El maquinista del Alvia accidentado, Francisco José Garzón Amo, único imputado por ahora en la investigación judicial de la tragedia, estaba hablando por su teléfono móvil corporativo cuando debió iniciar la maniobra de frenado que habría impedido el descarrilamiento del tren, un dato que refuerza la tesis de que fue esa conversación la que provocó su fatídico despiste. Eso es lo que se desprende de los datos registrados por las cajas negras y de la información aportada hasta ahora por Adif.

Los registros han desvelado que el Alvia enfiló la curva del accidente a una velocidad de 192 km/h. Teniendo en cuenta que la llamada se prolongó durante los dos minutos anteriores al accidente, según los datos de las cajas negras, se puede concluir que Garzón Amo circuló hablando por teléfono durante 6,4 kilómetros.

Llegada del primer tren alvia a la estación de santiago de compostela tras el accidenteLlegada del primer tren alvia a la estación de santiago de compostela tras el accidente

El dato es relevante porque el maquinista debía haber comenzado a frenar el tren a cuatro kilómetros de la curva. Así lo especificó el presidente de Adif, Gonzalo Ferre, cuando acudió a visitar la zona del accidente. Pero cuando llegó a ese punto del trayecto, Garzón Amo ya estaba hablando por teléfono con el interventor de Renfe que viaja a bordo del Alvia. Si se demuestra que la llamada fue la causa del despiste, sus consencuencias fueron trágicas. En el momento en el que se produjo su salida de la vía, el tren circulaba a 153 km/h, muy por encima del límite máximo de 80 km/h recomendado para ese punto del trayecto. Murieron 79 pasajeros y más de 170 sufrieron heridas de diferentes consideración.

Esa comunicación no había trascendido hasta el pasado martes, cuando se analizaron los datos de las cajas negras. El maquinista había asegurado en su declaración del domingo ante el juez que no redujo la marcha del tren por un despiste, pero no aclaró el motivo por el que se sufrió esa confusión ni tampoco ofreció ningún dato sobre llamada en los instantes previos al descarrilamiento.

Su interlocutor, el interventor del convoy, Antonio Martín Marugán, tampoco dijo nada sobre conversación cuando fue interrogado por los agentes de la Policía Judicial. En teoría, no quería comprometer al maquinista, del que es buen amigo y, según reconoció a El País, llegó a quedar con él varias veces. Sin embargo, el motivo de la llamada no deja tampoco en buen lugar al interventor, que viajaba en el vagón 3 del Alvia, asiento 2b, junto al jefe de Seguridad del convoy: quería asegurarse de que el maquinista entraba en la estación por la vía que más convenía a unos amigos que iban en el tren.

Ni Marugán ni el maquinista revelaron la llamada en sus primeras declaraciones. Todo se precipitó cuando Renfe, Fomento y Adif, como adelantaba este diario, negaban que la llamada que había recibido el maquinista y que el juzgado había desvelado procediera del centro de control o de algún organismo oficial. Finalmente. el maquinista acudió voluntariamente a desvelar que el origen de la llamada al móvil corporativo procedía del propio tren, concretamente del tercer vagón. Una conversación que duró dos minutos y que, finalmente, fue letal.