02/09/2012
(06:00)
La desaparición de Ruth y José, los niños cordobeses en paradero desconocido desde el pasado 8 de octubre, parece haberse resuelto en el peor de los desenlaces. La filtración de un segundo informe sobre los restos óseos encontrados en una finca familiar –que afirma que son humanos y no de animales– y el tercer análisis policial revelado por el ministro del Interior –que llega a la misma conclusión– dejan poco espacio a la esperanza. A falta de que finalice la instrucción del caso, el padre de los niños, José Bretón, es el principal sospechoso de su desaparición y el único detenido. Pocos dudan de que a los delitos que le imputa el juez, de detención ilegal y de simulación de delito, vaya a sumarse pronto una nueva acusación: la de homicidio.
El caso ha conmocionado a una opinión pública que desde hace once meses se deshace en muestras de apoyo a la familia y se vuelca en la búsqueda de los niños. Y las cifras no son para menos. De confirmarse que Ruth y José murieron a manos de su padre, ya serían cinco los niños asesinados en 2012 en España por sus progenitores. La triste cifra se eleva hasta los 62 niños y niñas en la última década, según las estadísticas que recoge la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas. El peor año de este trágico cómputo fue 2004, cuando 14 menores murieron fruto de la violencia doméstica, 11 de ellos a manos de sus padres.
Unos episodios que no por tristemente frecuentes dejan de sacudir a una sociedad que con cada uno expresa su indignación y se pregunta, una y otra vez, qué pasa por la cabeza de esos padres que deciden acabar con las vidas de sus hijos.
Afán de venganza
"La pulsión más reconocible en estos casos es el afán de venganza", explica Emiliano de la Cruz, psicólogo forense. "Se trata de hacer daño a la pareja o la expareja utilizando aquello que más quiere, que son los hijos en común". Una conducta, explica, que puede practicarse "sin sufrir ningún tipo de patología", aunque matiza que quien incurre en ella "no goza, desde luego, de un gran equilibrio".
Un dramático ejemplo de este comportamiento se vivió en julio de este mismo año, cuando un padre apuñaló a su hijo menor y urdió una macabra puesta en escena para hacer ver a su exmujer que lo asesinaba ante sus ojos. "Asómate a la ventana para que veas lo que te mereces", le dijo por teléfono justo antes de estrellar su coche en llamas, en el que iba el cuerpo de su hijo, frente al domicilio de ella. Al progenitor, sobre el que había pesado una orden de alejamiento y que murió en el siniestro, no se le atribuye ningún trastorno mental.
De hecho, y pese a la atrocidad de la que son capaces, De la Cruz anima a no valorar a los protagonistas este tipo de episodios "como si se tratase automáticamente de enfermos mentales" y advierte contra una visión demasiado visceral de estas personas que, en ocasiones, nos lleva a caer en "mitos". El sentimiento de injusticia y el deseo de venganza son pulsiones "que todos sentimos", explica, "aunque normalmente sabemos enfrentarnos a ellas" y resolverlas sin tener que practicar la violencia.
Complejo de Medea
Por desgracia, el filicidio –el asesinato del hijo o hija– no es nuevo en nuestro mundo y en consecuencia, tampoco lo es en psicología. Las antiguas teorías psicoanalistas acuñaron incluso un término para designar el trastorno que conduce al asesinato de los hijos recurriendo al mito griego de Medea.
En la historia que cuenta Eurípides, la esposa de Jasón le quita la vida a sus hijos por despecho hacia el héroe, que la había abandonado por otra mujer. En ocasiones se aplica este apelativo, el de complejo de Medea, al trastorno que conduce a un desenlace tan dramático, aunque en realidad es una categoría poco consistente que no incide en las causas, sino en las consecuencias.
Un triste ejemplo de este vago complejo de Medea lo encontramos en un municipio de Girona, donde una madre acabó con la vida de sus dos hijas, de 4 y 9 años, en diciembre de 2007, para después suicidarse. El detonante en esta ocasión no fue el despecho o el afán de venganza, sino lo que pareció ser depresión y el deseo de la mujer de quitarse la vida sin dejar atrás a sus dos hijas. La familia había perdido recientemente al padre en un accidente de tráfico.
Aunque se producen en ambos sexos, "este tipo de conductas abundan algo más entre las mujeres", explica De la Cruz. "Su tesis es: me voy y te llevo conmigo". Aunque el experto advierte de que lo que pasa por la mente de estas personas "es siempre una hipótesis", cree probable que en este tipo de casos el celo obsesivo por el bienestar de los hijos se convierta, ante la decisión de morir, en la determinación paradójica de acabar también con la vida de ellos. Una contradicción incomprensible para la mayoría de nosotros porque mantenemos "una relación muy interiorizada con las reglas", según De la Cruz, que nos impide recurrir a la violencia incluso cuando se piensa que es legítima.
"Parecía una persona normal"
No en vano, el sometimiento a las normas y las convenciones sociales es la cuestión clave de este problema. El infanticidio y el filicidio –con el agravante de la paternidad– son algunos de los delitos más censurados por las convenciones que rigen la convivencia, como las leyes, la costumbre o el código moral. Por esta razón, muchos expertos concluyen que la violación flagrante de este tipo de reglas básicas indica no sólo una desviación de la conducta, sino en muchas ocasiones un trastorno clínico.
"Detrás del asesinato del propio hijo suele estar la patología", explica Fernando Azor, perito psicólogo y director de Gabinete de Psicología. Según él, la ausencia de síntomas "demasiado evidentes" durante un examen preliminar del presunto autor no debe conducir necesariamente al descarte del trastorno mental, en particular cuando se trate de valorar conductas tan extremas como acabar con la vida de un hijo.
Una noción, advierte, que no sólo se aplica a las valoraciones profesionales. Desde el principio de la investigación del caso de los niños de Córdoba, la mayoría de vecinos y conocidos que han referido a los medios su relación con su padre, el principal sospechoso, han puesto de relieve la cordialidad de José Bretón en el trato cotidiano y su aparente normalidad. "Es un cacho de pan", llegó a manifestar una conocida de la familia al principio de la instrucción.
Sin embargo, Azor no encuentra contradicción entre la aparente normalidad de la personalidad a examen y su condición de principal sospechoso. Algunas patologías "que encajan con esta conducta", explica, "no tiene por qué ser muy notorias ni afectar en gran medida a la relación social con las personas del entorno". Aunque Azor llama a la cautela y se remite siempre "a las condiciones particulares de cada caso", sí adelanta algunos de los cuadros clínicos que pueden llevar a alguien aparentemente equilibrado al asesinato de sus hijos.
Posibles patologías
"Un posible diagnóstico es el trastorno delirante", explica Azor. "Podríamos hablar de trastornos de personalidad, como el trastorno antisocial. Es lo que antes se llamaba sociopatía". Los afectados pierden la noción de la importancia de las normas sociales y persiguen sus objetivos a costa de su violación e incluso de cometer delitos graves. "Aunque saben manejarse con las normas sociales, ellos tienen las suyas propias", sintetiza Azor.
El experto también apunta al trastorno delirante, ya que "aunque puede hacerse visible a ojos de los demás, no tiene por qué". Una persona con trastorno delirante –en otras ocasiones denominado paranoia– puede tener una conducta funcional, ya que no sufre alucinaciones ni padece esquizofrenia. Los afectados por esta enfermedad mental mantienen una o más ideas delirantes, en relación a las cuales pierden la noción de la realidad. "No tienden a mostrar un comportamiento extraño excepto como resultado directo de la idea delirante".EL REDACTOR RECOMIENDA
LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
13hormiga 03/09/2012 | 16:34
#7 Señor Santiago, lea bien mi comentario, yo no digo nada, puesto que no se si se querían cuando se casaron o no se querían, solo recojo algo que familiares de la madre de esos niños dicen que pasó y es que una vez casados ella como mujer quiso tener hijos y los tuvo a pesar de que su pareja no los quería y los tuvo con su pareja; pareja que parece ser es el presunto asesino de sus propios hijos, hijos que no sentía...
A mi el rollo machista y feminista que se traen ustedes entre manos me da exactamente igual y lo mismo me da si matan más unos que otras u otras que unos, el caso es que matan a criaturas inocentes y lo único que he encontrado cierto después de cardar mucho la información sin buscar machismos ni feminismos en el caso es que a dos niños indefensos no se les dejó disfrutar de su vida y fueron presuntamentte incinerados por su "padre" me horroriza pensar que pudo incinerarlos dormidos y vivos...Aberrante no cree???
11luislancer 02/09/2012 | 21:46
#3 precisamente por eso lo decía, por usar el neutro solo cuando perjudica al genero masculino. O crees que es casualidad??
10Aristip 02/09/2012 | 19:11
#1 Santiago1965
Coincido con usted en que la nueva ley contra la violencia de premia a la mujer y menosprecia al hombre. En este marco se generan sentimientos de odio e impotencia que pueden inducir al asesinato pero también al suicidio. Se generan pulsaciones que acaban en función de la "naturaleza" del sujeto que las administra.
Precisamente aquí se encuentra la respuesta a la pregunta del titular: ¿Que ha de existir dentro de uno para convertir una pulsación en asesinato o suicidio o cualquier otro tipo de acto?
Esa es la cuestión: la reacción del cerebro de una persona a un estímulo [el que sea] de fuera.
Soy laico y quisiera saber.
9euclides 02/09/2012 | 18:02
El titular reza "Cómo puede un padre acabar con la vida de sus hijos" de lo que se deduce claramente que el padre, progenitor masculino o como queramos llamarlo, es el tipo sospechoso, la fuente de violencia en parejas problemáticas y en violencia infantil.
El mismo artículo reconoce algo que está más o menos claro: "el asesinato de hijos para herir a la pareja es más habitual en mujeres", pero claro, poner el foco sobre mujeres asesinas no está bien visto. Es el hombre, machista, dominador , fascista. No así la mujer. El caso de Bretón es uno de los pocos que he oído de padre-matando-a-hijos, mientras que madres matando [drogando o ahogando en bañeras, típicos ejemplos] salen de vez en cuando pero con una importancia en la prensa menor.
Y no se trata de hacer un concurso de haber quién es más cruel, se trata de que escapemos por una vez de la dictadura de lo políticamente correcto.
El hecho de que alguna asociación feminista esté utilizando esto para cargar contra resoluciones como la custodia compartida da todavía algo más que pensar.
En fin.
8santiago1965 02/09/2012 | 17:11
#6 Según usted, la mujer se casó para tener hijos y no tenía ninguna clase de amor hacia su marido. Pues NO ME LO CREO. Muchas mujers acuden a la adopción o a la inseminación artificial. Creo de verdad que carde de la información necesaria, igual que todos, para juzgar lo que ha ocurrido.
7hormiga 02/09/2012 | 15:39
#2 Sr Santiago, parece ser que quien quiso tener hijos fue la madre, el señor Bretón, se limitó a hacerlos y nada más, para hacerlos le puso como condición que iba a ser ella quien se ocupara de ellos y no él, y así fue hasta que él se quedó en paro y como se hallaba parado y su mujer trabajaba, se vio obligado a ocuparse de ellos, pero los malos tratos sufridos por su esposa durante años en silencio, hizo que la madre se decidiera a mandarle a la mierda y se separase, y entonces nació el problema, su mujer le había dejado,[esto es lo que la familia y amigos de Ruth Ortiz han contado a los medios] los hijos que engendró le daban igual, con lo cual no creo que hubiese luchado nunca en un Juzgado por ellos como hacen los verdaderos padres, a los que apoyo en su lucha por la custodia compartida, yo soy de la opinión de que padre o madre no es quien los engendra, sino quien los quiere y los cuida y Bretón aprovechó que los tenía tras 15 días de separación para matarlos e incinerarlos, y hacer daño a la mujer que hirió su orgullo viril y retrogrado, lo que no sabemos ni sabremos es si los incineró vivos o muertos??? ¡Menudo papá designó el destino a las dos criaturas!
6piofoncillas 02/09/2012 | 13:33
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El infanticidio, cometido por los propios padre/madre, es un caso desgraciadamente habitual en nuestra historia criminológica, y baste acudir a la Jurisprudencia de nuestro Tribunal Supremo y Audiencias Provinciales [al TS solo se llega en caso de recurso], para comprobarlo.
Las razones son variadas, y no existe unanimidad de criterio entre si se trata del síntoma de una enfermedad mental, o los responsables pueden considerarse plenamente imputables, lo cual depende, en cada caso, de los dictámenes forenses sobre los autores.
Puede llamarnos la atención, por el morbo asociado, pero no debemos considerarlo hecho aislado, a la vista del número de casos que se producen.
Se trata de cuestiones de extremada complejidad que normalmente se analizan por los medios desde una perspectivas apriorísticas y claramente erróneas.
Nuestro Derecho Penal hace tiempo que abandonó la culpabilización por el resultado, y volver a ello sería desandar un camino que ha costado mucho tiempo, y esfuerzo, andar.
5legio vii 02/09/2012 | 12:52
#3 De acuerdo que padres es neutro pero en concordancia con el nuevo manual de igualdad se debe decir padres y madres o madres y padres, al igual que se dice ciudadanos y ciudadanas, trabajadores y trabajadoras, etc.
Lo que no entiendo es porque no se dice el ladrón o ladrona que robo el banco, el piromano o piromana que incendio el bosque, etc. Esos son claros casos de discriminación y las feministas nunca se quejan.
4trazo 02/09/2012 | 11:42
#1 Luislancer
No puedo estar de acuerdo con tu queja.
El titular ha empleado el neutro "padres", que engloba a padres y madres.
De hecho en el artículo se dice que las mujeres son ligeramente más proclives al filicidio.
Lo que ocurre que nos agilipollado tanto que ya no consideramos el neutro como un género al expresarnos.
españoles y españolas, miembros y miembras....