, ha sido mantener el pequeño tamaño de las PCB a pesar de utilizar tecnología low cost, pero se muestra satisfecho con el resultado: “Trabajar para una organización benéfica me parece muy positivo y los proyectos de la fundación siempre son un desafío”, asegura. 

Para Upton, el verdadero premio (a la vez que incentivo) es la respuesta de la gente. “Las cartas que recibimos de padres mostrándonos cómo sus hijos aprenden informática utilizando la tecnología de Raspberry Pi”, confiesa, “es lo que hace que sigamos adelante en los peores momentos”. 

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