M.L. es informático. Trabajaba en una empresa de telefonía hasta que, víctima de los ajustes, perdió su trabajo. La prestación por desempleo se le ha agotado ya, pero su familia (de cuatro miembros) puede subsistir gracias al sueldo de su mujer. Es también el caso de
J.L., directivo del sector bancario, que debe hacer frente a sus gastos, entre los que se encuentra el master que está cursando, gracias a los ahorros y al sueldo que ingresa su esposa, quien trabaja como funcionaria. Y no son, ni mucho menos, los únicos casos de profesionales cualificados cuyas familias dependen cada vez más de la aportación económica de la mujer.
Quizá porque se veían obligadas, si querían conciliar la vida laboral y la afectiva, a buscar trabajos más estables, aun cuando tuviesen una posibilidad de desarrollo profesional menor, ha habido mujeres que han sobrevivido a la crisis más fácilmente que sus esposos. En otros casos, la necesidad ha obligado a reconsiderar decisiones tomadas:
mujeres que habían optado por la vida familiar vuelven a ponerse en la cola de búsqueda de empleo. Como asegura
Alberto Gavilán, director de operaciones de Adecco Office, “ha habido un notable aumento del número de mujeres que acuden a oficinas o portales de empleo. En el pasado año,
la proporción fue aumentando hasta llegar al 50% de las solicitudes, algo que no se daba en los años anteriores”. Aun cuando estamos ante una situación que afecta a todos los sectores de edad, “el segmento principal es el que va de 30-40 años. Las mujeres más jóvenes, en lugar de lanzarse al mercado laboral en un momento tan malo, están decidiéndose a ampliar su formación”. Gavilán atribuye este aumento de solicitudes a la situación desesperada que comienzan a vivir muchas personas, dado que el contexto no mejora y los escasos ahorros van desapareciendo. La necesidad es más acuciante entre aquellos colectivos “en los que el marido trabajaba en sectores con bastantes ofertas de empleo como era la construcción, y donde ahora no hay nada, por lo que las mujeres se han visto obligadas a buscar en sectores diferentes, donde sí hay trabajo”.
En todo caso, este papel protagonista de la mujer, por más que sea coyuntural,es un buen termómetro para medir los cambios sociales. Así, que el hombre, quien tenía atribuidas en las sociedades precedentes las funciones de aprovisionamiento para la familia, pase a ocupar un lugar secundario implica transformaciones emocionales y vitales que no son del todo asumidas. Como señala
José Miguel Fernández Dols, catedrático de Psicología Social de la Universidad Autónoma de Madrid, “aunque la familia, y los roles que cada cual juega dentro de ella, estén en proceso de transformación, hay aspectos que se muestran resistentes a los cambios. Estamos en una sociedad donde el rol masculino se ha movido mucho menos que el femenino.
Las expectativas que tiene un hombre respecto de sí mismo y las que los demás tienen de él apenas han variado”. Entramos así en un contexto paradójico, ya que la sociedad demanda cambios de la mujer, que sí se han producido, mientras que los del hombre, si bien teóricamente se exigen, son rechazados en la realidad. “Se los contempla con simpatía sobre el papel, pero en la práctica generan estrés y situaciones potencialmente negativas”.
Ocultar que se está en paro Señala Fernández Dols estudios sociológicos, como los realizados por
Susan Faludi en la anterior crisis económica, que inciden en dos extremos significativos. En un sentido, “era muy frecuente que el hombre ocultase a sus seres allegados que estaba en paro.
Muchos hombres fingían seguir yendo a trabajar por las mañanas y se pasaban el día en el coche o en el parque. En otro, era frecuente que llegase el divorcio poco después de la pérdida de empleo”.
Es posible, no obstante, que tales situaciones sean más usuales en el entorno anglosajón que en el mediterráneo, donde la familia sigue siendo un respaldo fundamental en los malos tiempos. Para Fernández Dols, si bien seguimos siendo mediterráneos, y por tanto continuamos refugiándonos en la familia cuando nos es preciso, hay cambios notables asomando en el horizonte. “Siendo cierto que el Estado de bienestar español no ha existido como tal, ya que ha descansado de forma oficiosa en la familia, hay indicadores de que las cosas pueden estar transformándose. Así,
la relación conyugal ha pasado de una situación comunitaria a otra de intercambio en la que el divorcio se ve con mucha naturalidad. Además, está afluyendo un gran volumen de inmigrantes que provienen de zonas que a veces coinciden con nuestros valores y en otras no”.
Pero si algo está afectando sustancialmente al núcleo familiar es ese cambio de mentalidad según el cual la familia ya no es un asunto comunitario. Antes, “cuando alguien se casaba, asumía que pasaba a ser, más que un individuo, una parte del entorno familiar. Hoy no es así, la gente es más individualista y observa del matrimonio desde el punto de vista del cálculo personal, desde el análisis y la valoración de lo que le puede aportar el convivir con otra persona. Nos estamos haciendo más anglosajones”.
Para
Vanesa Gil, secretaria académica del instituto estudios de la familia del CEU, la crisis ayudará a caminar en sentido contrario, toda vez que hará posible recuperar tareas habituales en la mujer. “El significado etimológico de economía es administración del hogar, y alude a lo que la economía era en tiempos pasados, una actividad fundamentalmente privada que solía realizar la mujer, quien era la administradora de la familia y su responsable económica. Esto cambió con la sociedad industrial, porque la mujer sale fuera de casa y puede desarrollarse plenamente en lo laboral, convirtiendo el hogar en un punto de encuentro más que en el espacio que ella administraba”. Sin embargo, asegura Gil, las presentes dificultades de empleo no sólo operan en sentido de hacer que la mujer adquiera más responsabilidades económicas respecto de la familia, sino que también juegan en dirección contraria. “
No es malo que la mujer esté sufriendo el paro, en la medida en que pueden volver a casa para redescubrir esa responsabilidad de administración que tan importante resulta para todos. Siempre que haya ingresos en casa, el paro puede ser una oportunidad”.
Para Fernández Dols es improbable que la crisis provoque un repliegue de la mujer hacia el espacio familiar, toda vez que una situación coyuntural no terminar por modificar el contexto general. “Los valores, en cualquier dirección, cambian muy despacio. Y lo que estamos viendo hoy es que existe una tendencia a nivel mundial que está consiguiendo que veamos el mundo de otra manera y que valoremos cosas diferentes. En este orden, un cambio en las circunstancias, como es el tener o no trabajo no modifica los valores que se tienen”. Es cierto que pueden darse cambios personales, “que uno puede racionalizar la nueva situación, puede adoptar otro modelo de vida o puede sentirse afectado en su autoimagen, pero las transformaciones no pasan a otro nivel.
Hoy el modelo general de éxito no pasa por el hogar”.