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Esteban Hernández 23/12/2009 (06:00h)
“Tienen una cara y un culo bonitos, pero no hay nada entre medias”. ¿Llegaremos al instante en que oigamos sobre un abogado o sobre un consultor lo mismo que decía la periodista británica Kate Adie, ex jefe de corresponsales de
Hasta hace poco tiempo las cualidades estéticas eran más valoradas en el sector servicios: contratar personal bien parecido era una exigencia para muchos negocios, en tanto una camarera o una dependienta atractivas aseguraban, o eso se decía, ingresos más elevados. Ahora, esa misma preferencia está comenzando a implantarse en una gran parte de profesiones. Como asegura Chris Warhurst, profesor de
Ya no se trata sólo de que un físico atractivo sea más agradable a los ojos del cliente, sino de una imagen corporativa bien definida, con parámetros estéticos identificables. Así, desde establecimientos de comida rápida hasta grandes almacenes, son muchas las que han optado por uniformar a sus empleados en todos los sentidos, y no sólo en la indumenatria. Como señala Josep Ginesta, director del área de Personal de
La belleza como valor de marca corporativa
Esta tendencia a afirmar el valor de marca a través de lo intangible está implantándose con más fuerza a causa de la crisis, afirma Alfonso Cebrián, Decano de la facultad de Ciencias Jurídicas y Económicas de
Esa estrategia uniformadora, que fue decayendo en estos últimos años, resucita ahora como respuesta a la crisis cuando, afirma Cebrián, “vuelve a pedirse a todos los técnicos, directivos y empleados que mantengan ciertos criterios y actitudes tanto en la presencia como en las formas de comportarse que evoquen valores de higiene, limpieza y orden”. Lo que tiene su sentido, en la medida en que en esta crisis, que también lo es de confianza, “precisa de valores visibles que vuelvan a introducir credibilidad en las relaciones. Puedes decir que eres honesto o creativo, pero también tienes que transmitirlo. Y una imagen adecuada ayuda”.
Quizá por eso hoy se trata de prescribir con minuciosidad cómo deben comportarse los empleados. Según afirma Chris Warhurst, en el pasado los empleadores contrataban gente bien pareceida porque sabían que tener trabajadores más atractivos podía aumentar las ventas y atraer a un mayor número de clientes. Pero una vez que formaban parte de la plantilla, no dictaban a sus empleados cómo debían vestirse o la imagen que debían dar: les bastaba con que fueran guapos. En la actualidad, sin embargo, y con la excusa de dar satisfacción al cliente, “los empleadores prescriben tanto la ropa que deben llevar como la forma en que deben dirigirse a los clientes, instándoles a que utilicen palabras que apelen a los sentidos (en el Reino Unido, por ejemplo, las dependientas utilizan expresiones como exquisite en lugar de lovely). Además, también quieren controlar el peinado y el maquillaje de sus empleados, a menudo implantando códigos de apariencia que la plantilla debe cumplir bajo amenaza de castigo”.
La alegría por encima de todo
Y estas técnicas no deben menospreciarse, porque no sólo están en auge, sino que hay quien cree que son efectivas. Cita Cebrián, en este sentido, a una compañía aérea alemana en la que “las personas que te atienden siempre están contentas. Y seguro que sus empleados tienen críticas que hacer a la empresa, pero se les ha sabido transmitir que eso no son problemas que deban trasladarse al pasajero, que ya tiene bastantes tensiones como para andar soportando una mala cara”. Y eso surte efecto comercial, afirma Cebrián, “y más aún si lo comparamos con el trato que recibimos de alguna compañía española”.
En realidad, esta clase de prácticas son un paso más dentro de la evolución de las exigencias en el empleo: si antes el conocimiento era lo esencial, ahora lo son una serie de habilidades muy ligadas a lo personal. Según Ginesta, la formación hoy en día es algo residual a la hora de contratar a un empleado, ya que “siempre se puede pagar para que se le forme: los conocimientos se compran. Lo que resulta difícil es conseguir que tenga unas actitudes de las que carece. Y no sólo se trata de que posea voluntad y quiera alcanzar las metas que se le proponen, lo que es muy importante, sino que ha de saber relacionarse con su entorno, con sus superiores y subordinados, con sus clientes internos y externos. Esa inteligencia emocional sí que es difícil de comprar”. En ese orden, la apariencia es un arma más dentro de estas habilidades relacionales, toda vez que entronca con algo esencial hoy, como es el encaje del empleado con los valores que la marca quiere promover. “Es decisivo, para muchos empleos, que el candidato posea el life style que la compañía promueve”.
Otra cuestión es que esas cualidades que se solicitan a los trabajadores (y que siempre han existido, dice Ginesta “como cuando pedías alguien con un tono de voz determinado para atender el teléfono”) se entiendan o no éticas. Como asegura Warhurst, “ejecutivos y políticos saben desde hace mucho tiempo que la imagen importa y por eso cuentan con sus propios asesores. Así, Margaret Thatcher bajó el tono de su voz para tener más impacto en los votantes, o las llamadas Blair Babies –la cohorte de políticas jóvenes que entraron en el Parlamento británico en 1997 –, que tenían consultores para asegurarse de que llevaban la ropa adecuada cuando aparecían en los mítines o en la televisión”. El problema surge cuando pretendemos que también los desempleados utilicen las mismas tácticas para conseguir un trabajo. “Hay un peligro para la juventud de la clase trabajadora de ser excluida de los empleos porque tienen menos dinero para comprarse ropa y los accesorios que les permitan tener una mejor imagen en las las entrevistas.
El Gobierno británico ha tratado de abordar este problema ayudando a los desempleados de larga duración en la compra de ropa que puedan llevar a las entrevistas de trabajo. Pero es un asunto que está revelándose como algo problemático, al menos entre los legisladores y administradores preocupados porque los desempleados regresen al trabajo”. Máxime cuando hay un doble acusación. La primera es que estas prácticas discriminan a quienes tienen menos recursos, toda vez que carecen del capital cultural y económico que les permitiría ofrecer la imagen precisa. La segunda es “que estamos moldeando a la gente de un modo inaceptable”. Pero curiosamente, subraya Warhurst “nuestras investigaciones indican que al desempleado no le importa someterse a esta transformación de imagen y a estas prácticas uniformadoras si eso le ayuda a obtener trabajo”.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
47 COMENTARIOS
47 .-
Pues de ser cierta la noticia, la cola del Inem estará atestada de gente fea de cojones...
46 .- En una consultoría trabajan Apolo y Venus. De tanto cuidar su belleza, no dan una.
Pierden todos los juicios en los que intervienen. Su asesoramiento a sus clientes es erróneo, tanto es así, que a una Empresa la Inspección de Trabajo le ha levantado un Acta de 6.000€ y la de Hacienda, por un descuido de esas dos bellas personas, se le ha pasado un plazo y lo han tenido que pagar con 300% de recargo.
Al lado existe otra consultoría. En ella trabaja el Jorobado de París. No ha perdido un juicio desde que comenzó a trabajar.
Su asesoramiento es tan perfecto que ninguna de sus empresas ha sido inspeccionada.
45 .- Curioso, pocos habeis conectado con el tema de los politicos.
Quiero decir la apariencia de los politicos/as.
O sea, que si Messi [feito dicen mis amigas] o Cristiano [muy guapo, dicen las mismas] o Pilar Rubio [güena, güena, güena] o Pibes/as de buen ver hacen un partido politico, mandan al paro a Rajoy y ZP.
Montilla y las fondonas se jubilan. Por feos/as.
44 .- Esto es cierto y siempre lo ha sido, no es nuevo, pero hay que matizarlo.
Igual que los guapos tienen ventaja en ciertos trabajos, tienen un rechazo total en otros y además suelen tener que enfrentarse a las puñaladas de sus compañeros y amigos mucho más que el que no destaca físicamente. Además todo lo que el guapo diga va a caer mal entre la masa envidiosa por definición, y no hablemos ya de liderazgo, tanto laboral como social, eso está vetado y restringido al cabr*n enano, que generalmente le va a machacar y sacarle del grupo par a que no le haga competencia sexual o de importancia.
Quienes realmente se benefician del físico son las mujeres. Y eso sí es escandaloso. Trepan por la vida a velocidad de vértigo apoyadas por los tíos que hacen lo que sea por ellas. Normalmente por los feos que aspiran a su amor mediante favores y saben que es su única arma. Por supuesto una vez utilizados ellas desaparecen de las vidas de estos elementos.
Si quieren criticar algo, critiquen los privilegios de las mujeres actuales y a los tíos que hacen lo que sea por tenerlas. Las empresas que hagan lo que quieran. Son sólo unas pocas. El 99,9% de las pequeñas empresas prefieren a feos.
43 .- Lo triste es que se está imponiendo la imagen como valor en nuestra sociedad y no lo que la persona realmente sea.Así tenemos por presidente del gobierno a quien tenemos, votado por nosotros porque es "mono", da la imagen aunque luego nos lleve al desastre.Espero y deseo que muchas de las empresas que contraten sólo por la imagen lo paguen en su productividad, porque una cosa es ir limpio, vestido con dignidad y otra tener "cara y culo bonitos".Con estos no se piensa.Lo importante es tener un cerebro bien estructurado, inteligente y que nos haga relacionarnos de la mejor manera posible.Después nos quejamos de T5 y de Belén Esteban