“Estamos en el año 1800, y por entonces es cuando se empieza a hablar de un pequeño invento llamado microscopio. Este invento permite observar diminutas formas de vida que son invisibles al ojo humano. Pronto llega el descubrimiento médico: esas pequeñas formas de vida son de hecho la causa de muchas enfermedades terribles que afectan al ser humano. Imaginen el impacto cuando la sociedad comprendió que una madre inglesa tomando una taza de té estaba bebiendo una sopa llena de monstruos”.

Manu Prakash, investigador de la Universidad de Stanford, comenzaba así una conferencia en la que daba a conocer el invento desarrollado por su equipo: un microscopio lowcost basado en el concepto del origami o papiroflexia: las piezas se imprimen en una hoja de papel y se recortan y doblan para darles la forma necesaria. Añadiendo un par de componentes, se logra un instrumento con el que observar esos pequeños monstruos.

Monstruos, explica Prakash, que siguen siendo parte del día a día de millones de personas en los países en vías de desarrollo y a los que los microscopios tradicionales no llegan o llegan con dificultad. “Aún hay gente que tarda meses en ser diagnosticadas, y esto es en parte por cómo están diseñados estos instrumentos tan esenciales para el diagnóstico: son pesados, abultan mucho, son caros y son difíciles de mantener”.

Como resultado de un viaje por India y Pakistán, el equipo de Prakash descubrió que los equipos que sí llegan al terreno son en ocasiones antiguos y obsoletos, están en mal estado o son complejos de utilizar sin una preparación específica. Así que comenzaron a pensar en cómo solucionar el problema.

Un diseño imprimible en un solo folio

El resultado es un invento llamado foldscope (fold en inglés significa plegar). “El foldscope es un microscopio plenamente funcional para todo tipo de observaciones hecho íntegramente a base de plegar un papel”. Igual que una maqueta de papel, solo hay que recortar, doblar y pegar siguiendo las indicaciones.

Sus creadores han trabajado hasta conseguir un diseño cuyas piezas se pueden imprimir e incorporar en una sola hoja de papel tamaño A4, incluyendo las lentes y las pilas de botón. Una regleta permite curvar el microscopio más o menos, ajustando así la lente para enfocar la imagen.

Es fácil de producir, transportar y utilizar, pero además es muy, muy barato. Según Prakash, se puede producir el dispositivo completo por 50 centavos (36 céntimos de euro). Todo esto lo convierte en un invento perfecto para expandirse masivamente en zonas donde la tecnología punta de laboratorio no llega ni es aplicable.

Un plan para incluirlo en los libros de ciencia

Pero su utilidad puede estar mucho más cerca. ¿Por qué no incluir uno de estos modelos en los libros de ciencias de estudiantes universitarios o de secundaria? Con ese precio y ese formato, es una idea perfectamente asequible.

Un programa que ponga en las manos de cada niño un microscopio podría despertar su interés por la ciencia desde edades muy tempranas“Muchos niños en todo el mundo nunca han usar un microscopio, ni siquiera en los países desarrollados”, explica Prakash. “Un programa que ponga en las manos de cada niño un microscopio podría despertar su interés por la ciencia desde edades muy tempranas”.

De momento, sus creadores han puesto en marcha el proyecto Ten Thousand Microscopes Project, por el que quieren entregar de manera gratuita cien mil foldoscopios a “personas que quieran probarlos con distintas configuraciones y en distintas situaciones para ayudarnos a crear un manual de uso sobre el terreno desde todos los campos de la biología”.