LOS NUEVOS DISEÑOS NO TERMINAN DE IMPLANTARSE

La batería, principal escollo para que arranque el coche eléctrico

La historia de una prometedora batería que al final quedó en nada, muestra las dificultades que tiene la industria automovilística para innovar en este sector
Foto: La batería, principal escollo para que arranque el coche eléctrico

Los vehículos eléctricos no terminan de arrancar en el mercado, con unas ventas pequeñas en proporción con el resto del mercado automovilístico. El motivo principal se encuentra en sus baterías, que todavía son demasiado caras y necesitan cargarse constantemente.

Cada semana se leen titulares sobre baterías que lo cambiarán todo, y que harán que nuestros smartphones y coches duren días y días sin depender de la red eléctrica. Y realmente un avance de ese calibre lo cambiaría todo, pero no llega, y no son pocos los prometedores proyectos que quedan en nada.

El periodista Steve LeVine explica en su libro The Powerhouse la historia de una de estas baterías que fueron olvidadas, según explica la revista MIT Technology Review. En 2012 se presentó una nueva batería, desarrollada por la startup Envia, capaz de almacenar el doble de energía. El proyecto fue anunciado por el jefe de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados en Energía (ARPA-E), Arun Majumdar, que aseguró que gracias a ella los vehículos eléctricos serían mucho más baratos: la batería necesaria para viajar de Madrid a Valencia sin recargar pasaría de costar unos 26.000 euros a 13.000 euros.

Desde la 'startup' Envia no comprendían cómo habían logrado estabilizar el inestable electrodo, que al final fue gracias a una contaminación fortuita

No es de extrañar que General Motors comprara la tecnología. Envia estaba lista para ganar cientos de millones de dólares gracias a su invento. Sin embargo, los ingenieros de la multinacional fueron incapaces de conseguir la batería que había prometido la startup. Todo quedó en un golpe de suerte.

Esta anécdota es sólo un ejemplo más que demuestra la dificultad de conseguir esa batería del futuro que tanto necesita la industria automovilística. Los pequeños avances que se han conseguido en los últimos años se deben al minucioso trabajo de las grandes compañías más que a revolucionarios descubrimientos de nuevas startups. El problema tras esta falta de resultados se debe a que todavía no se entiende bien cómo funcionan las baterías. Cambiar una parte puede parecer positivo, pero generar problemas que no se descubren hasta muchos años después.

Esto fue lo que le sucedió a Envia, que utilizó dos nuevos materiales, que no comprendían del todo, en sus electrodos. Uno de ellos variaba el voltaje de la batería hasta el punto de hacerla inservible. Daba la impresión de que la startup había solucionado el problema cuando anunció su tecnología en 2012, lo cierto es que no comprendían cómo habían logrado estabilizar el inestable electrodo. De hecho, al final todo fue debido a la contaminación fortuita de este material.

Un juego para empresas grandes

Aunque el caso de Envia quedara en nada, lo cierto es que desde 2008, las baterías de Tesla han reducido su precio a la mitad y aumentado su capacidad en casi un 60%. Esto ha sido posible porque la empresa de Elon Musk no ha tratado de utilizar nuevos materiales en las baterías de ion litio, sino que ha conseguido lentas mejoras en la fabricación e ingeniería de los dispositivos. Poca innovación, paso lento pero seguro.

Pero a pesar de todo estos avances son insuficientes. Tesla pretende conseguir vehículos que sean autónomos durante algo más de 300 km para el año 2017, una distancia que no cumple las expectativas de unos conductores acostumbrados a recorrer más de 550 km con sus tanques de gasolina. Y, por supuesto, está el tema del precio, que casi tripilica al de los coches tradicionales.

Para que el vehículo eléctrico alcance al de gasolina hará falta algo más que pequeños cambios de ingeniería en sus baterías. Probablemente, la innovación que lo consiga llegue de una startup con una visión radicalmente distinta, aunque en este campo las pequeñas empresas parece que no tienen muchas oportunidades. La lección que se extrae del fracaso de Envia es que el camino hacia la batería del futuro no puede recorrerse solo. Es necesario que la investigación de nuevos materiales vaya de la mano con la experiencia que tienen los fabricantes de baterías.

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