Duane Jackson recorría los pasillos de la abarrotada terminal del aeropuerto de Atlanta. Estamos en 1999. Con los nervios mal disimulados, nuestro protagonista arrastraba pesadamente su equipaje de mano cuando, en cuestión de segundos, se vio rodeado por un incontable número de agentes que al grito de “¡alto, policía!”, le conminaron a echarse al suelo. Jackson contaba con serios motivos para estar preocupado, puesto que en su maletín
transportaba hasta 6.500 pastillas de “éxtasis”. Fin de la historia.
The End. No es que el joven británico, que en la época contaba con apenas 21 años, disfrutara de una exitosa carrera profesional, pero llevaba una vida organizada. Al menos visto desde fuera.
Unos años en la cárcel fueron el azote que necesitaba para rehacer su vida, y vaya que sí lo hizo. Hoy Duane Jackson es el CEO de Kashflow, una rentable empresa fundada por él mismo que cuenta con más de 10.000 clientes.
“Fracasé espectacularmente”El miedo al fracaso. Esta es posiblemente una frontera infranqueable para muchos jóvenes a la hora de salir mar abierto a fundar sus propias compañías. A Duane no se le caen los anillos y reconoce desgarradoramente en
un perfil publicado en el
Wall Street Journal que el batacazo en su vida fue monumental. “Fracasé espectacularmente”, reconoce con crudeza. El apunte no es casual. De no haber tocado fondo nunca hubiera podido encarrilar su carrera con tanto éxito. “Ir a la cárcel me hizo ver que tu vida es el resultado de tu comportamiento en el pasado”, reconoce,
“si te portas mal, acabarás en la cárcel, así que deduje que si me portaba bien triunfaría”.
Pero la vida da muchas vueltas y la segunda oportunidad no llegó fácil para el británico. Expiado de sus pecados del pasado, intentó abrirse camino fundando su propia compañía. Un
ZX Spectrum se cruzó en su vida cuando era niño y aprendió a programar en Basic. Quién lo iba a decir: este combinado de circuitos y botones resultó clave a la hora de desarrollar ciertas habilidades que posteriormente condujeron al éxito a Jackson. Pronto vio una oportunidad en el mercado. Las aplicaciones de contabilidad en la época eran farragosas y él vio enseguida que podía hacerlo mucho mejor. El arrepentido joven comenzó el proceloso recorrido que todo emprendedor conoce en sus inicios: la búsqueda de financiación. Sin embargo,
Jackson arrastraba una pesada losa en su pasado: los antecedentes penales. El “no” por respuesta fue una constante a la hora de solicitar fondos.
Cuando ya daba todo por perdido, dio con
Princess Troust, una
oenegé que ayudaba económicamente a los más desamparados. “Me extendieron un cheque y me dieron una palmadita en la espalda”, explica. Este simbólico empujón fue determinante y el CEO no lo olvida: Princess Troust es
claramente mencionada en la web de la firma. De hecho, nuestro ejemplar protagonista imparte charlas a beneficiarios de las ayudas de la asociación. En una de ellas, casualidades de la vida, coincidió con un exconvicto con el que compartió celda. Fue una experiencia emocionante para ambos. Jackson no reniega de su pasado. Vive con él. Y su excompañero vio en este elegante triunfador una luz, una referencia de futuro
. Todo un símbolo en estos sombríos tiempos que apunta a brillantes horizontes para los que arriesgan y aspiran a algo más que la seguridad y
el calor de una nómina por cuenta ajena a fin de mes.