generaría una industria propia

La guerra por encontrar la superbatería que cambiará el mundo

Una carrera entre China, Japón, Coreal del Sur y EEUU busca desarrollar una tecnología capaz de llenar las carreteras de coches eléctricos baratos y eficaces. Hasta 2040 podríamos dar tumbos

Foto: Una de las fábricas de Tesla Motors (Tesla)
Una de las fábricas de Tesla Motors (Tesla)

Silenciosas, planas y escondidas, pero casi tan necesarias como el agua corriente. Las baterías se han convertido en la pasión de Steve LeVine, profesor adjunto de la Universidad de Georgetown (EEUU), corresponsal de Quartz y autor de The Powerhouse. Este libro refleja los dos años en los que LeVine investigó, con una beca de la fundación New America, la carrera por inventar la superbatería que puede salvar el mundo.

The Powerhouse comenzó a escribirse durante la crisis financiera y ha sido publicado en un contexto completamente diferente. No sólo Estados Unidos se ha declarado oficialmente recuperado, con niveles de crecimiento y empleo previos a los de 2008, sino que la caída del petróleo desde junio de 2014 está provocando “una de las mayores transferencias de riqueza de la historia”.

Es un auténtico corrimiento de tierras. Por un lado, los países productores se hunden frente a la mirada tranquila de Occidente. El barril barato acorrala todavía más a Rusia, esquinada por la guerra en Ucrania, las sanciones internacionales y la fuga de capitales. Limita el poder regional de Venezuela, cuyo petróleo representa un 95% de sus exportaciones, y presiona a Irán para firmar un pacto nuclear con Washington a cambio de un alivio en las sanciones.

Si el barril de petróleo se mantiene en 50 dólares durante un año, los ingresos de los miembros de la OPEP descenderían en 590.000 millones de dólares. Por otro lado, los países consumidores se elevan con más dinero en el bolsillo. Los conductores de Estados Unidos ahorrarían 230.000 millones en llenar el depósito, lo que ya potencia el consumo en otros sectores, y los 28 vecinos europeos prevén crecer juntos por primera vez en ocho años gracias, en parte, al ahorro en crudo.

Steve LeVine maneja con alegría estos elementos, pues encarnan el pilar de su libro. “Observa cómo el petróleo de esquisto en los últimos seis meses ha sacudido la economía global”, asegura a Teknautas. “Si consigues una superbatería que sea en sí misma una industria y que genere la venta masiva de coches eléctricos, el impacto sacudiría a esos países (Rusia, la OPEP) y haría a los consumidores, Europa y Estados Unidos, más fuertes. Comprarían menos petróleo”.

Baterías de Nissan
Baterías de Nissan

¿Quién logrará la superbatería?

Gobiernos de todo el mundo quieren llenar de vehículos eléctricos sus calles. Alemania pretende pasar de tener 25.000 a un millón para 2020. Después de Noruega, Francia es el país que más coches eléctricos compra en Europa. El Gobierno financia estaciones de recarga y entrega 5.000 euros a quien compre un automóvil que contamine menos de 60 gramos de CO2 por kilómetro.

Una batería de nueva generación, duradera y fácilmente recargable, podría borrar el engorro de un plumazo. Tumbar el precio del coche eléctrico y cambiar de forma irreversible la economía global.

LeVine centra la mayor parte de su investigación en el Argonne National Laboratory, la punta de lanza norteamericana en la persecución de la superbatería. Un centro con financiación federal sobre el que gravitan cinco empresas, cinco universidades y otros cinco laboratorios.

Luego traza el perfil de los battery men, una casta selecta de expertos capaces de obrar el milagro. Desde John Goodenough, el padre de la batería original, que a sus 92 años sigue buscando la evolución moderna en la Universidad de Texas, hasta Wan Gang, el ministro chino de Ciencia y Tecnología. Gang abre el primer capítulo con una educadísima visita al laboratorio de Chicago para echar un ojo a estos hombres de las baterías que trabajan para EEUU.

“Hay una competición que llaman la guerra de la batería”, asegura LeVine. “Los países principales son China, Japón, Corea del Sur y Estados Unidos. Japón lidera la competición porque ha estado en ella desde hace más tiempo, y ya comercializó la primera batería de ión-litio en 1991 y el primer coche híbrido, el Prius de Toyota, en 1996”.

¿Cuándo?

El autor reconoce que el consenso, defendido con vigor por la industria del petróleo y grandes agencias de análisis, está contra los investigadores. Exxon Mobil, por ejemplo, no ve o no quiere ver traumas en el consumo a largo plazo. Estima que en 2040 el mundo tendrá el doble de coches que en 2010, nada menos que 1.700 millones. Dado que cada vehículo consumiría un 45% menos de gasolina, la producción de petróleo se mantendría sin cambios.

“Lo que veo me dice que esas predicciones no son correctas”, declara LeVine. “Están basadas en pensamiento lineal; hay que entender que vivimos en una edad de cambio rompedor, de sorpresas geopolíticas y económicas a todos los niveles. Los investigadores creen, son verdaderos creyentes, y también los países metidos en la competición. Puede ocurrir mañana, o tardar mucho tiempo”. La guerra de las baterías avanzará, hasta entonces, inexorable.

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