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C. Otto
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27/12/2011
(06:00h)
Andreas Weigend es uno de los mayores expertos en internet y marketing de todo el mundo. Participó en el equipo que convirtió a Amazon en el gigante que es ahora mismo, y ahora asesora a empresas de todo el mundo. Viviendo a medio camino entre San Francisco y Shanghai, Andreas pasó unos días en España, durante los cuales concedió una entrevista a El Confidencial.
― Le voy a pedir que haga una pequeña retrospectiva y recuerde cómo era el mundo en general e internet en particular hace diez años. ¿Qué ha cambiado en este tiempo?
― Básicamente ha cambiado todo. En primer lugar, ha cambiado la forma en que nos relacionamos con el conocimiento y la información, y el responsable es Google. Todo lo que queremos conocer ya está ahí, sólo tenemos que saber encontrarlo. El segundo cambio lo ha llevado a cabo Facebook y lo ha hecho de forma radical: ahora somos lo que compartimos. En tercer lugar, también ha cambiado la forma en qué pensamos cómo compramos y cómo nos vamos a gastar el dinero.
Estos tres cambios han creado un campo de batalla. Ahora mismo se está librando la guerra de la identidad. ¿A quién pertenece mi identidad? ¿Quién la gestiona? ¿Google? ¿Gmail? ¿Facebook? ¿Amazon? Ésta va a ser la batalla de 2012.
― Hace poco hablé con el CEO de un portal español de cuponing y me acabó confesando que muchas veces estas plataformas acaban creando demanda donde en realidad no la hay. Me decía que antes muy poca gente iba a centros de belleza a darse masajes, mientras que ahora los cupones de descuento hacen que mucha gente lo haga. ¿Está de acuerdo en que se esté creando una demanda inexistente?
― Bueno, de entrada te tengo que decir que soy un gran fan de los masajes (risas). Dicho esto, es importante entender que ha cambiado el ABC de las compras. En este nuevo mundo hay que buscar la aprobación de la comunidad, hay que querer pertenecer a un grupo. La gente ahora hace cosas porque busca el beneplácito de los demás, que se aprueben sus acciones. Antes las tres máximas del comercio eran los anuncios, la marca y la comunicación corporativa, que siempre iba en una sola dirección.
Fijémonos en Groupon: hay quien dice que publicitarse ahí es el beso de la muerte, porque si el precio de un producto tiene descuento, ya nadie va a querer pagar su precio real. Lo que no funciona es ofrecer un producto con descuento y luego querer cobrar el precio real. En Estados Unidos se dice que la mayoría de empresas que se anuncian en Groupon acaban quebrando.
― Tengo una amiga que es profesora de Secundaria y me decía hace poco que sus alumnos están obsesionados con comunicarse con sus amigos online. Hace unos años, salían del instituto y se iban a casa sin necesidad de estar comunicados, pero ahora observaba que, a sus alumnos, no estar constantemente en Facebook hablando con sus amigos les creaba incluso ansiedad. ¿Puede crearnos adicción a las redes sociales este sobredimensionamiento?
― Sí, desde luego que se puede desarrollar una adicción, pero en muchos casos la sociedad suele echar la culpa a la tecnología por problemas que son sociales, no tecnológicos. A veces la gente habla de datos y dice que la tecnología es mala, pero no es mala; simplemente está ahí. Vivimos en mundo que por fin ha podido conectarse, y esta conexión es irreversible. Yo les digo a mis estudiantes que me enseñen su perfil de Facebook para decidir si deberían tomar la clase o no.
La gente tiene que poder vivir el mundo nuevo. Yo a todos mis alumnos les regalo a principio de curso una camiseta con un código QR. Lo que ellos no saben es que cada camiseta tiene un código distinto, y que cuando lo escanean, yo puedo ver dónde lo han hecho. Estamos en un mundo cada vez más honesto, es muy complicado mentir. Antes podías mentir en tu CV y decir que habías sido jefe de un departamento de una empresa, y nadie te pillaba, porque a lo mejor esa empresa ya ni existe. Pero ahora hay mucha transparencia social; no se puede mentir, porque se ve todo. Esta transparencia ha hecho un mundo mucho mejor.
― En cuanto acabe esta entrevista, encenderé el móvil y miraré si me ha llegado un email a alguna de mis cuatro cuentas de correo o si alguien me ha escrito en Facebook. ¿Soy un esclavo de la tecnología?
― (risas) No podríamos vivir la vida que vivimos hoy sin la tecnología. La semana pasada estaba en Shanghai, y de ahí me fui a Indonesia. El sábado estuve Singapur; lunes y martes estuve en Londres, y de Londres tenía que coger un avión para venir a España, pero lo perdí, así que me di la vuelta y reservé un hotel para esa noche. Todo esto habría sido imposible sin estar conectados.
De todos modos, hay que saber cuándo usar la tecnología y cuándo no, y hay que hacer un ranking de prioridades en el uso de la tecnología. Depende de nosotros aprender a usarla.
― Si tuviese 30 segundos para hablar con una persona que está preocupada por su privacidad en internet, ¿qué le diría?
― No tengo ningún consejo para estas personas, pero tienen que saber que el mundo está cambiando gracias a la transparencia. Es un mundo con más honestidad y en el que no se puede mentir.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
5 COMENTARIOS
5 .- Es un mundo con más honestidad y en el que no se puede mentir
Todavía me estoy meando de risa con esta respuesta. ¿Verdad que no se puede mentir on line?. ¿Verdad que no se pueden modificar ficheros de datos, alterar estadísticas o Google no puede hacer que cualquier enlace desaparezca de su buscador?. ¿Verdad que una CA puede emitir certificados falsos que se traguen cualquier navegador?
4 .- No sé si quebrarán a no las grouponas. Lo que sí sé es que a través de ese portal se anunciaba un gran premio de F1. Pagué seis entradas. El resultado fue que la tal tickets@formula1, o no existía, o no pudo vender todo lo que creía. Total, que me costó unos dos meses que Groupon me devolviese el dinero.
Desde entonces, me he dado de baja sistemáticamente de todos los portalitos que ofrecen descuentos, etc. Normalmente hay un link, eso sí, muy pequeñito, que al pincharlo te lleva a una página para confirmar tu baja.
En efecto, se crea necesidad donde no la hay. Y gastar en gilipolleces es de lo peor que podemos hacer. Pensemos así: "Si no lo necesito, no lo compro". Esto es la jungla. Esto es lo que un inglés llamaría la "gay de last one policy".
Y en esas nubes tipo Librocara o Twitter, que no me esperen.
Estoy hasta mis partes blandas de que miles de personas tengan mis datos y yo no pueda tener los suyos.
3 .- Este hombre hace el ridículo.
Tanto alabar la "transparencia", y ni siquiera cuenta a sus estudiantes qué información obtiene de ellos cuando escanean el código QR de las camisetas que les regala... ¿no está vulnerando ninguna ley?
2 .- Disiento completamente de la última respuesta.
El que sepan todo de ti y tú no sepas qué hacen con esos datos personales tuyos me parece gravísimo.
La gente no es consciente de esta exposición gratuita.
Conmigo que no cuenten para proyectos en "la Nube" como Facebook y similares.
1 .- Si,claro,una presunta transparencia donde algunos saben todo sobre ti y tu no sabes nada sobre ellos.Además,que tu vida sea pública no quiere decir que sea honesta[ver Urdangarín].Conmigo que no cuenten