un día con la comunidad odinista española

"Somos odinistas, hijos de Thor, y tenemos un templo en un pueblo de Albacete"

Hay más de 10.000 en España y quieren que su religión reciba el mismo trato que el catolicismo o el Islam. 'El Confidencial' ha pasado un día con ellos y ha participado en una ceremonia nocturna

Foto: Preparándose para la ceremonia en Navas de la Jorquera. (A.Villarino)
Preparándose para la ceremonia en Navas de la Jorquera. (A.Villarino)

Los odinistas rebañan una fuente de espaguetis sentados alrededor de una mesa rectangular, sobre un mantel de cuadros que ha quedado adornado con manchas de tomate. Por la casa corretean los niños y se tropiezan con las sillas, mientras los mayores se quedan de sobremesa, charlando de sus cosas. Han caído cuatro gotas y se ha quedado una tarde agradable en Navas de la Jorquera (Albacete), un pueblo de 500 habitantes en mitad de La Mancha.

La reunión no tiene nada de especial hasta que Manu desenfunda un cuerno de búfalo. "A mí me sale una hidromiel riquísima, pero hoy no tenemos, así que estamos bebiendo cerveza del cuerno", se disculpa. En Granada, donde vive, Manu trabaja como chófer en la empresa de depilación de su familia. Aquí, entre la Comunidad Odinista de España-Ásatrú (COE), es un 'goói', un sacerdote. Y hoy se encargará de oficiar la ceremonia en el templo.

"Somos odinistas, hijos de Thor, y tenemos un templo en un pueblo de Albacete"

El odinismo (rama del paganismo escandinavo y la religión politeísta precristiana que más tardó en desaparecer en Europa) es uno de los diez cultos minoritarios reconocidos por las autoridades españolas. El presidente del COE, Ernesto García, ingeniero de minas, asegura que eran sólo 700 en 2007 pero que hoy tienen entre 9.000 y 15.000 feligreses. "Vivimos nuestro mejor momento. Esto no para de crecer y quien busca espiritualidad estos días viene aquí. La de hoy es una congregación pequeña, somos casi 30 personas. Celebramos el Haustblót, el equinoccio de otoño", explica.

Fue García quién fundó el COE con dos amigos, en los años 80. Al principio eran cuatro gatos. En un terreno familiar, a las afueras del pueblo, entre corrales y campos de cultivo, pusieron las primeras piedras del templo. "Es un sitio especial porque por aquí había un cementerio íbero". Construyeron todo con sus manos, a la vieja usanza. Para los arcos, utilizaron moldes de madera para sostener los ladrillos. Para las paredes, piedras y cemento. Fueron ampliando la estructura original según fue creciendo el culto. "Es una religión de contacto con la naturaleza, así que las ceremonias son a cielo abierto, pero estamos pensando hacer una parte techada para cuando llueva o haga mucho calor".

Un detalle del altar (A.Villarino)
Un detalle del altar (A.Villarino)

La comitiva Ásatrú parte desde el pueblo: una caravana de vikingos educados a la que han aprendido a acostumbrarse los vecinos. Dos ancianas vestidas de negro vuelven la vista con indiferencia. Después de cinco minutos por caminos polvorientos, llegamos al templo. Los goznes rechinan y los odinistas van ocupando sus puestos. En una pequeña estructura de piedra, un cuco manchego, se retira a meditar Carlos Egea, un mecánico de motos de Cartagena, que se define como uno de los “espirituales” del grupo.

"Somos odinistas, hijos de Thor, y tenemos un templo en un pueblo de Albacete"

Arrancan las confidencias dentro de una nube de incienso y mirra. Carlos dice que el odinismo ha crecido con la crisis porque la gente busca cosas a las que agarrarse. “La lección es que no puedes estar todo el día llorando y quejándote. La autocompasión es destrucción y yo le pido fuerza a Thor para afrontar el día a día, para luchar, en la libre elección duerme la fuerza. Somos guerreros y estamos frente a la naturaleza. Yo he pasado momentos malos y aquí tomo fuerza. Después de cada ceremonia vuelvo nuevo a casa. Empecé haciendo artes marciales, taichi y chikung, pero después pensé que en Occidente seguro que hay espiritualidades parecidas a las orientales. Y finalmente encontré el COE en un foro de Internet”, dice.

Dentro del templo, sobre el altar, se despliega la parafernalia sacra y las antorchas. Algunos se visten con los ropajes de reparto. De las mochilas y las bolsas de supermercado aparecen objetos y símbolos: plumas, runas, cuencos, platos y amuletos. Dos murcianos de estética heavy han traido un barrilete de cerveza. "Es marca AC/DC, lo traemos de importación", bromean. Además del goói (sacerdote) participan dos mujeres. “Esas son la seidkona y la valkiria”, nos explican, entre susurros. La ceremonia es breve y las declamaciones se suceden mirando al cielo e invocando a la naturaleza. Cuando acaba, empieza la fiesta, regada de cerveza, carne a la brasa, música folk y heavy.

Manu enseña su bastón decorado con runas (A.Villarino)
Manu enseña su bastón decorado con runas (A.Villarino)

Dani (alias Sigurd) es informático, de Murcia, y uno de los tipos más jóvenes del grupo. Está preocupado porque su novia no quiere salir en el vídeo y nos lo recuerda un par de veces, con delicadeza. Se mueve por los corros poniendo orden argumental. Si alguien se desparrama en una explicación histórica, él corrige. Si otro equivoca un término del medievo escandinavo, está ahí para hacer precisiones. Tiene una memoria enciclopédica y se pasa la noche enzarzado en debates sobre los Monty Phyton, la simbología nazi o los años finales del Imperio Bizantino.

El que viene de más lejos es Juan Carlos, un barrendero de Barakaldo con fisionomía de lanzador de peso y aspecto noblote. “Es una paliza venir aquí porque no tengo coche. El viernes cogí un autobús de madrugada hasta Madrid, luego desde allí otro a Albacete. Y allí vinieron a buscarme. A mi siempre me ha atraído todo lo vikingo. Ya en las películas me gustaba. Luego encontré este grupo y desde entonces intento no perderme las ceremonias. Lo disfruto mucho, es una religión muy libre, cada uno la vive como quiere y somos una familia. Ya ves que no sacrificamos vírgenes ni nada".

"Somos odinistas, hijos de Thor, y tenemos un templo en un pueblo de Albacete"

Ernesto actúa de guardián de las esencias y le preocupa cómo puede ser percibida su comunidad, de cuya reputación se siente responsable. Se ocupa de explicarnos que no tienen nada que ver con el nazismo, ni con movimientos políticos. “A menudo nos acusan de eso por la simbología y porque los nazis se apropiaron de elementos paganos, pero no tenemos nada que ver. Aquí hay gente de todas las ideologías y nadie pregunta de esas cosas, la política la dejamos en casa, aquí venimos a tener vida espiritual”, dice.

Juan Carlos viaja desde Barakaldo (A.Villarino)
Juan Carlos viaja desde Barakaldo (A.Villarino)

El fundador lucha para que el odimismo consiga el “notorio arraigo”, algo que sólo se ha logrado en Islandia. "Estamos discriminados y el notorio arraigo es importante porque cuando se consigue los sacerdotes pueden celebrar bodas, funerales y otros ritos con validez legal. También asistencia espiritual en prisiones y hospitales, y las subvenciones que tienen otros cultos. ¡Cómo no vamos a tener notorio arraigo los paganos si es un culto mucho más viejo que el cristianismo”, dice, reivindicando “la herencia de godos y druidas" y con una lección de historia pre-cristiana.

Un brusco espaldarazo nos saca de la conversación. "Aquí comemos como vikingos", dice un odinista que no nos han presentado todavía, guiándonos del brazo en la oscuridad hasta el altar, donde ahora en lugar de runas y plumas hay platos de carne asada. "¡Con las manos, como los vikingos!", nos invita. Se acaba el pan, escasea el vino y el banquete decae hasta que la parroquia empieza a tomar asiento en el suelo alrededor del fuego.

(A.Villarino)
(A.Villarino)

La sacerdotisa, vestida de carmín, inicia el "viaje chamánico": hace sonar los tambores y emite ruidos guturales, mientras el resto intenta dejarse llevar por el ritmo. A la hija de uno de los asistentes se les escapa una risita y de una almena del templo asoma la cabeza de uno de los asistentes, un chaval al que se le ha ido la mano con la cerveza. "¿Por qué no puedo participar yo? ¡También soy hijo de Thor y Frey! ¡Me estás discriminando!", grita. Ernesto interviene después, sin esconder su disgusto. "A veces viene gente un poco perdida que no entiende nada. Es una pena porque ha roto la magia de la ceremonia", lamenta.

La escena deja un regusto amargo y el grupo se apresura a organizar el último acto de la ceremonia. El bardo del grupo, que nos pide no ser retratado ni desvelar su nombre, se levanta de un brinco y lanza una prédica-monólogo de diez minutos, pausas dramáticas incluidas, en la que habla con intensidad de su conversión al odinismo y de las virtudes de varios dioses paganos. Hay aplausos y un cierto cansancio en el grupo por la intensidad de la jornada.

Son casi las doce de la noche y Ernesto decide dar por acabados los fastos. El Haustblót concluye y todos vuelven poco a poco a la cotidianidad. El gooi vuelve a ser Manu, la valkiria se pone los vaqueros, Juan Carlos empieza a pensar en su viaje de vuelta a Barakaldo, los niños buscan a sus madres y Sigurd es otra vez Dani. “Pásame la chaqueta, anda, que hace frío”, le pide una mujer a su marido, camino del coche.

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