LAS EMPRESAS RASTREAN EN LA RED PARA INVESTIGAR A SUS EMPLEADOS

“¿Despedirme por subir ese comentario? No te preocupes, mi jefe nunca entra en Facebook”

Dawnmarie Souza, una trabajadora del servicio de ambulancias de Connecticut, fue despedida por utilizar Facebook para solventar cuentas pendientes con su supervisor. A raíz de una
Foto: “¿Despedirme por subir ese comentario? No te preocupes, mi jefe nunca entra en Facebook”
“¿Despedirme por subir ese comentario? No te preocupes, mi jefe nunca entra en Facebook”

Dawnmarie Souza, una trabajadora del servicio de ambulancias de Connecticut, fue despedida por utilizar Facebook para solventar cuentas pendientes con su supervisor. A raíz de una disputa surgida por una queja de un cliente, Dawnmarie colgó comentarios hirientes que ridiculizaban a su jefe, al tiempo que manifestaba su sorpresa por que la compañía permitiese “ser supervisor a alguien con problemas psiquiátricos”. También fue despedido Matt Nicholls, ex reportero del diario australiano Glenn Innes Examiner, tras escribir en Facebook, después de la muerte de un policía, que "no hay nada mejor que una muerte para aumentar la tirada". Igual suerte corrió el estadounidense Kevin Colvin, quien tras excusar su ausencia del trabajo afirmando que la había surgido una emergencia familiar, se fue de fiesta y colgó las fotos en la red.

Son buenos ejemplos, asegura Enrique Dans, Profesor de Sistemas de Información en IE Business School de que estamos ante instrumentos complejos que todavía  no sabemos manejar correctamente. “Si miras en las opciones de privacidad del Facebook te encuentras con seis páginas de preguntas que el ciudadano medio no termina de entender muy bien. De hecho, el 70% de los usuarios no modifica nunca esas opciones. Y algunas de ellas, como la cláusula que viene por defecto, la de aceptar a los amigos de tus amigos, son una auténtica bomba”. Como consecuencia de este desconocimiento, tendemos a pensar que lo que colgamos no tendrá repercusión más allá de un ámbito muy limitado, y eso no es cierto. “Un amigo estaba criticando recientemente a su jefe en Facebook. Le dije que tuviera cuidado y me contestó que no había problema, que su  jefe era de esas personas que no entraría nunca en Facebook. Y quizá sea cierto, pero sí puede acabar enterándose a través de un amigo de un amigo de un amigo…”

Pero esa es una lección que, a la vista de los hechos, no hemos asimilado del todo. Y si parece muy evidente que las redes sociales no pertenecen al ámbito privado y que colgar algo en Facebook no es lo mismo que tener una conversación con un amigo en un cuarto con las puertas cerradas, no lo es tanto en la práctica. Como asegura Teresa Vigón, directora de consultoría Futuver,  “es sorprendente cómo existen personas que no son capaces de interactuar con sus compañeros o con los clientes pero que manifiestan luego sus sentimientos en las redes sociales sin pudor alguno. Hay gente que no es capaz de preguntar nada a quien tiene al lado, pero que cuando se sienta ante la pantalla puede escribir de todo. Y lo llamativo es que actúan como si eso no fuera a salir del ámbito privado”.

Sabedoras de que esos impulsos imprudentes hacen frecuente acto de presencia en las redes sociales, las compañías suelen recurrir a ellas como fuente de información acerca de sus empleados. Según Vigón, estamos ante una tendencia que se incrementará en el futuro cercano, ya que “las redes sociales son un buen elemento para monitorear el estado de ánimo de un equipo, especialmente en las pequeñas empresas, donde el elemento personal tiene más importancia. Si estoy en México y veo por algún comentario en Facebook que alguien de mi equipo está cabizbajo o desmotivado, inmediatamente me pongo en contacto con él e intento ayudarle”.

Sin embargo, esta utilización de la red con fines de vigilancia no sólo tiene una finalidad positiva, ya que el pasado curso el 10% de las empresas estadounidenses de más de 1.000 empleados impuso sanciones disciplinarias a sus trabajadores por usar de forma indebida Facebook. Es decir, también se trata de un mecanismo privilegiado para anticipar  o identificar problemas en la empresa que en frecuentes ocasiones terminan resolviéndose con despidos.

Barridos en la Red para investigar a sus futuros empleados

Ese uso preventivo de las redes sociales empieza, no obstante, desde la misma contratación. Como asegura Ion Fernando Antolín, director de comunicación 2.0 de la Universidad Camilo José Cela, “desde hace tiempo se ha puesto de moda entre los responsables de recursos humanos realizar barridos, sobre todos con búsquedas en Google, para investigar a los que podrían ser sus futuros empleados. Están en su derecho. Los trabajadores deben ser conscientes de que lo que comparten de forma pública en la red queda para siempre, y puede ser leído por cualquiera. Otra cosa es que utilicen técnicas que impliquen el engaño o el atajo para poder acceder al perfil en una red social de un empleado (o futuro empleado), cuando éste tiene activados recursos para proteger su privacidad y mantenerla en el ámbito personal”.

En todo caso, lo privado tiene cada vez mayor importancia en el empleo. El mejor ejemplo aparece en el momento de la contratación, cuando las empresas quieren saber cómo son en realidad los candidatos y buscan datos diferentes de los que aparecen en un currículum que no deja de contener un perfil construido para la ocasión. La  información que encuentran en las redes sociales, al ser un ámbito de aparente semiprivacidad, les ofrece una imagen del aspirante mucho más espontánea y verdadera. Como asegura Vigón, “cuando buscamos candidatos, miramos en las redes porque nos gusta saber qué amigos tiene,  cuáles son sus aficiones y si tiene comportamientos inadecuados. Si aparecen fotos de borrachera o haciendo top less en la playa, por citar algún ejemplo, el candidato nos convence bastante menos que si tiene colgadas fotos de un buen viaje o de una visita a un museo prestigioso”.

La otra gran cuestión es si las redes resultan fiables y si los datos que aparecen en ellas pueden fijar un retrato real de nuestra personalidad. Para Dans, no hay duda: “Existe una correlación clara entre quienes tienen muchos contactos en la red y una vida muy activa fuera de ella. Es muy raro que alguien sea un eremita, que no ve a nadie, y luego tenga 5000 amigos. Se ha derivado hacia la red social parte de esa vida personal y profesional que antes se hacía mediante contacto directo, pero eso no quiere decir que una cosa sustituya a la otra”. Vigón, sin embargo, no está tan segura de que la imagen de una persona que nos ofrece los espacios virtuales se corresponda con la realidad. “Es posible que figuras en este entorno, como Barrabés, lleguen a tener 2000 amigos. Y habrá políticos que añadan a todos los que se lo pidan para decir que tienen muchos seguidores. Pero salvo casos de ese estilo, cuando alguien tiene muchos contactos, tiendo a desconfiar”.

Mejor no estar que estar mal

En todo caso, y en lo que se refiere a la vida laboral, y por más inconvenientes que procuren, las redes sociales son ya un lugar que no puede evitarse. Según Dans, “hay headhunters que limitan su búsqueda a esos espacios, de modo que si un directivo no está en Linkedin deja de interesarles”. Y probablemente eso sea un error, asegura Dans, “en la medida en que hay personas de gran valía que no están en ellas”, pero lo cierto es que se ha generalizado una percepción según la cual no estar presente en las redes sociales es sinónimo de haberse quedado desfasado. Para Antolín, no utilizar la vía virtual implica, sobre todo, “desaprovechar grandes oportunidades ya que la red nos puede ayudar, a través de diferentes servicios, a encontrar empleo o a presentar una identidad digital”. Por eso, entiende que “renegar de tener presencia en las redes sociales ya no está de moda”.

Según Vigón, no obstante, es mejor no estar que estar mal. “Desde el punto de vista del empresario, es bueno que tu futuro empleado cuente con un perfil en Facebook o en Linkedin y que tenga actividad en las redes. Pero si la información que cuelga  es poco adecuada, la presencia en las redes se volverá en su contra”. De todos modos, avisa Vigón, la información que se obtiene de esas fuentes “constituye un elemento más de valoración, pero no suele ser  concluyente. Es un factor más y no el esencial”.

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