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Esteban Hernández 24/03/2011 (06:00h)
Foto: iStockphoto.
“Tenía un buen cargo, hacía cosas que me interesaban y en la empresa decían que cuidaban el talento. Mi jornada laboral era mucho mayor que una normal, pero no me importaba porque trabajaba en lo que quería. Hasta que te das cuenta de que eres prescindible. Les das completamente igual”. Lo que afirma un ex directivo de una empresa multinacional es parte de una situación a menudo ignorada, según asegura Nicholas Séné, periodista francés y autor del reciente Derrière l'écran de la révolution sociale (Éditions Respublica). Aun cuando muchos directivos se hallan en una situación inestable y precaria, no solemos prestarles mucha atención, toda vez que “en la jerarquía de nuestras sociedades, ellos aparecen como la élite. En el inconsciente colectivo son retratados como aquellos que cuentan con buenos ingresos, que poseen un alto grado de autonomía y cuyos trabajos son placenteros. Pero este elemento discursivo, que es útil a las empresas y a las Business Schools que hacen negocio con la formación, debe ser rechazado, porque no es cierto”.
Que la precariedad se ha instalado en todas las relaciones laborales es una certeza, asegura Alfonso Cebrián, decano de la facultad de Ciencias Jurídicas y Económicas de la Universidad Camilo José Cela, porque “ya no afecta sólo a los trabajadores que están en la base de la pirámide ni a aquellos que cuentan con menos formación, sino que se ha extendido por toda la organización”. Para Cebrián, la causa de estos altos niveles de inestabilidad proviene de un modelo de negocio que está permanentemente instalado en la ansiedad y que arrastra consigo a los directivos. “Muchos de ellos únicamente piensan en cómo mantener su puesto, lo que les lleva a realizar actos poco éticos que hubieran sido impensables en otras épocas”. El trabajo contemporáneo, desarrollado en un contexto de presión, “favorece el trabajo individual en detrimento del equipo, lleva a que la jornada se extienda muy por encima del número de horas aconsejables y provoca que se cometan numerosos errores”.
Para Carlos Monfort Vinuesa, profesor de Psicología de la Universidad CEU San Pablo, la creciente inestabilidad del entorno laboral proviene de exigencias menos acuciantes que las señaladas por Cebrián, pero que también generan efectos muy relevantes. Los directivos trabajan en un contexto al que hay que adaptarse de forma continua y donde aquello que se daba en llamar business as usual ya no existe. Por ello, “el directivo cada vez tiene menos tiempo a la hora de gestionar los proyectos y ha debido desarrollar herramientas aún más ejecutivas de las que habitualmente ponía en práctica. No hay tiempo para pararse a pensar, lo cual lleva a un ritmo de trabajo rápido e inestable. Además, la presión por obtener resultados rápidos y por mejorar balances de años anteriores repercute en la presión que sufren y pone a prueba su capacidad para reinventarse. Hay quienes lo consiguen y hay quienes no”.
Nicholas Séné ha estudiado esta situación en Derrière l'écran de la révolution sociale, donde analiza el caso de los ingenieros informáticos que trabajan para las sociedades de servicios de ingeniería informática (SSII). Estas compañías se han desarrollado gracias a grandes clientes como Renault, Airbus, el Ministerio de Defensa, etc., a las que las SSII aportaban asistencia y desarrollo en el campo de la informática y sus conocimientos de ingeniería para desarrollar sistemas. “En ellas, los ingenieros informáticos solían estar muy bien pagados y gozar de condiciones de trabajo razonables. Pero desde hace algún tiempo, su situación se ha degradado considerablemente. El medio industrial ha cambiado: las finanzas han marcado el camino y el modelo de la subcontratación a ultranza se ha banalizado. Así cuando Airbus demanda a sus subcontratas que reduzcan un 10% los costes, eso tiene forzosamente un impacto social en sus asalariados, entre los que se encuentran los ingenieros informáticos. Con el descenso de costes, ellos se han convertido en simples obreros de producción detrás de su ordenador. Tienen estatuto de directivo pero a menudo no se dirigen más a que sí mismos”. En este sentido, bien podría decirse que con ellos “ha nacido el directivo obrero”, una figura que pondría de relieve hasta qué punto “los problemas sociales en el trabajo son los mismos ya se esté detrás de una pantalla de ordenador o en una cadena de montaje en el sector automovilístico”.
Los comerciales marcan el paso
Para Séné, el cambio más sustancial ha ocurrido en la estructura de poder de las empresas, en la que los comerciales se han convertido en el centro de la misma, como pone de relieve su estudio sobre los SSII. “Pensábamos que los ingenieros, personas que han cursado una carrera universitaria, tendrían como superiores jerárquicos a ingenieros más expertos y competentes. Sin embargo, están siendo dirigidos por comerciales que, en el mejor de los casos, cuentan con una diplomatura. Hoy es la fuerza de venta la que marca el paso de la producción y el comercial se ha convertido en el responsable directo del ingeniero. Es él quien le asigna un proyecto, el que gestiona su vida social dentro de la empresa y el que decide cuándo se va de vacaciones”. El problema en este orden es notable, señala Séné, toda vez que el comercial se guía por sus primas de venta, “lo que acaba convirtiendo el objetivo comercial en prioritario y relegando al segundo plano la legalidad social y la buena marcha del proyecto”.
Ellos es fruto, asegura Cebrián, de una transformación general y sustancial en la forma de trabajar. “Ya no se tiene sueldo, sino que se trabaja por proyectos. Si éste tiene beneficios, cobras. Eso ha hecho que se deterioren las relaciones laborales, porque cada cual se busca la vida como puede. Es cada vez más frecuente que cada uno ponga en marcha sus proyectos en el mayor de los secretos, intentando que se entere el menor número de gente posible. Al final, los directivos de esos proyectos se convierten en muchos más perversos que las mismas organizaciones donde trabajan”.
“En la empresa no hay vacas sagradas”
Carlos Monfort explica estos cambios a partir de una época que requiere proyectos rápidos y limitados en el tiempo. “La competitividad entre las empresas es cada vez mayor, necesitan imponerse a sus contrarios y para ello requieren a sus directivos que desarrollen sus productos en tiempo real”. Esta tendencia produce efectos negativos, ya que se potencia una mayor inseguridad, pero también positivos, ya que “si se hace bien la selección logra incorporar sangre nueva que revitaliza la empresa”. Por otra parte, señala Monfort, el despido de directivos da una cierta sensación de equidad a los trabajadores de menor categoría, “ya que traslada el mensaje de que en la empresa no hay vacas sagradas y que no se está sacrificando a unos para salvar a otros con más poder”. Sin embargo, esta situación tiene consecuencias para la calidad de vida del directivo y de su familia, ya que la tensión que genera hace que “la jornada laboral no termine cuando se sale de la oficina. De hecho, no tiene límites, porque establecerlos puede poner el puesto de trabajo en peligro o puede suponer perder la carrera con otra empresa rival. Esto hace cada vez más difícil la conciliación entre vida laboral y familiar. Este ritmo vertiginoso puede ser satisfactorio para algunos y, por el contrario, generar inseguridad en otros, dependiendo de la personalidad del directivo”.
Este tipo de organización laboral es la que hace que Nicholas Séné vea el mundo de los ingenieros que trabajan en los grandes SSII como un vasto laboratorio social, a partir del cual se han inventado nuevas relaciones laborales y nuevas formas de contratación cada vez más adaptadas a este nuevo mundo de los proyectos y más alejadas de ese derecho del trabajo que excluía estas situaciones precarizadas.
Este cúmulo de cambios está produciendo, según Cebrián, un notable descontento entre los directivos que apenas es visualizado. “La empresa no está nada preocupada porque un ejecutivo esté a disgusto. Si ven que no está cómodo, le dicen que se motive o que se marche, porque la bolsa de trabajo está llena de directivos que pueden reemplazarle. Por eso muchos de ellos han optado por emprender, poniendo en marcha sus propias empresas”.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
28 COMENTARIOS
28 .- #27 Por hacer un simil, si vd quiere lubina o rodaballo a siete euros el kilo, se la venderán; pero no pregunte luego si es de aguas libres ni quiera que sepan igual.
Pero como hay que comer, son muchos los comensales y pocos los que pagan caprichos culinarios, pues ya sabe lo que se puede vender y comprar.
Y así, tenemos artilugios electrónicos como si fueran jamones. De bellota, de recebo, cebo, blanco y....chino.
27 .- #26 Dicho de otra manera, se fabrica, produce o da servicio con la calidad que el cliente está dispuesto a pagar.
Pretender dar un diez en calidad en un mercado que solo admite un precio correspondiente a calidad 5, es el mejor camino a la ruina segura.
Bastante hace con no bajar de siete.
26 .- no mandan los comerciales, manda EL MERCADO
los ingenieros deben adaptarse a soluciones que el mercado valore y esté dispuesto a pagar por ellas, si no son tan técnicamente perfectas como las hubiera diseñado el ingeniero no es culpa de los comerciales.
Lo que no se puede es crear algo tan perfecto [y caro] que el mercado no esté dispuesto a pagar por ello y el producto esté fuera de precio
25 .- Precarizando,precarizando llegaremos a la mas absoluta mierda... y entonces, los inteligentes de siempre, se preguntaran ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí y caer tan abajo?. Precarizando tanto se precariza la ética y con ello se conculca la dignidad humana que termina no considerarse para nada y que convierte a la persona en un puto klinex.
El problema no es la títulos que uno tiene, la carrera que uno ha hecho, los idiomas que conoce. Todo eso es accidental.La clave está en la ética y moralidad de las personas. Siempre hay gentes sin escrúpulos, especializadas en explotar, vejar y violar a los demas... sean bachilleres, licenciados,doctores o masters.
Mientras estos bichos sean numerosos y admirados, la explotacion seguirá campando a su placer en el amplio mundo de los mortales licenciados, doctores,masters y plurilingues.
24 .- Viendo los comentarios aprovecho para continuar con la lluvia de ideas: En españa sobra el 85% de directivos. Ni ansiedad ni leches, la mitad tiene unas responsabilidades que directamnte no están definidas y por supuesto no generan ni "pa dios" la mitad de lo que cobran. Más gente que genere valor añadido y menos IE's, IESES, esades y gente elegante que lo gestione.