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Huracán Javier o la historia del primer Erasmus sordociego de Europa

Javier tiene 25 años, es español y es el primer estudiante Erasmus sordociego de Europa. Su discapacidad no le ha impedido cruzar el canal de la Mancha para estudiar en Londres

Foto: Javier García Pajares en Stonehenge, Reino Unido. (Cedida)
Javier García Pajares en Stonehenge, Reino Unido. (Cedida)

La suerte sonríe a los valientes. Y si no, que se lo digan a Javier. Este extremeño de 25 años, estudiante de Derecho y Administración de Empresas en Madrid, vive desde el pasado septiembre en Londres gracias a una beca Erasmus. Desde entonces, este universitario ocupa sus días con estudios, deporte y vida social. Lugares comunes que encontramos en la descripción de la vida de cualquier joven. Pero Javier también es sordociego y se ha convertido en el primer Erasmus de la historia con esta discapacidad. Su viaje es el resultado del esfuerzo y una disciplina marcial practicada durante años.

Cuando Javier nació, era un bebé como cualquier otro. Los primeros síntomas aparecieron cuando tenía 10 años y cuatro años después perdió la audición. Después fue la vista y poco después llegó la incomprensión, el no saber, el 'bullyng' en el colegio. En un principio, los médicos aseguraron que el problema es que era muy distraído y su familia se acogió a aquel diagnóstico erróneo. Fue entonces cuando Javier abandonó el colegio –estaba en 4º de la ESO- y se encerró en casa.

Tras dos años de aislamiento, su padre le apuntó a la Fundación ONCE en busca de ayuda. Entonces algo cambió. Durante un tiempo un psicólogo de la organización comenzó a visitarle y, aunque Javier fue un poco reacio al principio, terminó prestándole atención. Fue entonces cuando se dio cuenta de que no podía seguir así y decidió dar un golpe de timón a su vida.

Javier pasó de abandonar el colegio a estudiar un doble grado en la Autónoma de Madrid y conseguir una beca Erasmus en una universidad británica

Gracias a la ONCE, Javier retomó sus estudios, previo aprendizaje del sistema de comunicación dactilológico y del braille, amén de ciertas nociones de mecanografía. Con un expediente brillante tras su etapa escolar, Javier se marcó una nueva meta y aterrizó en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) para estudiar Derecho y Empresariales. Pero este extremeño quiso ir un poco más allá y fijó un nuevo objetivo: una beca Erasmus.

"Todo comenzó en 2013 cuando terminé un examen de Microeconomía y la profesora de la asignatura me animó a presentarme a la beca Erasmus", explica Javier a El Confidencial a través de un email. "En un principio no quise meterme en nuevas complicaciones, pero con el tiempo me dije: ¿y por qué yo no?".

Su mediadora, Lorena Parra, le apoyó desde el primer momento: “Javier no se planteó que como persona con sordoceguera el Erasmus era un objetivo inalcanzable para él, sino que se planteó que tenía la opción de participar en el programa y decidió aprovecharla”.

Las dudas, dejar su vida en Madrid -"un mundo genial que me había costado Dios y ayuda construir"- o su pareja de entonces fueron algunos de los frenos iniciales, aunque poco después comenzó a cambiar de idea: "Vivimos en un mundo volátil, donde cada día es nuevo y no podemos predecir qué va a pasar", asegura.

Una vez tomada la decisión, comenzó el particular Vietnam de Javier. “Desde el primer momento yo le animé a participar y le ayudé en todo lo que pude. Pensé que era complicado, pero que era mejor intentarlo, aunque no llegase a conseguirlo, que ponerse él mismo la barrera del “no” antes de probar”, explica Lorena, quien trabaja con él desde hace años.

Javier con su mediadora Teresa el día que viajó a Londres. (Cedida)
Javier con su mediadora Teresa el día que viajó a Londres. (Cedida)

Trabas, dificultades, burocracia y toda una suerte de obstáculos que le llevaron a pensar en tirar la toalla en más de una ocasión: "Fue como atravesar una montaña a martillazos", señala Javier. Finalmente, gracias a su empeño y el de su universidad, logró una plaza en la Regent's University London. Su aventura en la capital británica, que comenzó hace casi dos meses, cuenta con el respaldo financiero de la ONCE, la Fundación ONCE y FOAPS.

Para responder a las preguntas de este diario, Javier se ha quedado despierto hasta la una de la madrugada. Escribe despacio, son cinco preguntas concretas. A lo largo de cuatro folios se explaya, no escatima en detalles y señala las luces y sombras de su experiencia en el extranjero: "Aquí hay que luchar", apostilla. Precisamente es ese espíritu de superación, esa resiliencia, la que marca todo su discuso: "La clave para triunfar es decir sí". Y desde entonces no ha parado.

“Ese positivismo, junto a su esfuerzo, ayuda muchísimo a que todo vaya saliendo adelante”, añade Lorena. “También ha sido un aprendizaje por su parte. Todo esto le ha llevado a darse cuenta de que no puede hundirse y quedarse en casa encerrado porque los problemas no se van a resolver solos”.

Preguntado por la comunicación en su día a día, Javier admite que no está siendo fácil: "He conocido personas, pero no a las personas, las adecuadas, ésas todavía no las he encontrado. ¿La razón? No lo sé". Pese a todo, ya ha tenido la oportunidad de trabajar en clase con gente de todos los países, ha cenado con varios compañeros de clase y su nivel de inglés mejora cada día.

Sobre el futuro, deja todas las puertas abiertas y no descarta nada: "Me encantaría estudiar psicología", confiesa. Lo que sí es seguro es que no echa el freno

"Durante el periodo de orientación, en la ceremonia de bienvenida, tomé las riendas y me presenté públicamente ante todos los estudiantes", cuenta. "Les invité a aprender Dactilológico. Desde entonces intento relacionarme a menudo y voy a fiestas y otras actividades siempre que puedo".

Los profesores y el personal de su residencia, explica, están volcados con él: "Me facilitan todos los materiales y, lo mejor de todo, me tratan como a uno más". En clase, su otra mediadora Teresa escribe en inglés todo lo que sucede -"como si entra un chico tarde en clase"- y él lo lee al mismo tiempo con su línea Braille. Para hablar con otras personas, Teresa le interpreta la información en dactilológico en la palma de la mano.

Aunque el balance es positivo, Javier cree que todavía hay mucho trabajo por hacer: "Todo esto tenemos que mejorarlo, no solo por mí, sino por los estudiantes sordociegos que puedan venir detrás y tengan que enfrentarse a la misma situación. No todos tienen porqué tener la misma paciencia y fuerza de voluntad que tengo yo".

Sobre el futuro, deja todas las puertas abiertas y a priori no descarta nada: "Me encantaría estudiar psicología", confiesa. Lo que sí es seguro es que Javier no echa el freno. En cuanto regrese a España acabará sus estudios universitarios y después seguirá el consejo de su amigo Tomás: "Cuando llegue el momento, sabremos qué hacer".

En cualquier caso, ya sabe que las fronteras no son un límite para él y fantasea con la posibilidad de seguir su formación en el extranjero. Sabe que no será fácil, pero "imposible" es una palabra que hace tiempo desterró. Y todo, porque dijo sí.

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