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@Esteban Hernández.- 06/02/2010 (06:00h)
“Hemos sido la peor generación de educadores”, afirma José María Marco Ojer, profesor de filosofía, padre de dos hijos y Premio nacional de innovación docente a través de materiales por Internet. “Los que ahora estamos en la cuarentena fuimos demasiado permisivos, hicimos de los niños los verdaderos reyes de la casa. Por suerte, las generaciones más jóvenes están cambiando de actitud”. Nuestro país, explica Marco, autor de ¿Dónde está el manual? (Bubok) venía de un contexto político y vital que promovía una educación muy rígida, y pasó después, por un efecto pendular, al extremo contrario, al de la excesiva permisividad. Ahora tendemos más a buscar el término medio, “lo que está comenzando a percibirse en los padres más jóvenes, que son más exigentes con sus hijos y les dicen en más ocasiones que no”.
Y ese cambio de mentalidad es de doble dirección. Porque si de una parte se ponen límites a los chicos con más frecuencia, hay otros aspectos en los que los padres son más tolerantes. Un buen ejemplo son las nuevas tecnologías, que ya no son observadas como negativas en sí mismas: hay progenitores que entienden que un uso moderado de los videojuegos puede ser positivo o que fomentan que sus hijos tengan relación con el ordenador cuanto antes. Lo que resulta socialmente útil, subraya Marco, ya que Internet nos ofrece armas que deberíamos tomar en consideración: “tanto los adultos como los adolescentes confunden Internet con diversión y simplicidad. Lo que intento es que los alumnos vean la red como instrumento de trabajo, de posibilidades de opinión, etc”.
Algo en lo que coincide Pedro Molino, coordinador de tutores de
Pero esa aceptación de las nuevas tecnologías también implica nuevos peligros formativos. Uno de ellos tiene que ver con la apuesta por los materiales didácticos fluidos y poco densos en detrimento de los libros del pasado, más complicados, lo que puede estar formando a estudiantes que se exigen poco a sí mismos y que no reparan más que en lo fácilmente inteligible. Marco niega estas tesis, en tanto “los alumnos del siglo XXI son alumnos de la imagen, de la interactividad y de la Red. No podemos captar su atención sobre un tema que les interesa poco o nada si además les queremos trasmitir esa información en un soporte que también rechazan”. Por eso, los nuevos recursos, más ágiles e interactivos, “tienen que utilizarse para llegar al mismo lugar: las ideas o los contenidos de cada materia”. Pero eso, subraya Marco, no implica una opción excluyente, ya que tanto los libros como las fuentes que podemos encontrar en la red, “que también las hay densas y que exigen mucho esfuerzo intelectual”, nos pueden ser útiles. La ventaja del ordenador es que “un alumno se siente mucho más cómodo frente a él que ante un libro tocho, aun cuando los contenidos tengan el mismo nivel de complejidad”.
Evitar el esfuerzo
El segundo problema está relacionado con la facilidad con que se encuentra la información en la red y con las posibilidades que los sistemas digitales ofrecen para evitar el esfuerzo. Como afirma Fernando Miralles, profesor de psicología en el CEU, es frecuente que el alumno que esté realizando un trabajo introduzca una palabra en el buscador y copie y pegue párrafos de la primera web que encuentre. Lo cual ofrece dos grandes inconvenientes, el de fiabilidad de la información y el de la escasa dedicación: “Ya no sólo se trata de que copie lo hallado en páginas que hasta tienen faltas de ortografía, sino que puede recurrir a webs como el rincón del vago, donde están los trabajos ya hechos: sólo tiene que ponerles su nombre”. Por eso, Miralles insiste en la necesidad de supervisión de padres y profesores cuando se utilice Internet.
Sin embargo, los recursos que nos ha traído el mundo digital no sólo nos llevan a un contexto de devaluación del esfuerzo; también nos pueden conducir a lo contrario. Porque si hasta la fecha el problema consistía en que los conocimientos no estaban fácilmente disponibles, en la actualidad y gracias a la red, todo parece estar al alcance de nuestra mano. El lado negativo de tan amplios recursos es que no nos aparecen organizados por criterios de calidad: podremos contar con muchísima información, pero sólo si somos capaces de diferenciar lo que vale de lo inservible. Por eso, asegura Marco, “la enseñanza actual debe estar orientada a formar la capacidad crítica, la capacidad de análisis y la selección de contenidos. El profesor actual no puede limitarse a transmitir unos conocimientos”. Insiste en ello Pedro Molino, quien subraya cómo “enseñar a pensar y a razonar es algo que no puede copiarse porque depende de un diálogo educativo imprescindible. Debemos recuperar una interacción positiva entre el profesor y el alumno y entre los propios alumnos en el trabajo en equipo. Investigar en la escuela es plantearnos hipótesis, buscar información, comparar y sacar conclusiones”.
Con un ordenador basta
El otro asunto central en cuanto a las opciones educativas de la red es, sin duda, el del control. Dados los riesgos que la utilización de Internet puede conllevar, Miralles recomienda que se pongan límites: “el niño no ha de tener un micromundo en su habitación. Hay muchas familias que permiten a los chicos tener de todo (televisión, equipo de música, ordenador con acceso a Internet) y hacer lo que quieran: llegan, cierran la puerta del cuarto y no salen de allí. Y eso no es educativo, por muchas razones”. Miralles señala, en ese sentido, la utilidad de que en casa “haya un solo ordenador en un sitio accesible a todo el mundo” y que los chicos trabajen siempre con supervisión: “nada de conectarse a Internet con la puerta del cuarto cerrada”.
Marco también recomienda “que los padres estén presentes, que se controle el tiempo frente al ordenador y que se utilicen navegadores adaptados a la edad para evitar que entren en determinadas páginas”, pero, al mismo tiempo, es un decidido partidario de la utilización de las ventajas digitales. “Si tienes un ordenador en casa, está bien que los niños comiencen a utilizarlo cuanto antes”. Porque hay peligros en Internet, pero “al igual que en resto de aspectos de la vida. La diferencia está en si los padres saben dotar a sus hijos de recursos, de modo que puedan ir soltando cuerda y éstos sean cada vez más autónomos”.
En ese sentido, el problema es que quizá estemos reparando en exceso en el medio y mucho menos en el objetivo final, que no es otro que educar bien. Y eso implica, asegura Marco, ofrecer a los chicos una formación académica sólida, pero también proporcionarles normas, valores y principios. Porque “es verdad que los alumnos llegan a la universidad con niveles muy bajos pero para solucionar eso no basta con reparar en los contenidos. Hay que empezar desde los primeros años, dándoles una educación que les haga sentirse confiados en sus capacidades, que sepan que van a poder superar los problemas a los que se enfrenten. Y eso es muy importante en un mundo como el nuestro, donde las cosas cambian muy deprisa: los chicos de bachillerato ya ni siquiera entienden lo que hacen los de primero de
OPINIONES DE LOS LECTORES,
12 COMENTARIOS
12 .- Mi madre sí fue educada en el esfuerzo, la austeridad y el sacrificio: toda la vida frustada, sin darse un capricho, no gastando nada para ella, trabajando como una negra para guardar "por si acaso" ... Ahora está amargada porque se ha dado cuenta de que no se trataba de sacrificarse y esforzarse por todo,si no por aquello que verdaderamente le hubiera hecho feliz: ahora ha vistos de que otras personas de su edad han sido más felices sin la cuarta parte de su la austeridad y sacrificios que le predicaban desde algunos púlpitos.
Esfuerzo, austeridad y sacrificio, son valores relativos, como el disfrutar de la vida. Los excesos en ambos lados no llevan a ninguna parte.
11 .- Gekko #5 me ha recordado usted una cita que escuché hace poco "El esfuerzo sin resultado produce melancolía". Lo padecí en mi antiguo trabajo, cuando pensé que esforzándome más que nadie y de forma constante sería el mejor en mi puesto.
Craso error, algunos son más inteligentes que yo y otros que no pegan ni chapa son más astutos.
Intentaré inculcar el valor de la disciplina y el esfuerzo autoimpuesto, pero también otras disciplinas como la asertividad social.
Hora de un cafecito.
10 .- No hay rankings en cuanto a qué generación es peor o mejor.
Las circustancias cambian, Cuántas veces hemos pensado lo que ha cambiado la vida?
No utilizar ordenadores o internet es imposible.
Luego está la función de los padres que es educar y formar a sus hijos.
9 .- #8 Bajo mi punto de vista es algo inevitable Lucas, se llama evolucion...
Me voy a hacer un pedazo de 'vermú'...
hasta otro rato
ciao
8 .- #5 Yo tambien en casa Gekko, somos cuatro, señora, yo y dos hijas adosadas y tenemos un PC cada uno, yo un Compaq barato y las mujeres un buen portatil cada una, una por estudios que necesita y el resto por "ocio".
Es inevitable.