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Esteban Hernández 17/02/2010 (06:00h)
iStockphoto.com
Hay quien siempre responsabiliza a los demás de los errores, quien llega el primero a la compañía y se marcha el último sólo para poder controlarlo todo, y quien no permite que le miren a los ojos o se dirijan a él porque se cree un ser superior…Son conductas reales, y frecuentes, que suelen tener consecuencias notables para las organizaciones dirigidas por tales personas. El carácter del consejero delegado (ya sea exigente, razonable o en exceso ambicioso) suele acabar impregnando las actuaciones de la empresa, hasta el punto que muchos expertos afirman que la crisis actual puede explicarse a partir de las patologías de la personalidad de unos cuantos directivos del más alto nivel.
Según Margarita Mayo, profesora de Comportamiento Organizacional del IE Business School, “la cultura de la organización está determinada por varios factores, y la personalidad del CEO es uno de las más importantes”. Para Carlos de Benito, Director de
En ese sentido, la capacidad de liderazgo del directivo no servirá si no encuentra traducción en las prácticas cotidianas, su entusiasmo será inútil si no lo sabe transmitir a la organización y su pragmatismo no valdrá de nada si no logra activar “campos de desarrollo para el personal que hagan posible que éste crezca con la empresa”.
Pero, como afirma Mayo, no es sólo la actitud del consejero delegado lo que impregnará la organización; también sus rasgos de carácter suelen trasladarse a la estructura. De este modo, “si tenemos un CEO extrovertido, será habitual que la compañía cuente con estilos de comunicación fluidos. Este tipo de personas suele programar reuniones, monta task forces para solucionar los problemas y privilegia el cara a cara frente a los e-mails: hablamos de gente que disfruta con la compañía de los demás”. Por el contrario, y “suele ser el caso de los ingenieros, que están más orientados a los datos”, hay jefes que prefieren el análisis puro y duro, lo escrito a lo verbal, los números a las palabras: nada de perder el tiempo con reuniones.
Consecuencias de las patologías de los directivos
Sin embargo, los problemas serios no suelen aparecer porque el jefe sea o no simpático, o porque haya desarrollado o no sus habilidades relacionales, sino cuando quien rige la empresa presenta rasgos patológicos de personalidad. Y resulta muy usual en estos casos, advierte Iñaki Piñuel, profesor de Recursos Humanos en
Y, en este sentido, cuando analiza las causas de lo que denomina descarrilamiento directivo, encuentra actitudes plenamente relacionadas con trastornos de la personalidad, como “la arrogancia, el comportamiento deshonesto, la necesidad de controlarlo todo y la utilización de la empresa para jugar políticamente”. Sin embargo, y a pesar de tales actitudes, subraya Piñuel, este tipo de directivos suelen ser contratados y son frecuentemente promocionados, un hecho que el profesor de la universidad de Alcalá explica por dos factores. El primero de ellos está relacionado con las habilidades sociales que estas personas desarrollan, “ya que su insensibilidad, carácter vengativo, altivez y egoísmo coexisten con una notable capacidad para disfrazarse. Suelen aparecer como personas encantadoras que ejercen un gran poder de seducción”. Pero, en segundo lugar, también poseen aptitudes que son especialmente demandadas por los modos de gestión contemporáneos: “como carecen de empatía pueden ser implacables. Y saben tomar decisiones muy rápidas porque no experimentan miedo alguno”.
Insiste Piñuel en que este tipo de directivos, que son altamente perjudiciales tanto para la marcha de la empresa como para quienes forman parte de ella, y de los que sólo se pueden apreciar sus verdaderos efectos a medio plazo, suelen gozar de una aceptación muy elevada por su carácter de killers. “Como no les tiembla el pulso cuando tienen que efectuar despidos masivos, están muy bien vistos en un contexto de crisis como el actual”. Y más aún en la medida en que no vacilan en utilizar cualquier recurso para cobrar sus bonus.
Así, “hacen ajustes de plantilla con la excusa de la crisis que no son en absoluto necesarios. Pero son medidas que les vuelven muy populares para la presidencia porque consiguen mejorar la cuenta de resultados, aun cuando no tengan ningún mérito. Lo difícil es conseguir que la empresa suba, no recortar costes”. El problema de fondo, señala Piñuel, es que esta clase de directivos han venido para quedarse. “Aprovechando la crisis, se han instalado en la cúpula de las organizaciones y no les vamos a sacar de allí en años. Y no hablo del viejo cavernario con el puro en la boca sino de directivos jóvenes con acentuado instinto criminal”.
Sin embargo, bien puede decirse que su misma existencia es una señal inequívoca de debilidad organizacional: si una gran empresa depende del carácter de quien la dirige para funcionar correctamente, tiene un problema serio, en tanto carece de los mecanismos necesarios para desempeñar con eficacia sus funciones. Y lo mismo puede decirse si no cuenta con mecanismos de control eficaces para evitar que las patologías de su consejero delegado o de sus directivos más relevantes acaben interfiriendo en el desempeño cotidiano.
Según Carlos de Benito, los controles efectivos suelen ser los que se llevan a cabo en el proceso de selección, cuando se vigila que la persona a la que se va a contratar “posea el conocimiento técnico del negocio y los valores adecuados”. Después, salvo en algunas firmas de gran tamaño, donde existen recursos de control corporativo, la única posibilidad de fiscalizar la acción del CEO “está en manos del consejo de administración. O en la cuenta de resultados: si las acciones del directivo perjudican a la organización, las cifras negativas siempre acaban por aparecer en los balances. Aunque tarden”. En última instancia, como afirma Mayo, son los propios CEOs los que, al ser conscientes de su debilidad, “buscan un medio para compensarla. Así, un consejero delegado que sea una persona muy intuitiva y estratégica tratará de contratar a alguien que esté dotado para tomar decisiones internas”.
Para Piñuel, sin embargo, el problema reside en que en la mayoría de los casos no hay control alguno. Por eso, la única solución consiste en “cambiar el estilo de liderazgo. En el siglo XXI la gente no acepta ser dirigida por la imposición y el miedo. Ahora lo están aguantando porque la crisis aprieta, pero en cuanto pase volverán a exigir un trato adecuado. Además, una gestión humanizadora siempre obtiene resultados a medio y largo plazo, lo que no consiguen los consejeros delegados patológicos que se fijan sólo en el próximo trimestre”.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
10 COMENTARIOS
10 .- vamos a ver. Las empresas que son rentables y que generan suficientes fondos para reinvertir y por supuesto que los bancos les presten se fundamentan en pocas bases:
1: Productividad, la cual depende fundamentalmente de que todos los activos [incluidos personas] produzcan lo mayor posible al menor coste.
2. Competitividad, al ser productivos y tener un buen posicionamiento seremos competitivos, lo que significa que podemos crecer en una base rentable.
3. Innovación, las empresas tienen que ir evolucionando en su forma de hacer las cosas y en sus productos para continuar su mejora y su rentabilidad
4: Gestión, saber hacer un uso eficiente de los recursos [incluidos los humanos] para generar productividad, competitividad e innovación.
Lo que no funciona es: tener mucha gente y contrar más gente cuando tenemos un problema, tenemos que tener la necesaria, si las empresas se convierten en ONGs quiebran, si la actividad baja es necesario ajustarse . El consumo ha caído a niveles del año 2000 en el 2009, ya se sabe que lo mejor es generar ingresos, pero todo el resto también está en esa situación. Vender a cualquier precio, esto siempre implica que cada euro nuevo de ventas nos ha costado más de un euro de costes, los ingresos a cualquier precio nos llevarán a la quiebra ... bueno puedo seguir, pero las empresas que surgirán del abismo son las que se gestionen bien, no las de buen rollito.
9 .- los profesores como siempre hablando de lo que nunca han hecho y de situaciones teoricas, con afirmaciones gratuitas, "No es difícil bajar costes sino mejorar ingresos", despedir empleados cuando no es necesario ... Ya me gustaría ver a estos "teoricos" con una caída de ventas de 40%, con la apatía de los empleados con decenas de años y que sabiendo que la empresa no puede pagar sus despidos y esperan descansando y sin hacer nada a ver que pasa. evidentemente todos tenemos no solo los directivos ciertas tendencias y formas de gestión y en algunos casos patologías. Pero para mí el peor de todos es el "inmovil" que ante la crisis no hace nada [ni costes ni ingresos] y espera que los accionistas o los bancos le ayuden, luego si no le ayudan es que es culpa de ellos todo. podemos teorizar sobre muchos males pero el principal es la innacción, las huidas hacia adelante y la busqueda de los pelotazos. El resto son solo teorías dadas por personas que nunca han tenido que llevar empresas.
8 .- #7 Cuando digo que no funciona, no me refiero a las personas, me refiero a la empresa. Todos tenemos ataduras, no sólo hipotecas, también familia por la que se traga todo lo que se tenga que tragar. Ahora bien yo y el 99% de los humanos somos sumamente improductivos bajo un ambiente de opresión. Es sobre todo aplicable a los sectores de servicios, creativos, emprendedores, etc. pero también a los productivos aunque en menor medida y a nivel de operarios, no de staff donde su única motivación será sobrevivir.
A medio plazo esas empresas, en el mejor escenario dejan de ser líderes y en el peor terminan muy mal. Cuando se quiere poner remedio, la metástasis esta tan extendida que es imposible curarla.
7 .- #5 Claro... si el tirano paga mal, la gente se larga.
Pero hay tiranías que pagan bien… y por dinero, mucha gente soporta todo tipo de inconveniencias, y vende hasta a su madre.
Si no tuviera que guardar silencio por respeto al amigo que me lo relató porque lo vivió de cerca, te contaría qué presidente de qué gran empresa española, al aterrizar en su puesto, subió el sueldo a todos sus directores generales con la condición de que firmaran una carta de dimisión sin fecha.
No se le ha ido ni uno. Y si eso no es tiranía, que venga Dios y lo vea.
[Por no hablar de la excelente imagen que ese presidente tiene en los medios de comunicación españoles... ¡vaya si funciona!]
6 .- #3 Ha dado usted en el clavo.
Hay que huír de las situaciones de debilidad.
Sólo tengo que añadir algo al asunto: he visto bastantes casos en que cuando un currante es ascendido a jefecillo o de jefecillo a jefe, cambian radicalmente. Si quieres conocer a fulanito dale un carguito o algo así reza el dicho.
Cuando indago en el asunto me encuentro en que una vez cambia la posición del individuo es probable que cambie su percepción de la realidad. Ya no verá a jefes ineptos y despiadados sino a trabajadores vagos e incompetentes.