JUICIOS MEDIÁTICOS: LOS ABOGADOS SE DEFIENDEN

“Más vale un delincuente en la calle que un inocente en la cárcel”

Rocío Wanninkhof, Sandra Palo, Marta del Castillo, Mari Luz… Son nombres que han pasado a la historia como víctimas, rodeadas de una expectación mediática y, muchos de
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“Más vale un delincuente en la calle que un inocente en la cárcel”
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    Rocío Wanninkhof, Sandra Palo, Marta del Castillo, Mari Luz… Son nombres que han pasado a la historia como víctimas, rodeadas de una expectación mediática y, muchos de ellos, de la indignación popular por todo lo que generó el juicio. Pero también hay otros casos que ocuparon la atención de los medios, se condenó a un inocente y, cuando pasado el tiempo se demostró el error, ya era tarde. Y lo que es peor, a la primera víctima se sumó una segunda a la que tampoco nadie pudo resarcir.  

    El día que conocí a Lucas, hace ya unos cuantos años, me extrañó en él un contraste. Su voz era amable, profunda, casi sacerdotal, pero su musculatura era la de un gladiador. Sus biceps estaban a punto de reventar su camiseta blanca, y desde la cintura hasta los hombros su torso se elevaba dibujando una uve rotunda.

    -Estás en forma -le dije.

    -Antes yo no era así -me contestó con su voz sedada-. Estaba más normal. Pero cuando entré allí dentro y vi lo que había, me acojoné. Allí dentro, si no estás en forma

    Comprendí. Llegamos a una plaza muy concurrida. Era verano, quizá las siete de la tarde, y en la ciudad del sur a la que me habían enviado a entrevistar a Lucas las terrazas de los bares estaban a tope.

    -Si quieres nos sentamos y tomamos una cerveza mientras te entrevisto -le dije y aceptó.

    Trajeron las cervezas y encendí la grabadora. Al cabo de un rato, la apagué. Lucas apenas prestaba atención a mis preguntas y contestaba con evasivas tan lacónicas que casi resultaban ofensivas.

    -Si te resulta demasiado doloroso hablar de todo esto, lo dejamos -le ofrecí-. Tu abogado ya me ha contado casi lo fundamental...

    -No, no. Perdona. Es que… ¿sabes? Es la primera vez que me tomo una cerveza en cinco años… Y la primera vez que puedo mirar…

    No dijo a las mujeres, pero es adonde se le iba la vista. Lucas -nombre supuesto por petición de su abogado- acababa de salir de la cárcel pocos días antes tras cumplir cinco años de condena. Había sido acusado de violar y asesinar a un niño en unos lavabos cerca de la tienda que regentaba. Su mujer, aunque ya había rehecho su vida con otro hombre, nunca había dudado de la inocencia de Lucas, y finalmente consiguió pruebas suficientes para que la Justicia revocara una sentencia injusta y lo devolviera a la calle.

    El juicio de Lucas había sido un gran circo mediático, por lo escabroso del asunto. Julio Fernández Arandilla era abogado de oficio cuando asumió la defensa de Lucas. “Es el caso más doloroso que he tenido. En este país, por las buenas, se piensa que cualquiera que sea llamado a presentarse ante un tribunal ya es culpable. Y el circo mediático contribuye a esta indefensión. Yo he asistido a verdaderas injusticias, a resoluciones judiciales descabelladas”.

    Emilia Zaballos también tiene experiencia en juicios mediáticos. Defendió a uno de los menores condenados por el secuestro violación y asesinato de Sandra Palo en 2003 y, el 30 de octubre pasado, estaba en plató junto a Jordi González entrevistando para La Noria (Tele5) a la madre de Francisco Javier García Marín, alias El Cuco, condenado a dos años y once meses por encubrimiento del asesinato de Marta del Castillo.

    Tras aquella emisión, los anunciantes retiraron su publicidad en La Noria, quizá el mayor varapalo asestado al hígado de la televisión basura en España. “El periodista, generalmente, hace bien su trabajo”, señala Zaballos. “Pero lo que más llama la atención al público no son los hechos referentes al juicio, ni las pruebas. Les interesa más cómo el acusado entra y sale de los juzgados, lo que la gente le grita, los comentarios de los vecinos sobre si era violento o huraño o no saludaba en el portal… El juicio paralelo se basa precisamente en estos hechos extrajudiciales. Esa información sensacionalista es la que siempre apunta al acusado como culpable. Aunque no se haya demostrado que lo es”.

    EC.- ¿Puede afectar esta presión mediática y popular a los jueces?

    EZ.- El porcentaje es mínimo. Pero también son personas y están en el centro del foco informativo. La presión mediática puede ser decisiva cuando no existen pruebas concluyentes ni en el sentido de la inocencia ni en el de la culpabilidad. Y ahí el perjudicado siempre es el acusado.

    El exceso de confianza en la Justicia, cuando se ve uno envuelto en este tipo de juicios de gran repercusión social y mediática, puede resultar fatídico. Le ocurrió a Jaime (todos los nombres vuelven a ser falsos), defendido por Zaballos de una falsa acusación de abusos sexuales a una menor. Jaime había iniciado una relación con Lucía, madre de una niña, y empezaron a vivir juntos. Pero él desconocía que Lucía seguía manteniendo relaciones con su ex marido, maltrador convicto. Éste convenció a Lucía de que Jaime estaba abusando de la niña. “Ella se dejó convencer… Padecía esa especie de síndrome de Estocolmo que sufren algunas maltratadas… Y Jaime no se defendió en juicio. Era inocente y pensó que no lo necesitaba. Que la justicia funciona por sí sola. Fue condenado a nueve años de cárcel en base solo al testimonio de los padres y a unas pruebas periciales disparatadas”.

    La familia se movilizó. Zaballos se hizo cargo de la defensa. Incluso la Iglesia llegó a elevar una petición para que se revisara la sentencia. Finalmente el Tribunal Supremo dictó una sentencia contundente desvelando la falsedad de todas las pruebas aportadas y la inocencia de Jaime.

    “La presión mediática fue feroz. A mí me llamaban de todo por la calle… Pero imagina lo que significó para este hombre, para su familia, en su trabajo, en una ciudad pequeña… Se divulga la intimidad del acusado de manera totalmente manipulada… El daño es irreparable. Cuando el Supremo resolvió su inocencia, pedimos a los medios que recogiesen la noticia dándole el mismo trato que cuando lo acusaban. Que se retractaran. Apenas les interesó. Eso no vende”, recuerda Zaballos.

    “El problema es de índole cultural”, puntualiza Julio Fernández Arandilla. “Cuando veo a toda esa gente que se agolpa a las puertas de los juzgados, que golpean los coches policiales, que insultan, que gritan, que desatan los más bajos sentimientos… Eso denota una enorme falta de cultura y no se debería permitir”.

    Para Fernández Arandilla, el juicio contra Dolores Vázquez por el asesinato de Rocío Wanninkhof es paradigmático de cómo puede incidir la presión mediática en una decisión judicial. “No es por apuntarme ahora el tanto, pero en cuanto vi la sentencia contra Dolores Vázquez supe que se la iba a cargar el Supremo. Todo el juicio se basó en las inclinaciones sexuales de la acusada”.

    Además, aquel fue el primer juicio con jurado popular celebrado en España. Y acabó en fiasco. Las preguntas del jurado a la acusada derivaban sistemáticamente hacia aspectos morbosos y tórridos, en absoluto relacionados con el caso, sin que ninguna voz autorizada de la sala pusiera freno a las pertinaces intromisiones malsanas en lo privado. Los periodistas tenían que pelearse con cientos de curiosos que abarrotaban la sala y las puertas de la audiencia. Todos ellos estaban dispuestos a ofrecer su opinión ante las cámaras… Hubo gente que pidió días sin sueldo en el trabajo para no perder detalle.

    “Yo no soy partidario de los jurados populares, pero hay que acatarlo”, señala Arandilla. “La gente se cree que la justicia es lo que están pensando ellos. No distingue lo que sale en la prensa de lo que se refleja en el sumario. El jurado podría ser justo si ya en los colegios, desde que los niños son muy pequeños, se les dieran nociones de lo que es la Justicia”.

    Zaballos está de acuerdo: “Por desgracia, en un porcentaje elevadísimo prevalece en el jurado la influencia de lo que se dice en los medios de comunicación sobre lo que se prueba o no se prueba en la sala”.

    Y apostilla: “Los jueces y los abogados tenemos una frase muy buena: más vale un delincuente en la calle que un inocente en la cárcel. Porque el delincuente reincidirá, volverá, y acabará por ser condenado por las dos cosas. Pero nadie te puede resarcir de los años perdidos de libertad. El día que todos entendamos esto, estoy segura de que seremos más justos”.

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