El peso de las mochilas de los escolares españoles no sólo se puede medir en kilogramos, también en dinero. El que tienen que desembolsar los padres cada año en concepto de libros de texto, una media de superior a los 200 euros por pupilo, dependiendo del nivel. Aunque existen legislaciones concretas, como la de Castilla y León, para que los centros educativos mantengan los contenidos durante cuatro años, en la mayoría de autonomías no existe criterio alguno. En la práctica, eso se traduce en un gasto mayor para los padres.

En los últimos años se ha hablado mucho sobre el ahorro radical que significaría la digitalización de la enseñanza: algunos hablan de ahorros del 70%, otros de menos, pero todos los actores insisten en la reducción de los gastos. El proceso está en marcha, pero se está llevando a cabo de una forma tan fragmentada y caótica que es imposible extraer conclusiones sobre su indicencia en el sistema educativo. Dentro de una misma comunidad autónoma, de una misma ciudad, podemos encontrarnos con colegios con una penetración altísima de nuevas tecnologías, mientras otros se mantienen mucho más atrasados.

El 'hardware' es barato, y lo pueden adquirir los propios alumnos. Que sea la administración la que compre los ordenadores no es sostenible, más en los tiempos que corren"El hardware es barato, y lo pueden adquirir los propios alumnos. Que sea la administración la que compre los ordenadores no es sostenible, más en los tiempos que corren. Plantear eso es un error: se necesitan modelos autosostenibles y viables tecnológicamente. La conclusión a la que hemos llegado es que los padres lo amortizarían rápidamente con el ahorro en los libros de texto en papel", explica a Teknautas Antonio González, director del proyecto iDEA de la Fundación Albéniz, que en colaboración con la editorial Pearson y Samsung han implantado en centros educativos de la Comunidad de Madrid y Murcia.

El fracaso del la Escuela 2.0 socialista

El nicho de los contenidos educativos es un pastel jugoso: Steve Jobs lo sabía, y en sus últimos años de vida insistió en la idea de que la educación era uno de los principales mercados en los que la tecnología no había entrado de lleno. De hecho, en Silicon Valley el e-learning se ha convertido en uno de los principales focos de inversión. En España, las editoriales saben que es el futuro, y en los últimos años han transformado muchos sus contenidos didácticos a formatos digitales. También las empresas tecnológicas están en esa lucha, porque se trata de una guerra donde están en juego millonarios concursos públicos.

Parece improbable que a corto o medio plazo España pueda presumir de una digitalización efectiva en su sistema educativo. Aunque existen excepcionesSin embargo, parece improbable que a corto o medio plazo España pueda presumir de una digitalización efectiva. Aunque existen excepciones, y en España podemos encontrarnos con colegios que han asimilado con naturalidad las nuevas tecnologías, desde las pizarras digitales, pasando por los libros de texto digitales, hasta las joyas de la corona: los Virtual Learning Enviroment (VLE), sistemas a través de los que profesores, padres y alumnos se integran en un sistema común.

¿Que es necesario para digitalizar la educuación de un país? Tres cosas: ordenadores, contenidos y políticas educativas para integrarlos de forma coherente y unitaria, precisamente uno de los lastres que arrastra sistema educativo español: la fragmentación, las brechas de desigualdad.

En el primero de los elementos, el fracaso del intervencionismo ha sido estrepitoso. En España, se llamó Escuela 2.0 al proyecto estrella de Zapatero y su ministro Gabilondo que pretendía importar al país el modelo 1:1 (un ordenador, un niño). Se invirtieron 300 millones de euros en tres años para comprar 600.000 ordenadores: el sistema educativo español aglutina 8 millones de alumnos. Aunque la crisis y las políticas de reducción de gasto influyeron en la decisión, el nuevo Gobierno, ya con Wert ocupando la cartera de Cultura, canceló el programa por ineficaz.

No faltaban razones. Sobre todo, porque no existía un plan, y ni siquiera un seguimiento del asunto: por ejemplo, algunos colegios no disponían de potencia eléctrica para soportar tantos ordenadores enchufados. "Actualmente, hay problemas de seguridad, no sólo saltan los automáticos, sino que hay ordenadores que echaron humo y existe un riesgo de incendio", llegó a afirmar el responsable de un centro educativo en Asturias.

Además, insistiendo en la idea de las desigualdades, no todas las comunidades lo aplicaron por igual. Madrid -como Valencia y Murcia- no firmó el convenio porque contaba con su propia iniciativa. Cataluña lo aplicó, pero los padres debían asumir parte del coste del dispositivo. Otras comunidades sí firmaron, pero de forma testimonial ¿El resultado? Puro caos, aunque muchas tecnológicas hicieron su agosto: en Andalucía, Samsung, por ejemplo, se adjudicó un concurso de 30.000 portátiles con sensor anticaída. Por su parte, el gobierno vasco elegió a Toshiba como proveedor de su programa Eskola 2.0.

Contenidos libres

Según Antonio González, director del proyecto IDEA, precisamente son las políticas las que sobran. "Habría que hacer menos políticas y dejar al mercado que funcione de forma natural. Lo importante es que los políticos dejen hacer, homologando los proyectos que cumplen una serie de requisitos, y después que sean los centros educativos quienes elijan de forma libre, igual que ocurre ahora con los libros de texto".

Si el lunes conocíamos la noticia de que en Alemania ha surgido el proyecto O-MAT, mediante el que los profesores han creado una  red de contenidos digitales libres y gratuitos, en España también existen proyectos parecidos, como el de la Marea Verde. También el Partido Pirata lanzó una comunidad P2P para descargar libros de texto, a raíz de la publicación de un estudio de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos donde se afirmaba que uno de cada tres niños escolarizados en España no tendrá acceso a la totalidad de los libros de texto.

Lo recursos digitales gratuitos existen, y son muchos los estudiantes que los utilizan para reforzar sus conocimientos después de clase. Otra cosa distinta es que las intituciones lleguen a auspiciarlos u homologarlos, o que los centros educativos permitan a los docentes su uso exclusivo en las aulas. Además, la industria editorial dirá que por encima de su cadáver.

Según la Asociación Nacional de Editores de Libros y material de Enseñanza (ANELE), desde 2010 las principales editoriales han hecho crecer su catálogo digital de 100 a 2.700 productos. Según el director de la editorial Edebé Digital, hoy por hoy sólo existe un mercado relevante para la venta de contenidos educativos digitales: la secundaria catalana, con 100.000 alumnos. ¿Están las editoriales interesadas en retrasar el proceso de digitalización? ¿Cui prodest? Los padres, estamos seguros de que no.