los Miuras de hoy casi ni parecían Miuras

Toros de la Feria de San Isidro: acabar con los Miuras

Ha sido duro acabar con los Miuras, pero nos queda el postre del próximo fin de semana: la beneficencia y la cultura

Foto: El diestro Rubén Pinar, en la faena a su primer toro.
El diestro Rubén Pinar, en la faena a su primer toro.

Plaza de toros de las Ventas
11 de junio de 2017
Ultima de Feria.

Prácticamente lleno en tarde muy calurosa, casi agosteña.

Seis toros de Miura de entre 527 y 615 kilos, los seis cárdenos. Mal presentados en general y flojos. Sin casta, hubieran sido inaceptables para el público de pertenecer a otra divisa la mayoría de ellos. Dos sobreros de Buenavista y de El Ventorrillo lidiados en segundo y quinto lugar, mucho más serios y cuajados que los titulares, de buen juego, especialmente el de El Ventorrillo.

Rafaelillo, de azul pavo y oro, silencio y ovación, resultó herido en el cuarto con un puntazo en la cara interna del muslo izquierdo y otro en la axila: de pronóstico reservado, pudo volver al ruedo al final del festejo.

Dávila Miura, de verde botella y oro, silencio y ovación que saluda desde el tercio con alguna protesta.
Rubén Pinar, de azul y oro, silencio y silencio.

No, no pretendo liderar un movimiento que acabe con 175 años de historia. De tener condición populista, hubiera sido el mejor momento para intentarlo, desde luego. Me planto hoy a la salida de la plaza y formo una asamblea ciudadana que ríete tú de los del 15-M y hasta de los que tomaron la Bastilla. Me subo a uno de los bancos enfrente de la puerta grande y empiezo a proclamar las maldades de los Miuras y de los Miuros y acabamos tomando la Unión de Criadores de Toros de Lidia para quemar los permisos de cría vinculados a Zahariche, que es la finca donde llevan cuidando toros y toras camino de 200 años.

Pero no seré yo quien aglutine el sentir general de los aficionados de este domingo en Madrid de manera populista. Ni sería lógico ni sería justo. Ni sería eficiente ni haría justicia a una trayectoria, sobrevalorada en las últimas décadas en cuanto al juego de sus toros, pero que claramente ha marcado distintas épocas del toreo. Los toros de Miura han aportado a la mística de la tauromaquia leyenda, y a su realidad, la peligrosidad de su encaste constatada con la muerte en la plaza de no pocos toreros. Pepete, El Espartero o Manolete engrosan una lista negra y morbosa que en tiempos llegó a justificar la leyenda de que los toros de Miura eran mucho más capaces de alcanzar a un torero que el resto. Llegó incluso a decirse que tenían una vértebra más para justificar la largura de su cuello, lo excepcional de su alzada y la velocidad con la que giraban sobre sus manos en busca del cuerpo del torero. Tal fue el estado de opinión generalizado sobre estos toros que se le da crédito a la anécdota que relatan de cuando a don Eduardo Miura le contaron que Juan Belmonte había cogido del pitón a uno de sus toros en un desplante en Sevilla, y lloró por segunda y última vez en su vida... y la primera fue escuchando una saeta.

Pero yo no quiero acabar con los Miuras. Ni siquiera me gustaría que su leyenda mermara. Sabemos que no son toros que embistan con las exigencias modernas, que le van a hacer pasar un trago al torero desde el mismo momento de firmar el contrato, que la mayoría pueden apuntar modales de manso... pero ese respeto a su historia y sobre todo a su encaste debe ser razón suficiente para seguir apoyándolos. Su encaste, Cabrera, es una línea pura que ni ha tenido cruce ni ha cruzado con ninguna de las existentes hasta ahora. Si acaso algún refresco de sangre, como dicen los ganaderos, pero esa es la razón por la que estos toros no se parecen a ningún otro del campo bravo actual.

El diestro Eduardo Dávila Miura, en la faena. (EFE)
El diestro Eduardo Dávila Miura, en la faena. (EFE)

Su monumental presencia, mucho más desarrollada ahora que cuando facilitaban los triunfos de Joselito, Belmonte, Vicente Pastor, Manolete o Diego Puerta, es uno de los principales atractivos de algunas ferias.

Eso ha hecho que se haya convertido en casi tradicional que tanto la feria de Sevilla como la de Madrid acaben con una corrida de Miura. Y ahí es donde yo me planteo lo de acabar con los Miuras. Es un riesgo muy alto. Riesgo de que no embistan, de que salgan mansos o se caigan. Además, para terminar San Isidro, los Miuras de hoy casi ni parecían Miuras. Todos cárdenos, todos feos, desiguales y hasta pequeños. Es cierto que son 'agalgados', ligeros de carne y estrechos, pero también que son altos, con grandes pitones y dan miedo. Este domingo no han salido de esos.

Los que sí han salido ilesos han sido los toreros. Dos puntazos ha sufrido Rafaelillo en un momento, pero eso no es un parte de bajas, es un parte de éxito vista la condición de los toros y la entrega de los toreros.

Ligero con la espada y el descabello, se llevó de Madrid ese reconocimiento agridulce de cuando no hay éxito

El oficio acumulado del murciano ha dado los mejores momentos de la tarde, en su recibir al cuarto con farol de rodillas y ganándole terreno y en la muleta robándole los pases dando pasos y requiebros. Ligero con la espada y el descabello, se llevó de Madrid ese reconocimiento agridulce de cuando no hay éxito.

Rubén Pinar tuvo el día negro. Me imagino esperar treinta y tantas tardes de San Isidro para matar la de Miura y que te salgan esos dos mastuerzos. Solo el desgaste, que por cierto me ha parecido vérselo en la cara al final del paseíllo, justificaría pronto y mejor trato al torero para poder volver a verlo en esta plaza y ponderar su buen momento.

Dávila Miura es familia de los Miura, me refiero lógicamente a los Miura ganaderos. Lo aclaro porque nunca unos toros han estado tan ligados a un apellido, nunca. Un torero peculiar que después de 11 años de asueto profesional decidió esta temporada y por el 175 aniversario de su historia homenajear a su familia matando sus toros en Sevilla, Madrid y Pamplona, me gusta el gesto. Dávila Miura, que entre otras cosas da charlas a directivos trasladando su experiencia con los toros, contará la anécdota de que en Madrid, a pesar de la gesta de su anuncio, no pudo matar ni uno solo de los de su familia... De los toros, vuelvo a aclarar, por si fuera necesario.

El diestro Rafael Rubio 'Rafaelillo', en la faena. (EFE)
El diestro Rafael Rubio 'Rafaelillo', en la faena. (EFE)

Gracias a eso ha matado los dos mejores de la tarde, y en especial el quinto de El Ventorrillo, que ha sido un buen toro. Un toro con temple que le ha permitido los mejores pases que yo le haya visto nunca en Madrid. Tranquilo, a gusto y templado, supongo que habrá compensado con la ovación que ha saludado desde el tercio después de pinchar al toro el disgusto de no rematar la hazaña y el homenaje.

Ha sido duro acabar con los Miuras, pero nos queda el postre del próximo fin de semana: la beneficencia y la cultura. Las dos obras maestras de los carteles de este año que van sumando expectación y ambiente. Pensándolo bien, está claro que esto no acaba con los Miuras...

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