el primer europeo en recibir el mayor premio Seymour Cray

El nuevo genio mundial de la supercomputación es un científico español

Ha sido el primero europeo galardonado con el premio Seymour Cray, el más importante en el campo de la supercomputación, una herramienta imprescindible para el avance de la ciencia

Foto: El nuevo genio mundial de la supercomputación es un científico español

"Un país que no computa es un país que no compite". Mateo Valero toma esta cita prestada para explicar de forma breve (y poética) por qué es tan importante el trabajo que se realiza en el Centro de Supercomputación de Barcelona, que él dirige. Valero, ingeniero de telecomunicaciones de formación, ha sido noticia esta semana por ser el primer europeo en recibir el premio Seymour Cray, el mayor premio de supercomputación del mundo, que muchos no han dudado en equiparar con el Nobel, el galardón científico por excelencia.

Valero agradece las felicitaciones por el logro y enseguida menciona a su equipo como los auténticos merecedores del reconocimiento. "Cuando trabajas durante mucho tiempo con mucha gente muy buena, consigues hacer grandes cosas. En el mundo actual, no hay nadie en ciencia que trabaje solo. Los más viejos recibimos los premios, pero son de todo el equipo y del todo el centro".

Cuando trabajas durante mucho tiempo con mucha gente muy buena, consigues hacer grandes cosas

La IEEE Computer Society le ha entregado este premio "en reconocimiento a sus contribuciones fundamentales en el campo de las arquitecturas vectoriales, procesadores superescalares, procesadores multithreaded y procesadores Very Long Instruction Word". Para cualquiera que no sepa mucho de supercomputación, se trata de una serie de conceptos sin sentido, así que lo primero que le pedimos es que nos explique qué ha hecho en realidad para que le den este premio. 

Los 'ladrillos' que construyen un supercomputador

El trabajo de Valero se encaja en el diseño de procesadores, en concreto, procesadores cada vez más rápidos. "Los cuatro que se mencionan en el premio son básicamente los cuatro tipos de procesadores que existen en el mercado. Por decirlo llanamente, son los cuatro ladrillos que se utilizan para hacer una casa, en este caso, un supercomputador". Valero explica que a lo largo de su carrera ha contribuido a mejorar los cuatro tipos.

Uniendo procesadores, continúa, se pueden crear computadores más potentes, y añadiendo cada vez más, supercomputadores, es decir, los computadores más rápidos del mundo. "En este caso, la unión hace la fuerza. Sumando procesadores sumas protencia de cálculo, y los procesos que antes llevaban hasta miles de horas, ahora podemos hacerlos en cuestión de minutos". Gracias a esa capacidad de cálculo, los supercomputadores son herramientas al servicio de la investigación y de la ciencia, permitiendo procesar ingentes cantidades de datos y ver, en forma de simulaciones, posibilidades antes inaccesibles.

Carmen Vela, Secretaria de Estado de Investigación, Josep M. Martorell, Director de Investigación de la Generalitat, y Mateo Valero, director del BSC.
Carmen Vela, Secretaria de Estado de Investigación, Josep M. Martorell, Director de Investigación de la Generalitat, y Mateo Valero, director del BSC.

Pone como ejemplo al científico español por excelencia: Santiago Ramón y Cajal. "Hizo sus descubrimientos porque tenía los mejores microscopios de la época y los mejores sistemas de tintado. Si no, su cerebro privilegiado no habría podido ver nada". 

Medicina, medio ambiente, energía...

Son equipos con los que el ciudadano de a pie no se cruza a menudo ("A no ser que vayas a un laboratorio donde haya uno, difícilmente vas a ver un supercomputador"), pero que se emplean ya en áreas tan distintas de la vida como la extracción de petróleo, la lucha contra el cambio climático o el campo de la medicina personalizada, sectores donde es necesario manejar mucha información al mismo tiempo.

En el caso de la medicina personalizada, explica Valero, la supercomputación es un factor imprescindible para su avance. "Hace unos años, el cuello de botella en las investigaciones en genómica era la capacidad técnica para secuenciar el genoma, para extraer los datos. Ahora, los genetistas saben cómo hacer esa extracción sin problema. Pero para que sea realmente útil, tenemos que poder manejar la gran cantidad de información que contiene el genoma de una persona y poder compararla con la de otros miles o millones de personas. Así que el cuello de botella pasó a ser la gestión de los datos". Para eso, continúa, hace falta seguir avanzando en supercomputación.

Hace unos años, el cuello de botella en la genómica era la capacidad para extraer los datos. Ahora, es la capacidad para gestionarlos

Un avance que continuará aproximadamente una década más, ensamblando transistores cada vez más pequeños y más rápidos, tal y como aventuró la ley de Moore a mediados de los años 60 ("donde entonces se ponía un transistor, ahora se pone un millón"). Pero en unos diez años, aventura Valero, se alcanzará el límite físico en la miniaturización de los transistores y habrá que buscar nuevos enfoques.

"Estamos utilizando cada vez menos átomos de silicio y nos estamos acercando a la escala cuántica. En tres generaciones, llegaremos al límite del silicio, y tendremos que buscar otra forma de construir procesadores. Un método es pasar del silicio al grafeno y los nantubos de carbono, y el otro, hacer computación no convencional: pasar de la computación binaria a la cuántica, o a la del ADN... explorar otros métodos."

"Los españoles no somos más tontos que nadie"

Unos métodos que harán falta porque la necesidad de ampliar la capacidad de computación seguirá rigiendo nuestro mundo como lo ha hecho en los últimos años. "La computación hace falta para absolutamente todo, prácticamente en cualquier ciencia o ingeniería", zanja Valero, y añade que "serán los países que cuenten con esa capacidad de computación los que hagan los descubrimientos del futuro". 

Solo hay que regar el paisaje para que aparezcan los brotes, pero también hay que cuidarlos para que no se sequen

Una cuestión que, como científico que quiere investigar en España y contribuir a la formación y el desarrollo de otros científicos, le preocupa. Asegura que tanto él como el centro que dirigen han sido afortunados durante los años de la crisis, sirviendo de "oasis en el desierto", en gran parte gracias a los fondos que reciben de proyectos europeos e internacionales, pero reclama un pacto de estado por la ciencia, una agencia independiente del poder político que se encargue de gestionar el presupuesto dedicado a I+D y unos gestores con visión a medio plazo.

"En España no somos más tontos ni más listos que nadie, pero nos va peor porque la educación y la ciencia no se cuidan. Solo hay que regar el paisaje para que aparezcan los brotes, pero también hay que cuidarlos para que no se sequen". 

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