EL DRAMA DE LOS JÓVENES ESPAÑOLES PARADOS

“En el Inem me recomiendan que quite el Doctorado del CV para ser reponedor”

Son palabras de Jorge Castrillón, historiador del Arte de 34 años que vive en Valladolid. “El técnico de empleo me aconsejó que dejara solo la Licenciatura,
Foto: “En el Inem me recomiendan que quite el Doctorado del CV para ser reponedor”
“En el Inem me recomiendan que quite el Doctorado del CV para ser reponedor”

Son palabras de Jorge Castrillón, historiador del Arte de 34 años que vive en Valladolid. “El técnico de empleo me aconsejó que dejara solo la Licenciatura, porque el Doctorado era un lastre para optar a un puesto en el supermercado”.

Generación perdida o generación precaria, demasiado preparados o pre-parados... El panorama laboral para la juventud española no puede ser más desalentador. Cuanta más formación tienen, menos posibilidades tienen de encontrar un trabajo digno o un trabajo cualquiera.

Según las últimas cifras del Ministerio de Trabajo, en febrero de este año se registraron 68.260 desempleados más que en enero, por lo que el número de personas sin empleo alcanza un total de 4.299.263. El peor dato desde 1997.

Todo es precariedad

Movidos por un profundo malestar y una mayor desazón, los miembros de la Asociación Contrapoder de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), han lanzado un mensaje alto y claro en las redes sociales: “No vas a encontrar trabajo fijo en la puta vida. Sin curro, sin casa, sin pensión: no hay futuro para la generación precaria”.

Pablo Rufilanchas, licenciado en Derecho, ironiza con el eslogan: “A este paso sería mejor poner una coma antes y después de fijo”. A Jorge Castrillón el anuncio le recuerda al de "No vas a tener casa en la puta vida". Por eso le gustaría algo menos evidente como “estos cabrones se han quedado con tu curre y el de otros cien mil, porque esto ya lo sé. Decidme ahora qué hago”.

Ven el futuro negro porque consideran que se lo están robando. Para los jóvenes, la temporalidad en el trabajo, las prácticas no remuneradas, las pensiones mínimas no contributivas, las sucesivas reformas laborales y la falta de acceso a una vivienda digna, es precariedad.

Según Héctor Meleiro, estudiante de 2º curso de ciencias Políticas y miembro del colectivo Contrapoder UCM, el mensaje que han pensado “va dirigido a toda una generación que todavía no se ha dado cuenta de que las reformas del mercado laboral y de las pensiones son un ataque, un recorte de derechos para toda la población, en general, pero para nuestra generación, en particular. Vamos a ser la primera generación que viva peor que nuestros padres, y todo por pagar los costes de una crisis con la que no hemos tenido nada que ver”.

En su opinión, la lectura pesimista que se extrae del eslogan se debe a que “en otros países de Europa, los jóvenes que se están dando cuenta de cómo precarizan sus vidas, se levantan mediante la lucha política para que se les oiga”. En este sentido, Meleiro lamenta que “en España la generación del Gran Hermano y de Operación Triunfo siga sin creer que ellos pueden hacer algo”.

'Borreguismo sindicalista'

Para José Luis Moro Valentín-Gamazo, de la agencia de publicidad Remo, poner sólo un grito de protesta en letras grandes es un enorme desperdicio. “Cuando un colectivo que tiene toda la razón en lo que reclama, se limita a protestar sin más, está perdiendo una gran oportunidad: la de atacar a los culpables de esa situación injustificable con inteligencia, con ironía, haciendo que esos responsables se pongan colorados de vergüenza. Pero esto no va a ningún sitio. No aporta nada nuevo e invita al simple borreguismo sindicalista”.

Pablo Gómez Perpinyá, estudiante de 21 años de Derecho y ciencias Políticas, discrepa. “Creo que el eslogan es duro, pero real. Somos una generación a la que se le ha hecho creer que nuestras vidas iban a ser mucho mejores que las de nuestros padres y no es así. Nosotros demandamos políticas contra la precariedad porque es un fenómeno que afecta especialmente a los jóvenes”. Y enuncia así sus peticiones: exigir protección a las instituciones, más derechos para los jóvenes y los trabajadores y menos privilegios para los poderosos.

Algunos miembros de esa generación sí están advertidos. Según Carlos Castán Andolz, escritor y profesor de filosofía de alumnos de 2º de Bachiller, “los jóvenes tienen asumido que van a ser la primera generación de la Historia de la Humanidad que va a vivir peor de lo que lo hicieron sus padres. Y eso les desanima, cómo no”. Duda de la conveniencia de un eslogan como el de Contrapoder porque por un lado contribuye a ese desánimo, pero por otro “puede servir como acicate, a modo de zarandeo o de provocativa colleja: que despierten, que hagan algo, que busquen alternativas o que salgan a la calle a tirar piedras”.

Ni un solo año cotizado

Jorge Castrillón relata que su reinserción en el mercado laboral español, después de haber pasado más de diez años en el extranjero, da para escribir un libro (de terror): “Desde los 23 años he salido fuera y he vivido en Italia, en Holanda, en Inglaterra y en Guatemala. En todos esos sitios he no-currado: becas, prácticas, pasantías, etcétera”. Su primera experiencia laboral con responsabilidad fue dirigiendo el Centro Cultural de España en Guatemala. “Después de 36 meses cobrando la mitad que mis compañeros, no tengo ni uno cotizado, estoy sin derecho a paro y ni siquiera puedo optar a la ayuda del inmigrante retornado”, critica.

La clave, para algunos, es no quedarse de brazos cruzados e intentar revertir el proceso. Por eso, Castrillón se ha hecho socio de la organización de Justicia Económica Global ATTAC, ha cofundado una asociación de activismo cultural en Valladolid y piensa abrir un hotelito-restaurante en el pacífico nicaragüense en los próximos doce meses.

La madrileña Ana Flórez, 35 años, se siente afortunada a pesar de todo. Vive en Nueva York después de un exilio voluntario alrededor del mundo. Posee una larga lista de estudios: Licenciatura en periodismo, máster en Relaciones Internacionales y Postgrado en Información Internacional y Países del Sur, ambos en la UCM. Actualmente trabaja en la academia Berlitz en atención al cliente con un sueldo fijo a fin de mes. “Pero los últimos ocho meses he estado tirando de lo que sacaba con trabajillos editoriales y de mis santos padres”.

Flórez opina que el actual Gobierno lo ha hecho muy mal... Aunque, “ojo, el anterior dejó bien plantaditas y abonadas las semillas del desastre”.

Aspecto de la entrada a una oficina de empleo (EFE)

Cuando irse es la mejor opción

La trayectoria de Beatriz Luján, licenciada en ciencias de la Comunicación y experta en Realización y Producción de 34 años, también ha sido bastante dispar. “Después de trabajar en una tienda de productos ecológicos, telemarketing... pasé a hacer meritoriajes en cine (con 27 años) por unos 1.000 euros en las mejores películas, trabajando casi 12 horas diarias incluidos los sábados media jornada”.

En la actualidad, Luján trabaja como auxiliar de Decoración en una serie de máxima audiencia en televisión. “El sueldo no es muy superior al de una cajera del Mercadona, lo cual no es muy alentador, pero al menos es sueldo fijo durante 8 meses al año. Trabajamos 10 horas al día y por lo menos libramos los sábados”. Comparte piso por 800 euros. Vivir sola es algo que no puede permitirse.

Pero no se muestra pesimista. “Creo que hay muchas cosas que cambiar y regularizar en el tema de los contratos basura. La gente joven tiene un talento especial y una creatividad que no se tiene cuando tienes más años. Es muy importante para las empresas dejarse asesorar por las mentes más frescas y llenas de ideas”.

Coincide con ella Lucía Fernández, (Zamora, 1985). “Hay que solucionar muchas cosas y pongo en ello toda mi intención y muchas ganas. Aunque, por supuesto, en muchas ocasiones pienso hasta qué punto yo, como persona individual y sin ser política ni empresaria, puedo mejorar las cosas”.

Lucía es una de las muchas jóvenes que optaron por salir de España en busca de mejores oportunidades. Ahora cursa un máster de Periodismo Europeo en Bruselas, Bélgica. El alquiler lo pagan sus padres y ella se financia sus gastos cuidando de un niño por las tardes. En Madrid trabajó con un contrato basura. 800 euros por muchas horas diarias.

Reinventarse o caer en el INEM

Es de Madrid, pero vive en Santiago de Chile. Alicia Simmross, 33 años, es la fundadora de una web independiente dedicada a la edición: www.ababa.cl. Licenciada en Historia Contemporánea y magister en Antropología de América, ha perdido la cuenta de los contratos basura que ha firmado. Actualmente tiene uno de tres meses que finaliza en breve sin saber aún si se renovará. Cobra menos que hace cinco años. Como el resto de sus compañeros, Alicia sobrevive con algunos ahorros y "un poco de piedad y bondad paterna". Esta joven nunca se ha planteado volver a España, "porque las expectativas están peor que aquí".

Álex Vicente Berrondo, licenciado en Humanidades y Comunicación por la Universidad de Deusto y máster en Periodismo Multimedia, tiene 27 años pero ha vuelto a los 20 en el sentido menos lúdico de la regresión. “Estoy parado y sin ingresos. Así que vivo con mis padres y pidiendo para salir a tomar algo con mis amigos. He regresado a los 20 después de haber vivido en Madrid, Bilbao y Gijón gracias a lo que cobraba de mi trabajo, desempleo y prácticas”, lamenta. Se muestra escéptico respecto al mercado laboral y al sector periodístico, aunque no piensa en negativo. “La negatividad en este momento no es buena”, dice.

Muchos jóvenes se han visto obligados a reinventarse. Un ejemplo es el de Iván Castell, (Zaragoza, 1977). Es licenciado en económicas por la Universidad de Lovaina (Bélgica), máster en Economía Europea y Postgrado en Lenguaje y Técnica de Video y TV, pero trabaja en algo relacionado con esta última formación. Responsable del Departamento Audiovisual de una empresa de producción audiovisual. “Nunca había trabajado en nada relacionado con mis estudios y no tenia expectativas de que eso fuese a cambiar. Llevaba varios años haciendo temas audiovisuales por mi cuenta y así encontré mi nuevo trabajo”.

Castell critica que en España no se valore en absoluto la formación ni los idiomas. “Al no valorarse, no se remunera convenientemente y es algo muy arraigado en nuestra cultura. En general se pide una amplia experiencia siendo joven, con conocimientos muy superiores al puesto a desempeñar y por una remuneración muy baja, con lo que seguiremos siendo un país de segunda”, comenta.

¿Habrá llegado el momento de versionar de nuevo el No future que cantaban con profusión los Sex Pistols? porque si no hay futuro, al menos, que viva el rock and roll...

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