ALGUNOS RENUNCIAN A OFERTAS DEL EXTRANJERO

Las becas impagadas dejan en casa a los investigadores españoles

Alejandro, 30 años, ingeniero informático, tendría que haber recibido su beca predoctoral de formación el pasado 13 de diciembre. Se la habían concedido para investigar en

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Las becas impagadas dejan en casa a los investigadores españoles
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    Alejandro, 30 años, ingeniero informático, tendría que haber recibido su beca predoctoral de formación el pasado 13 de diciembre. Se la habían concedido para investigar en el Reino Unido integrándose en un equipo internacional puntero en monitorización de enfermos. El Ministerio de Economía aún no le ha pagado y Alejandro se ha tenido que quedar en España. Su fecha de incorporación caducó el 13 de enero del mes pasado. No tiene medios ni apoyos familiares para costearse la estancia de su bolsillo. Oportunidad perdida.

    Alejandro iba a formar parte de un grupo de investigadores dedicado a la monitorización de personas mayores en el hogar. “La idea es detectar si esa persona se ha caído, si está desorientada, si no se puede levantar del asiento o de su cama… Si detectamos algo anómalo, lanzamos una alarma”. Es decir, un sistema que permitiría a personas que tienen a dependientes a su cargo ausentarse del hogar para, por ejemplo, hacer la compra. Sería avisada de inmediato si algo raro sucede. Parece bastante útil. ¿No? Dentro de unos pocos años los españoles pagaremos un dineral en patentes por algo que podríamos haber desarrollado aquí si Alejandro hubiera cobrado a tiempo esta beca. Es el argumento que abanderan nuestros investigadores.

    Alejandro no va a ser, por lo menos de momento, uno de esos cerebros españoles que se fugan. Se ha tenido que quedar en España y desperdiciar la oportunidad irrepetible de realizar una investigación con un equipo de ese nivel. Y no es la única víctima de este retraso en el pago de becas. Afecta a todos los investigadores predoctorales españoles que han ganado una beca para disfrutar de estancias breves (dos a seis meses) en centros punteros de investigación en el extranjero.

    Estos investigadores, por expediente y cualidades, son aceptados por equipos de investigación de primera línea que trabajan en universidades de todo el mundo. Parece ser que hay estudiantes españoles cualificados para aportar sus conocimientos en el desarrollo de técnicas innovadoras. “Yo me he comprometido con un grupo de prestigo en la Universidad de Utrech, en Holanda. Ahora que el ministro José Ignacio Wert habla tanto de excelencia, la Universidad de Utrech se encuentra en el ránking de las diez mejores de Europa. ¡Como si fuera tan fácil conseguir llegar ahí! Me he comprometido con un grupo investigador de prestigio. He tenido que adelantar dinero. Esta beca no es: decido irme y me voy a estudiar a una biblioteca de otro país. Un investigador prestigioso de otro centro te acoge para hacer una investigación con ellos”, protesta Antonio Egea, 26 años, licenciado en Veterinaria por la Universidad de Murcia, máster en Biología Molecular, y futuro doctor en Bioquímica y Biología Molecular con una espectacular nota media en la carrera.

    Su fecha límite para incorporarse expiraba hoy 1 de marzo. Ya ha adelantado dinero para el billete de ida y el primer mes de estancia. “Pero no sé si podré quedarme o tendré que volver a España y dejarlo todo. Mi padre es jubilado y mi madre ama de casa. La situación no está para pedirles dinero”.

    El grupo de investigación al que ha conseguido incorporarse Egea estudia una proteína que podría servir para bloquear células enfermas distinguiéndolas de las sanas. Su aplicación permitiría combatir enfermedades neurogenerativas, afecciones cardiacas o cánceres. Quizá, con el tiempo, curarlos.

    Antonio, para integrarse en este grupo de investigación durante tres meses, ha obtenido una beca de 4.500 euros. Que no ha cobrado. Si se buscara un trabajo en Holanda para poder permanecer en Utrech, perdería su beca. Son incompatibles.

    Antonio llama a menudo al Ministerio de Economía y Competitividad, en el que ahora se integra la dirección general de Investigación, para ver qué hay de lo suyo. Y las respuestas van evolucionando: “No sabemos nada”; “No hay fecha prevista de publicación”; y la más pintorresca: “Cambia la fecha de incorporación”. O sea. Pídele al grupo de investigadores europeos que te acogen en su grupo que te esperen. El cáncer puede esperar.

    Sin imagen y sin excelencia

    “Además de la mala imagen internacional para la investigación española, la pretendida excelencia que quiere transmitir la publicidad institucional queda, con medidas como esta, en entredicho. Los avances en los proyectos de investigación que solo pueden llevarse a cabo en dichos centros quedan comprometidos, hasta el punto de paralizar muchos de ellos”, escribe en su comunicado de denuncia de esta situación la Federación de Jóvenes Investigadores.

    De los cuatro investigadores con beca concedida –y pendiente de pago- entrevistados por El Confidencial, tres tienen claro que se marcharán a trabajar fuera de España en cuanto finalicen su formación. “Pese a que prefiero vivir en mi país, creo que tengo bastante claro que me iré fuera”, señala Fernando S. Peregrino, 34 años, ingeniero informático. “Lo que está haciendo España con sus científicos es como si el Barça formara a Messi en la Masía y luego se lo regalara al Manchester. Por cierto, Messi no contaría para el ministro, ya que pese a disfrutar sus servicios un club español, él es inmigrante”, concluye haciendo alusión a una frase de Wert, sobre la fuga de cerebros, que ha levantado ampollas: "No se han ido, sino que es gente que ha adquirido la nacionalidad española gracias a la legislación que permite adquirirla a nietos de españoles o de exiliados y son gente que ha adquirido una educación superior en su país y que de repente aparecen como un incremento de población española pero que siempre han vivido en ese país", dijo el ministro de Educación.

    Marina Fernández, 23 años, máster de Neurociencias y Licenciada en Psicología por la Universidad de Barcelona, se ha ido por su cuenta, sin la beca, a estudiar con un grupo británico el rendimiento cognitivo tras sufrir un ictus. “Pasándolo bastante mal, la familia puede ayudar muy poco”, describe. El ictus es la segunda causa de muerte en los países occidentales. “No tienen vista. Nos preparan e invierten dinero para que nos formemos y, cuando nos doctoramos, nos dejan ir”.

    Más gráfico se pone Antonio: “La investigación en España no está bien valorada. Cuando digo que investigo, la gente me pregunta que cuándo voy a ponerme a trabajar. No hay una verdadera conciencia social de que, sin investigación, no hay desarrollo. La investigación supone patentes, exportar innovación, que se traduce en contratos con otros países para poder exportar algo más que frutas y hortalizas”.

    Como recuerda la Federación de Jóvenes Investigadores, medios como la prestigiosa revista Nature ya han puesto un titular a la situación de la investigación en España: “Spanish changes are scientific suicide”. Los cambios en España son un suicidio científico. Como diría Antonio Egea, nos quedan las frutas y las hortalizas.

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