Es una tarde cualquiera. Un joven estadounidense entra en una cafetería de Portland para tomar un café y trabajar un rato. Se trata de
Joel Runyion, un experto en marketing que se autodefine como "amante de lo imposible". Joel pide en la barra, se sienta, abre su ordenador y comienza a trabajar. Ni se imagina lo que va a pasar.
Pasados unos 30 minutos, alguien le interrumpe:
- ¿Te gusta Apple?
La voz viene de un anciano, que, curioso, señala el Macbook Air de Joel.
- Sí, llevo usándolo un tiempo.
- ¿Programas en él?
- Bueno, no sé escribir código. Yo suelo escribir un poco y dedicar mucho tiempo a crear proyectos online y ayudar a mis clientes a gestionar sus negocios.
Joel aún no sabe si tiene delante a alguien que le va a plantear un debate sobre Mac y PC o, simplemente a un loco. Pero el anciano vuelve a hablar.
- Yo estoy en contra de Macintosh últimamente. Están intentando conseguir que todo el mundo use iPad´s, y
cuando la gente los usa terminan usando la tecnología simplemente para consumir cosas, en vez de para hacer cosas. (...) Ese es el problema de mucha gente: no intentan hacer cosas que no se hayan hecho antes. Si lo intentan, se dan cuenta de que pueden hacer un montón de cosas que nunca antes se habían hecho.
Joel sigue sin saber de qué va la cosa, pero deja hablar al anciano.
- De hecho,
yo he hecho un montón de cosas que no se habían hecho antes.Joel ya no sabe si la media sonrisa de aquel hombre indica que se está riendo de él, pero la curiosidad le puede.
- ¿En serio? ¿Qué tipo de cosas?
-
Yo inventé el primer ordenador.- Emmm, ¿perdón?
- Yo creé el primer ordenador internamente programable. Era casi tan grande como esta habitación entera, y mi mujer y yo caminábamos para programarlo.
Definitivamente, Joel estaba ya convencido de que ante sus ojos tenía a un sintecho que pretendía tomarle el pelo.
- ¿Cómo se llama?
- Russell Kirsch
Joel tardó 29 segundos en comprobar que, efectivamente, delante de sus narices estaba nada más y nada menos que Russell Kirsch, el creador del primer ordenador programable.
- También creé la primera imagen digital. Era una foto de mi hijo.
Russell estuvo un buen rato enseñando parte de su trabajo a Joel, que no salía de su asombro al estar compartiendo mesa con
el que seguramente era el tipo más alucinante que había conocido en toda su vida. Siguieron hablando un buen rato, hasta que Russell se tuvo que marchar.
Joel permaneció en su mesa, intentando procesar lo que acababa de pasar en aquella cafetería de Portland. En su mente permanecen ahora varias frases pronunciadas por Russell Kirsch. Una de ellas:
"Haz cosas que nunca hayan sido hechas".
Ahora,
Joel Runyion se ha propuesto llevar a la práctica este consejo.