URBANISMO, PESTICIDAS, DESECACIÓN DE MARISMAS…

El ocaso de Doñana

En Ágata ojo de gato José Manuel Caballero Bonald dibuja en la primera página de la obra un mapa de su territorio de ficción de las
Foto: El ocaso de Doñana
El ocaso de Doñana

En Ágata ojo de gato José Manuel Caballero Bonald dibuja en la primera página de la obra un mapa de su territorio de ficción de las marismas. Su Ítaca. Su paraíso. La novela, escrita en 1974, encierra un submundo de personajes y localizaciones inmersos en un territorio privilegiado. Único. El parque nacional más protegido de España. Uno de los humedales más grandes de Europa. Un Espacio natural de 108.502 hectáreas. “El Coto de Doñana siempre ha estado acosado por toda clase de peligros, que reaparecen de cuando en cuando”, contesta Caballero Bonald a El Confidencial por correo electrónico.

El escritor jerezano, que pasa cada vez más largas temporadas en Sanlúcar de Barrameda, frente al Coto, aunque su residencia oficial está en Madrid, enumera el aumento del índice de peligrosidad de Doñana. “El aprovechamiento indiscriminado de los acuíferos, la desecación de las marismas, las trampas del tendido eléctrico, el asfaltado de algún camino, los pesticidas arrastrados por los caños desde los arrozales, la descabellada expansión urbanística, sobre todo esa agresión escandalosa de Matalascañas, las ponzoñas vomitadas por una balsa de la mina de Aznalcóllar”.

Uno de los mayores problemas al que se enfrenta el ecosistema de Doñana es la proliferación de construcciones ilegales en el entorno de la marisma. Desde hace siete años se ha ‘disparado’ el cultivo intensivo bajo plástico provocando la destrucción de los hábitats y el caos agrícola. Una reciente sentencia de la Audiencia de Huelva por el caso de la finca del Avispero sienta un “precedente”, según Juan Carlos del Olmo, secretario general de la organización ecologista WWF. A partir de ahora los que cambien su finca pueden “acabar pagando con la cárcel”.

Esta sentencia condena a tres empresarios a casi cinco años de prisión por un delito contra la ordenación del territorio y a pagar una indemnización superior a los 587.000 euros a la Junta de Andalucía. En Doñana ya se han contabilizado 600 hectáreas transformadas ilegalmente a cultivos de regadío después del Plan de Ordenación del Territorio del Ámbito de Doñana (POTAD), aprobado en 2003. Ya hay 2.100 hectáreas de cultivos en monte público y 1.000 pozos ilegales.

Aguas de Ibuprofeno

La contaminación en el Coto alcanza ya puntos inimaginables. Al norte de El Rocío y en las marismas de Aznalcollar existen acuíferos sobreexplotados. En Bollullos y Almonte la depuración de aguas es muy deficiente y se produce “una grave contaminación”, denuncia Ecologistas en Acción.

Hay  más. Las aguas del Parque Nacional de Doñana contienen restos de 16 compuestos farmacológicos, según revela una investigación de la Universidad de Sevilla que se publicará en noviembre en Journal of Hazardous Materials. Cinco antiinflamatorios, dos antibióticos, dos reguladores lipídicos, un antiepiléptico, un betabloqueante y cuatro hormonas. Este estudio confirma que la concentración de 14 de ellos supera los 26,8 microgramos por cada litro de agua. Cada año se vierten 140 kilos de antiinflamatorio ibuprofeno a los afluentes de Doñana. Sundei, en su Twitter del 28 de septiembre, se lo tomaba con humor irónico: “Doñana estará contaminado, pero ¡no tiene dolor de cabeza!”

Furtivos contra los linces

La zona alberga la mayor concentración de linces ibéricos de la Península. Pero los cazadores furtivos van a por ellos. A lo Clint Eastwood. Sin perdón. En Doñana hay entre 50 y 60 de estos mamíferos. “Faltan conejos; un lince necesita comer un conejo al día”, explica Juanjo Carmona, de WFF en Doñana. Los atropellos también suponen el 80% de las muertes no naturales de los linces. Y una amplia mayoría también mueren tiroteados. Fue el caso de Esponja, una hembra de lince de dos años y medio que recibió el impacto de 12 proyectiles en sus órganos vitales el pasado 18 de septiembre.

“La tierra es totalmente llana y hay vehículos que circulan a 160 kilómetros por hora en caminos limitados a una velocidad de 40”, denuncia Carmona. No son datos inflados. Lo refrenda un estudio de la Junta de Andalucía de 2005 que certificó estas velocidades más próximas a la Fórmula 1 que a caminos agrícolas forestales asfaltados de Villamanrique, Hinojos o Arrayán.

La cría en cautividad también parece ser la panacea. Agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) investigan la muerte de cinco ejemplares de lince ibérico y la infección de otros 22 por Enfermedad Renal Crónica (ERC). El 50% es población adulta, 31 ejemplares están afectados y diez se encuentran en fase terminal.

Un millón de habitantes en un radio de 100 kilómetros

La presión demográfica es feroz. Doñana, en la provincia de Huelva, y limítrofe con Sevilla y Cádiz, está rodeada de una población de más de un millón de habitantes en un radio de menos de 100 kilómetros. La urbanización de Matalascaña construida en los setenta (cuarenta kilómetros de sus playas están incluidos en el Parque Natural de Doñana) fue, según los ecologistas, el principio del deterioro. ¿El más reciente? El proyecto de carretera, vía playa, entre Sanlúcar a Matalascañas destinada a uso hotelero. Crearía una línea de autobuses que podría transportar a 250 turistas al día. “Esta carretera provocará la extinción de las vivificantes dunas móviles; es uno de los disparates más llamativos”, remarca Caballero Bonald.

“Los espacios literales son muy frágiles y convertirlos en un uso privado tendría graves consecuencias. Sería abrir una brecha y crear un precedente que justificaría luego cualquier otra barbaridad”, denuncia a este diario Juan Romero, portavoz de Ecologistas en Acción en Huelva. Para este proyecto la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía prevé, a través del plan Iniciativa de Turismo Sostenible de la Comarca de Doñana, una inversión de 22 millones de euros que también incluiría rutas a caballo.

La circunvalación de la aldea de El Rocío (municipio de Almonte), ya en marcha, también linda con el espacio protegido. La opción de esta infraestructura viaria pasaba por alejarla lo más posible del núcleo urbano. “Así lo acercan al entorno natural, paralelo al vallado del Parque Natural”, se lamenta Carmona.

El mayor santuario de aves de Europa, con más de 360 especies residentes y migratorias, también sufre una caída en el número de visitantes. El parque nacional de Doñana contabilizó el año pasado 288.897 visitas, 61.108 menos que en 2009, un descenso del 17,45%. Es la cifra más baja de visitantes que registra este espacio protegido desde 1996. Doñana ha bajado hasta la décima posición entre los catorce parques nacionales españoles.

Otoño, la mejor época para visitar el Parque

El problema radica en que Doñana es un territorio muy ligado al agua y que la mejor época para visitar el espacio, precisamente a partir de ahora cuando empiezan las lluvias (entre octubre y diciembre de 2009 se registraron medio millón de aves) no coincide con las vacaciones de escolares, los visitantes ideales para Doñana. En verano muchas rutas son secarrales, conseguir un rastro de lince resulta especialmente complicado y los mosquitos incordian.

Aunque también hay turistas que se lo pasan en grande montados en los 4x4. Fue el caso del hispanista estadounidense Mark Aldrich. “¡Qué bien lo pasamos en los todoterreno esos que hay, volando por la playa. Turismo salvaje y oficial”, cuenta en Facebook. A Esther Luque también le llama la atención la escasa visibilidad de los linces. “Te venden el lince por donde quieras que vas y después no los ves. La población no debe ser muy grande”. Más suerte tuvo en el todoterreno. Logró ver un escarabajo pelotero caminando por las dunas

El ecologista Juanjo Carmona ofrece su visión turística del espacio: “Hay zonas del Parque que pueden recibir sin problemas hasta 30.000 visitantes al día, pero otra sólo 40 o 50. Todo eso hay que regularlo muy bien. Lo que tampoco se ha hecho todavía es un estudio serio que analice los beneficios que genera el espacio, la rentabilidad de la agricultura, el impacto de la Romería del Rocío…”.

Otra amenaza palpable es el oleoducto previsto entre Badajoz y Huelva que supondría, según WFF, “la presencia continua e indefinida de 150 petroleros al año en la costas de Doñana” y el dragado del Guadalquivir para aumentar el calado de los barcos que acceden desde el espacio natural al Puerto de Sevilla.

La Junta y el deslinde de la Costa

Caballero Bonald espera que la situación sea reversible. “Hay que confiar en que el último deslinde emanado de la actual Ley de Costas supondrá al menos, en medio de tantos equívocos planes de sostenibilidad, un buen sistema de protección de la integridad ecológica de Doñana”. En Ecologistas en Acción no lo tienen tan claro. “El deslinde  habría que haberlo hecho hace 20 años y con otros criterios”, señala Juan Romero.

La Junta de Andalucía, que logró en 2006 las transferencias del Parque Nacional, muestra su disconformidad con el deslinde costero planteado por el Ministerio de Medio Ambiente y anuncia que recurrirá a los tribunales por la declaración como dominio público marítimo-terrestre de unas 9.200 hectáreas del Parque.

Ecologistas en Acción respalda al Gobierno Central y para ello recurren al informe del catedrático de la Universidad de Granada Miguel Ángel Losada, base del estudio del deslinde que plantea el Ministerio. En el documento, fechado el 9 de noviembre de 2008, se defiende que el dominio público de la costa de Doñana debe “abarcar todas las zonas dunares y no solo el primer cordón de arena próximo a la playa”.

Entre protección y progreso, Doñana se enfrenta a un desafío constante de biodiversidad que alberga 12 clases de anfibios, 19 de reptiles y 20 de peces. Y con especies amenazadas como el águila imperial. Ese territorio de leyenda que marca la vida de investigadores como Miguel Debiles de Castro, hijo del novelista Miguel Delibes, ex director de la Estación Biológica de Doñana, el mayor experto mundial en lince ibérico o de escritores como Caballero Bonald…

En el prólogo de la edición de Ágata ojo de gato de la colección Las 100 mejores novelas en castellano del siglo XX que editó El Mundo, Antonio Soler plasmó la visión de la obra que inmortalizó el escenario marismeño: “No era el escritor quien iba a esas marismas, no era él quien se paseaba por ese espacio geográfico, sino que las marismas y el paisaje se paseaban por el interior de Caballero Bonald”. Ahora esas marismas, aquel paisaje paradisiaco, sufre un ocaso aún remediable.

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