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NUESTRA CAPACIDAD DE EMPRENDER ES ESCASA

“Claro que quiero ser funcionario. ¿Hay algo mejor?”

“Claro que quiero ser funcionario. ¿Hay algo mejor?”

Un funcionario revisa uno de los archivos del juzgado (EFE)

Esteban Hernández 15/12/2010   (06:00h)

“Pues claro que quiero ser funcionario. Tendría un empleo para toda la vida en lugar de ir de un trabajo malo a otro peor. ¿Montar un negocio? Eso es para quien tenga dinero. A quien no lo tiene, como es mi caso, nadie se lo presta”. Las afirmaciones de D.P., licenciado universitario de 29 años y falso autónomo, reflejan una mentalidad muy extendida en nuestra sociedad. Al menos, así lo aseguran la mayor parte de los estudios, que nos atribuyen una capacidad para emprender inferior a la media europea y señalan que ni siquiera los estudiantes de empresariales tienen en mente como opción vital abrir su propio negocio; lo habitual es que sus aspiraciones se cifren en entrar a trabajar en la gran empresa privada o en aprobar una oposición.

Para Marc Vidal, autor de Contra la cultura del subsidio (ed. Gestión 2000), esta situación se debe a motivos culturales relacionados con “el acomodamiento social y el miedo al fracaso, ya que vivimos en una especie de sofá social que nos invita a no movernos mucho para lograr cosas pues estas vienen muchas veces por sí solas. Esto es peligroso, pues adormece a la sociedad y la aleja de los retos”. 

Sin embargo, para Carlos Fernández, profesor de sociología en la Universidad Autónoma de Madrid, no es extraño que cada vez más gente apueste por tratar de obtener un puesto en las administraciones públicas, ya que “la imagen social predominante es que ser funcionario parece otorgar una gran estabilidad laboral, lo que permite afrontar la puesta en marcha de un proyecto vital completo (embarcarse en una hipoteca, formar una familia con posibilidad de una cierta dedicación), frente a un mercado laboral muy castigado por la temporalidad, la precariedad y el desempleo, y a una cultura de empresa marcada por horarios de trabajo muy extensos”.

No obstante, según Marc Vidal, esa imagen no siempre se corresponde con la realidad, toda vez que “también son funcionarios los médicos, bomberos, policías, etc., y estos no gozan de una vida cómoda. Lo único que tienen asegurado es un sueldo. Lo que sí parece evidente es que los jóvenes que piensan en ser funcionarios lo buscan por el efecto tranquilidad y para dejar de preocuparse de por vida. Eso convierte la función pública en un escenario lleno de personas con poco espíritu emprendedor y por derivación, con poco espíritu crítico e innovador”.

“Aquí no se valora suficiente al empresario”

Parece, a pesar de ello, que el empleo público es un lugar ansiado por un número cada vez mayor de personas, y máxime cuando vivimos un momento nada favorable al emprendizaje. Como afirma Víctor Conde, coordinador del Club de Emprendedores de la Universidad Antonio de Nebrija, “si bien en los instantes de crisis suele haber grandes oportunidades, también se trata de una época en la que la financiación resulta mucho menos accesible, por lo que menos gente está dispuesta a dar un paso al frente”. Sin embargo, que primemos la seguridad no es, para Conde, un asunto relacionado con el momento sino con el contexto, ya que no vivimos en un país especialmente dotado para la innovación y el riesgo. Y más aún en tanto que “aquí no se valora suficientemente al empresario”. La causa principal, para Conde, de que casi ninguno piense en montar un negocio tiene que ver con que no fomentamos la cultura emprendedora. “El 70% de los universitarios estadounidenses quiere montar su propia empresa, porque lo han mamado y lo han asumido desde niños y porque allí el empresario es un personaje de prestigio. Aquí, el mensaje que reciben es que hay que buscar lo seguro y que mejor no meterse en líos”.

Algo está cambiando en España, no obstante, ya que, como asegura Conde, “cada vez hay más ayuda a la hora de pulir un proyecto de empresa. Las instituciones están dando soporte en este aspecto. Antes la gente se lanzaba temerariamente a la aventura mientras que ahora se cuenta con planes mucho más estructurados”. Pero todo eso no vale de mucho, según Conde, “si no afianzamos la base difundiendo que ser empresario es un sueño que vale la pena”. Algo que cuesta mucho aceptar, y más aún en tanto “la carrera de un empresario está plagada de fracasos. Es muy difícil acertar a la primera y hay que tener ese espíritu que te permita salir adelante”. Para Vidal, “en España el miedo al fracaso es notable. Cuando te arruinas tras un proyecto fallido estás tachado para siempre, como un apestado. En otras culturas, como las anglosajonas, el fracaso empresarial está visto como una fase más del aprendizaje, una de las más valiosas”. Allí, señala Conde “son conscientes de que se sacan más experiencias y conocimientos de un fracaso que de un éxito. Por eso haber sabido reponerse de un fracaso se tiene muy en cuenta a la hora de valorar un currículum”.

Cambiar un entorno cultural como el nuestro, poco apropiado para el emprendizaje es una tarea larga y ardua, asegura Conde, que exige movilizar recursos de toda clase. Para Vidal, transformar el contexto necesita de gente que se pregunte si está dispuesta a arriesgar tiempo y dinero, si está en condiciones de enfrentarse a las dificultades que supone ese desafío, si ha inventado algo, si está dispuesto a que su empresa deje de funcionar sin él algún día, si ha entendido qué significa que la sociedad esté aletargada, adormecida, insensible y somnolienta”. Si la mayoría de las respuestas son negativas, afirma Vidal, es señal de que “estamos aceptando el destino oscuro de una sociedad adormecida”. En caso contrario, y “si ha gente consciente de que tanta analgesia social no es buena ni para el presente ni para los que vengan en el futuro y de que existen opciones para cambiar el mundo que nos rodea desde una actitud crítica pero activa, de disposición al cambio y de puesta en marcha del motor colectivo, entonces es posible que llegue un nuevo modelo de crecimiento para este país”.

Un paraíso capitalista maquillado

El problema de fondo, para Fernández, es justo el contrario, en tanto el contexto es cada vez menos favorable a los valores que estaban representados en las estructuras burocráticas, que están siendo duramente atacadas. “En el caso español, la crítica a los funcionarios (como la realizada a cualquier otro sector o grupo que defienda el valor de lo público) es promovida por políticos cuyo oficio previo ha sido el de funcionarios (profesores de universidad, técnicos de ayuntamiento, miembros del  aparato judicial estatal, etc.), por empresarios cuyo principal cliente es el Estado y por grupos mediáticos muy cercanos a ambos”. Y eso teniendo en cuenta, según Fernández, que seguimos viviendo en “un modelo socioeconómico heredado de otros tiempos en el que los  buenos negocios se hacen estando muy cerca del Estado”. Entiende, por tanto, que tales críticas son ideológicamente interesadas y que el problema es mucho más complejo. “Tenemos que definir qué funcionarios queremos, lo que necesitan y lo que cuestan, y no criticar la su ineficacia, cuando el servicio al cliente que proporcionan muchas empresas privadas es patético, o criticar su vagancia, cuando la productividad en el sector privado español es de las más bajas de Europa”.

Hemos de ser conscientes, asegura Fernández, de la importancia de la burocracia para el buen funcionamiento del conjunto social, “en tanto promueve un trato neutral y distante hacia los ciudadanos que, aunque nos pueda resultar angustioso, sirve para garantizar la igualdad de trato y por  tanto la equidad y la justicia. Una burocracia no contaminada es una condición esencial, como advierte el sociólogo británico Paul Du Gay,  no sólo  para evitar un comportamiento sectario sino para garantizar la misma  existencia en común”.

Para Vidal, el peligro de no reforzar la potencialidad emprendedora de las sociedades occidentales reside en forjar una ciudadanía conformista y sin ambiciones, que se desliza hacia su ruina por la pendiente de la desidia. Y hacia ello vamos, toda vez que “estamos generando cuatro tipos de pobrezas. Además de los desempleados, de los jóvenes trabajadores e inmigrantes sin contratos, cuyo sueldo es tan bajo que es un insulto llamarlos mileuristas”, y de esos pobres estructurales que son los ancianos y las viudas con pensiones ridículas”, aparece una cuarta tipología que es prototípica de nuestra época, a la que Durán llama microburguesía low cost, y que está compuesta “por gente muy joven que en estos momentos ni siquiera tiene idea de lo miserables que son. Bajo el amparo de sus padres y de una  sociedad de consumo en constantes rebajas, sus vidas transcurren en una especie de paraíso capitalista maquillado”.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 73 COMENTARIOS

73 .- Creo que el artículo dice varias verdades.

En primer lugar, es cierto que aquí en España no hay muchos emprendedores, y son pocos los que piensan en montar su propio negocio.

Pero también es cierto, que desde fuera se peinsa que ser funcionario es una solución. Ahora, sinembargo, no creo que sea el mejor momento para plantearselo ya que hay poca oferta de trabajo público y mucha demanda.

Es cierto que los funcionarios tienen unos trabajos más estables y sus derechos se respetan , no como sucede en la empresa privada, pero también tiene sus inconvenientes dpendiendo del tipo de trabajo que se realiza dentro de la administración pública.

mferragut

17/12/2010, 13:33 h.

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72 .- #68 Me gustan sus comentarios porque destilan valentía en la línea emprendedora...

Sin embargo, la consecución de determinadas metas requiere contar de partida con la asunción de los presupuestos previos...

Sí que vamos haciendo, no se puede negar pero disiento en que se haya logrado algo...
Ni siquiera es posible la generalización del pensamiento libre, por la obvia razón de que el porcentaje de los que piensan en nuestro país es tristemente nimio...

Y si es necesaria la independencia judicial, solo pasa por la separación real de los poderes, cuestión que pasa obligatoriamente por un sabido pero no demandado cambio constitucional...

Y todavía estamos muy, muy lejos de que se produzca por el evidente e interesado bloqueo nacional y lamentando ser más realista, cada vez más cerca del desastre por la pérdida de paciencia del personal...

Y sin el menor atisbo de reacción por parte de las instituciones no cabe esperar cambio de actitud en nuestro seguro devenir hacia el colapso.

No creo precisamente que 2011 vaya a ser un año muy tranquilo.

Saludos.


Dr. Aragonz

15/12/2010, 21:57 h.

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71 .- #70 Tejido industrial, no; tejido empresarial.

kpaís

15/12/2010, 21:26 h.

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70 .- #66 Farero, ojalá sea así porque después del Tripartito que a punto ha estado de cargarse el tejido industrial catalán...Entre 2006 y 2009 la oficina crediticia de la Generalitat solo pasó de otorgar 405 millones de euros en plena bonanza a 452 millones en el peor año para obtener prestámos. Para que se haga una idea comparativa, en promoción de la lengua se gastó, 50 millones de euros[2006], 100 millones [2007] y más de 150 millones en los siguientes. Y está claro que estos últimos no se trataban de "préstamos". Y también del 2006 al 2009, los trabajadores públicos pasaron de 165.000 a 219.000, más de un tercio extra en la etapa del segundo tripartito. En gran parte de "libre designación". Saludos cordiales.

kpaís

15/12/2010, 21:24 h.

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69 .- Vivimos en una sociedad fruto de la herencia del miedo, nos inculcaban el miedo desde pequeño como antidoto al riesgo, y lo estamos pagando, si desde pequeños se desterrará de familia,colegios y sociedad el culto al miedo y se potenciara el culto a la aventura y el emprendimiento dejariamos de ser un pais q va a la cola de los principales países del mundo en materia económica, hay que formar a los niños en que sean capaces, dinámicos, solventes y emprendedores y desde la Administración y la sociedad alentar apoyar y financiar esos proyectos de vida. Pero si lo basamos todo en la seguridad y en el miedo al fracaso estamos condenados a repetir nuestra historia. La cultura del miedo deriva de nuestra educación católica un desapego desde los ámbitos educativos de esa lacra fomentaria el emprendimiento tan necesario en nuestra España y en nuestras vidas.

sanchoflaco

15/12/2010, 20:45 h.

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