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@Ana I. Gracia.- 20/02/2010 (06:00h)
Érase una vez el sueño de un niño que se hizo realidad. Corría los años setenta cuando el pequeño Joaquín Salvador se imaginaba cómo sería su vida si hubiese nacido en otro lugar del mundo donde viviera en un chamizo levantado a base de quincha (caña y barro) y rodeado de basuras. Se preguntaba también qué hubiera pasado si su padre trabajara para cobrar dos míseros reales. El mismo padre que, siempre supuestamente, podría abusar de él y de sus hermanos porque así lo habían educado y hubiera pegado a su madre porque en todas las casas era lo más normal del mundo.
El pequeño Joaquín gastó las tardes de su niñez en Madrid, leyendo a los Hollister y escuchando a los Beatles en su habitación. A pesar de su
corta edad, pensaba en esas injusticias que ocurrían en algún lugar del mundo, y el crío soñaba con el día en el que él tendría tanto tiempo y tanto dinero que montaría “algo” para ayudar a los demás, animales incluidos. “Además, lo quería crear a lo grande”. Pasó el tiempo, y el niño se convirtió en un veterinario que nunca dejaba de soñar. Salvador tuvo suerte, y escogió el momento propicio del boom inmobiliario para dedicarse a la reforma y decoración de pisos en Madrid. Así cumplió sus 33 primaveras, el mismo año en que consiguió hacer realidad su sueño: crear Mades-asociación para mantener el desarrollo, la educación y la solidaridad con Hispanoamérica. Una asociación con un pie en Bolivia y otro en Perú.
Desde ese día, Joaquín dejó de escribir su propia historia para contar la historia de los demás, que suena así:
“Nunca había viajado a un país subdesarrollado. Al principio quise compaginar mis viajes, pero las circunstancias me dirigieron hacia un compromiso total. Muy pronto descubrí que mi vida tenía sentido aquí. Formaba parte de un proyecto cuyo único objetivo era reducir la desigualdad para crear oportunidad.
Mi escala de valores se ha invertido. Fíjate qué curioso: he tenido que vivir en Bolivia y Perú para descubrir que soy mucho más feliz sin tener un trabajo fabuloso donde uno esté bien considerado; sin una casa -o varias- en buenos sitios; sin una familia con los mejores hijos; sin una cuenta corriente bien engordada; sin el mejor coche… España y todas las sociedades avanzadas miden la felicidad a través de ese sistema de demostración. ¿Qué me hace feliz? Esa sensación de dar sin recibir absolutamente nada a cambio. Punto final. En los países desarrollados nada es gratuito nunca, todo se hace por intereses o por favores que, más temprano que tarde, hay que devolver”.
Tras varios años sembrando esperanzas, es la época de recoger buenas cosechas. "Los vecinos ya se integran mucho mejor que cuando llegamos, saben organizarse, conocen sus derechos y deberes, no se dejan intimar por amenazas y han creado pautas de rutina interesantes. En tema jurídico y psicológico, la labor es fabulosa. “La gente ya sabe distinguir lo bueno de lo malo”. Salvador hace un inciso para recordar cómo cuando llegaban las voluntarias españolas al centro les preguntaban, como quien da los buenos días: “¿Tu marido te pega muy duro?”.
Eran sus costumbres. Y para eso llegó Joaquín: para distinguir el camino del bien y el del mal. “No es que sea malo ni bueno, ni que tengamos que sentirnos mal, pero sí podemos hacer algo para cambiar el mundo y equilibrar esas desigualdades: muchos pocos tenemos que conseguir concienciar a los que tienen en sus manos el poder de hacerlo”. Por eso Salvador recalca un agradecimiento muy especial para todos y cada uno de los voluntarios. “Nadie, y cuando digo nadie es nadie, recibe ni un centavo de euro. Cada cual se paga lo suyo. Los que vienen se costean sus pasajes, seguros, mantenimiento. Nosotros los hospedamos en casa. Nada más”.

Por ahora no sabe cuándo volverá a Madrid, donde le esperan familiares y amigos. No tiene ninguna prisa. Ahora vive con Yarixa y Daniel, dos chicos que única y exclusivamente se dedicaban a ver televisión, comer su arroz con pollo y disfrutar de una cama en condiciones. "Fue muy complicado conseguir que se sentaran a estudiar, organizarse el tiempo, comer algo distinto de su pollo, leer correctamente. Si los ves ahora, después de ocho meses…". Son como el día y la noche. Sacan buenas notas en el colegio, comen de todo, se interesan por las cosas que pasan a su alrededor y, sobre todo, son conscientes de la oportunidad que tienen. "Con lo pequeños que son, ya me han dicho más de una vez: Joaquín, cuando seamos mayores y hayamos terminado nuestras carreras universitarias, sacaremos a nuestras familias adelante”. Éstas son las cosas con las que Salvador es feliz. "Ya me puedo morir a gusto y siempre podré decir que yo he dejado mi huella en la humanidad. Para que siga creciendo y madurando".
OPINIONES DE LOS LECTORES,
4 COMENTARIOS
4 .- Saben lo que pasa que esos niños que ya esta salvando este buen samaritano, cuando sean mayores, van a querer esos coches, y todas esas cosas que él ha dejado, ya ahito de ellas, en busca de la "felicidad".
3 .- Joder Joaquín, acá tambien te necesitamos, tambien padecemos de póliticos corruptos, nuestros[¡?] coches,casas,cuentas corrientes, se nos estan indigestando no sabes hasta que punto, y nesitamos, ¡URGENTEMENTE! alguien como tú que esté dispuesto a darse a los demás y no a quiterselo, y nos enseñe a compartir y a ser verdaderamente ricos.
2 .- por qué este señor para decirnos lo bueno que él se considera que es tiene que hablar mal de los españoles? me parece injusto con una población que esta entre las más solidarias, no solo a nivel oficial, la densidad de ONG privadas en España, voluntarios, donantes de órganos, etc es de las mas altas del mundo. Los españoles han sido los ciudadanos de la UE que más dnaciones privadas han hecho a Haití, en términos absolutos, por encima de ciudadanos más ricos y con crisis económicas menos severas. ¿Porqué esta de moda que nos pongamos a parir? Yo le diría al tal Joaquín que le vaya a regalar los oídos su santa madre y que la próxima vez piense mejor si lo que va a decir es cierto.
1 .- Buenos días, ojalá hubiese más Joaquines en el mundo.
Dice:
"¿Qué me hace feliz? Esa sensación de dar sin recibir absolutamente nada a cambio. Punto final".
Es que no hay más.
Saludos.