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OPINIÓN
SIN ENMIENDA ,  Juan Carlos Escudier

Rato domicilia su nómina en Caja Madrid

BIOGRAFÍA

Dice Ambrose Bierce que el reportero es un escritor que, con suposiciones, se abre camino hasta la verdad para dilapidarla seguidamente con una tempestad de palabras. Dilapidando verdades y palabras llevo más de 20 años. Nací en Diario 16; crecí en El Mundo y me licencié en este Confidencial. He sido corresponsal político de 20 Minutos en este siglo XXI adC (antes de la crisis). Comparto este Sin Enmienda con una columna diaria en Público. Si conocen un trabajo respetable, háganmelo saber.

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Juan Carlos Escudier - 30/01/2010

Cuando abandonó precipitadamente Washington dando un portazo al FMI las opiniones estaban divididas. Por un lado, estaban quienes creían que Rodrigo Rato volvía para salvar al PP de Rajoy, a quien ya en 2007 se creía más acabado que Karina; en el otro, se encontraban los que pensaban que el hombre al que Aznar impidió ser candidato a la presidencia del Gobierno regresaba, al margen de sus circunstancias familiares, para forrarse honradamente. Los primeros se desengañaron rápidamente. Sólo con un partido postrado de hinojos y por aclamación, el hijo pródigo habría considerado ser el salvador del PP. Pero lo que estaba claro es que don Rodrigo no estaba allí para dar batallas, ni mucho menos para redactar programas económicos, ir de segundo en unas listas electorales o hacer la pelota al registrador de la propiedad.

Todo apuntaba, por tanto, hacia la segunda opción, que no sólo era muy respetable sino también tremendamente lucrativa. Como no podía ser de otra forma para alguien que ha sido vicepresidente económico y casi un jefe de Estado, que es el rango que tiene el cargo de director gerente del Fondo, las ofertas no tardaron en llegar. Y si un día era el banco de inversiones Lazard el que le acogía en su seno, al otro era Botín o la Caixa los que le incluían en su nómina de asesores, que por dinero no iba a ser. No obstante, siendo bonitos los trajes, el terno se le quedaba pequeño a un tipo con tan buena percha.

La oportunidad estaba por llegar y se llamaba Caja Madrid, entidad para la que la presidenta de la Comunidad tenía sus propios planes, que consistían básicamente en restar poder a Gallardón y sentar al frente a una persona de su confianza. La relación de Esperanza Aguirre con Rato venía siendo inmejorable, hasta el punto de que buena parte del círculo más próximo al ex vicepresidente había encontrado refugio y soldada en la Comunidad de Madrid cuando su jefe se había lanzado a hacer las Américas. En correspondencia a tanto detalle, Rato había colaborado en 2008 con la campaña del PP de Madrid de forma inusual: había estado con Aguirre en la pegada de carteles, la acompañó a visitar un colegio bilingüe en Vallecas y acudió con ella a la presentación del ideario económico del partido ante dos centenares de empresarios. Por entonces, Rajoy se quejaba de que Rato no se le ponía al teléfono.

Enfrentamiento de Aguirre con Gallardón

Consumada la derrota electoral del PP y apaciguados los ánimos tras el Congreso de Valencia, en el que Aguirre renunció a enfrentarse a Rajoy, se abría el frente de Caja Madrid, después de que la presidenta regional quisiera asegurarse la designación del presidente incluyendo en la ley de acompañamiento a los Presupuestos de 2009 varias modificaciones de la Ley de Cajas. Lógicamente, la jugada alarmó a Miguel Blesa, que uno le toma aprecio al sillón después de doce años dándole forma. Recurrió a su primo de Zumosol, esto es, a Aznar, que con las mismas telefoneó a Aguirre para preguntarle si tenía alguna razón para mandar al INEM a su protegido. Pronto habría alguna razón y una nueva llamada.

Para entonces, ya Rato había movido ficha y se había ofrecido a Aguirre con la mejor de sus sonrisas. Empezaba un vodevil que dejaría en muy mal lugar a todos sus protagonistas menos al propio Rato, siempre en segundo plano, con esa elegante discreción de los que pasan por la vida como señores muy principales. Es una actitud que ha de aprenderse de pequeño para resultar creíble: no es que a don Rodrigo le fueran a hacer un favor colocándole al mando de la cuarta institución financiera del país y enchufándole en vena tres millones de euros al año; es que era él quien les hacía el favor de poner sus apellidos en las tarjetas de visita al lado del oso.

El hecho es que Rajoy no tardó en ser informado de la disposición del ex vicepresidente de boca de la propia Esperanza Aguirre, que le juzgaba idóneo, oportuno y supercalifragilístico. Pero debió de ser uno de esos días en los que el gallego está más gallego de lo normal porque, al parecer, la lideresa salió del despacho de Génova con el convencimiento de que la elección de Rato no causaba ningún entusiasmo a juzgar por su clamoroso silencio.

Entre tanto, Blesa ya había dado motivos para que Aguirre le pusiera la proa, si el apoyo que le dispensaba Gallardón no constituía en sí mismo un motivo bastante. No sólo había iniciado a toda prisa el proceso electoral en la caja para hacer inaplicable la nueva normativa de la Comunidad sino que había decidido reducir de 18 a 15 las entidades representativas de la órbita del PP, léase de Esperanza, lo que hubiera significado la pérdida de uno de sus representantes en el consejo de administración. Si el mantra que se repite en el PP es cierto, la presidenta de Madrid llamó a Blesa para recordarle que a ambos les había colocado el partido, con la diferencia de que a ella la habían refrendado los ciudadanos, pese a lo cual sólo cobraba 100.000 euros al año frente a los tres kilitos que se levantaba el pobre Miguel. Aznar ya tenía el motivo por el que preguntaba cuando descolgó el teléfono por segunda vez para respaldar a su patrocinado.

Las hostilidades se desataron mientras Rajoy, que tuvo meses muy gallego, guardaba silencio. No le arrancó ningún compromiso Rato, que se fue a verle para ver si encargaba ya las tarjetas de visita. Pero tampoco obtuvo de él ningún rechazo la mano derecha de Aguirre, Ignacio González, que se veía tan capacitado como el que más para elevar sus ingresos anuales. El vicepresidente de Madrid estuvo un par de veces en Génova para asegurarse que Rajoy no le guardaba rencor por su beligerancia en el proceso congresual y para presentar sus credenciales. Y después de conseguir un acuerdo de reparto del poder con el PSOE y los sindicatos, hasta se fue a ver a Gallardón para pedirle que se sumara al consenso.

Rajoy rompió su silencio allá por octubre del pasado año. Fue cuando le dijo a Aguirre con bastante laconismo que proponía a Rato, como quien descubre un nuevo continente en medio del océano. La de Madrid le recordó que se trataba del mismo Rato a quien ella había propuesto medio año antes y pidió algo de tiempo para dar a su segundo una salida honorable. Cuentan que Rajoy dio hasta ideas: “Pues búscale otra empresa de la comunidad”. Nótese bien en qué consiste realmente la despolitización de las Cajas que todos los políticos reclaman.

Gallardón tuvo conocimiento del encuentro porque Rajoy es más silencioso que discreto. Rajoy y Aguirre habían acordado escenificar su pacto a finales de ese mismo mes, justo cuando estalló una bomba atómica en las páginas del diario El País: El vicealcalde, Manuel Cobo, ponía a escurrir a la presidenta y sentenciaba que lo que su entorno estaba haciendo con Rato era de vómito. Y Aguirre se plantó: no tenía nada que hablar sobre la Caja si antes no se valoraba disciplinariamente las declaraciones de Cobo. El resto, con el expediente y la reciente propuesta de sanción de un año de suspensión de militancia, es sobradamente conocido.

 Charco tras charco, Rato había conseguido llegar a la meta sin ninguna salpicadura en el pantalón. Apoyado por el PP y por el Gobierno, puso a trabajar su sonrisa para cerrar los pactos de poder con las distintas fuerzas de la entidad. “Ha habido más ruido del deseable”, aseguró Blesa en su despedida del sillón de piel que tantas alegrías le proporcionó. No lo diría por don Rodrigo, que fue proclamado presidente este jueves sin ningún voto en contra. ¿Verdad que le sienta bien el cargo? Estaba hecho para él.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 11 COMENTARIOS

11 .- Es que ¡¡¡CajaMadrid bien vale una NOMINA!!!, o dos. Que tambien se lo pregunten a EsPPP, Pizarro, Nacho Gonzalez, Rajoy...

alejo9

10 .- Puff un columnista de Publico, que pereza me da leerte tio.

algorero

9 .- #3

De verdad ha sido Vd capaz de crear esa supuesta conversación ?. Cuanto tiempo le ha dedicado a ella ?.
Amigo mio que forma tan inmensa de perder el tiempo y de hacer el indio.
Vd viva en un mundo color rojo, gobernado por el rojo de Zapatero y con las cuentas en numeros rojos. Es lo suyo. Bye Bye

PSGGA

8 .- Da gusto leer éstos artículos tan documentados y tan instructivos, vaya por delate mi en hora buena. Pues bien. Creo que la politización de las CCAA, es un mal que hay que corregir. Prestan un gran servicio como refugio de políticos, [unos mas brillantes y otro menos], están al dictado del partido político que ostenta el poder en la asamblea y ésto creo que no es bueno, Se ha adulterado el fin social que su día propició su fundación. Las cajas de Ahorros debería ser privatizadas ya que cumplen la misma función que un banco [Excepto la obra social], que ésta obra también va pareja con la afinidad al poder político que dirige la entidad. Pues eso, creo que es hora de liberalizar las CCAA.

Maestrat

7 .- Cabe plantear que determino el que Aznar eligiera como sucesor a Rajoy y prescindiera de Rato.En una primera aproximacion a la cuestion debemos señalar frente a la solidez de la formacion de Rajoy y de su probada austeridad e innegable honradez asi como su eficacia como ministro,la frivolidad funcional de Rato,entrenado en la enajenacion del familiar negocio de la radio-difusion [radio Rato] y que ejercito en la liquidacion del petrimonio publico del estado,enajenando las empresas publicas a precios asequibles,con los que freno el deficit del Estado al tiempo que dejo sin cobertura a la hacienda publica Española.Tampoco debemos olvidar que la huida de Rato de su puesto en el Fondo,solo se explica por su terror a las criticas que su gestion estaba padeciendo.

zaloolmos

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